Entre Rosas y Sueños Capítulo 22 #2
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Capítulo 22 #2

Cuando salí, Dorian estaba en la terraza fumando. Esta vez no apartó la mirada de los canales hasta que le hablé.

—¿Cómo te puede gustar eso? —No lo había probado ni pensaba hacerlo, tan solo el olor me repugnaba.

Su mirada pasó lentamente por la habitación hasta que toda su fuerza cayó sobre mí. Examinó la seda blanca hasta subir a mis labios. Inconscientemente, me mordí el interior del labio mientras él le daba una calada al cigarrillo. Cuando sus ojos se encontraron con los míos, expulsó el humo.

Se encogió de hombros mirando de nuevo hacia el canal. Aún no había sido capaz de dar un paso más en la habitación, me quedé paralizada viendo su perfil recortado por la oscuridad que se había adueñado por completo del exterior.

—Cada uno tiene sus vicios.

—Eso dilo solo por ti —me costó mantener la voz firme. Aún sentía el peso de su mirada sobre mí, a pesar de que estaba perdida en la noche.

—Cómo no, la chica perfecta siendo… demasiado perfecta —volvía su tono burlesco, que tanto me ponía de los nervios.

—Parece que te has informado bien sobre mi.

Si quería jugar, yo también podía hacerlo. Estaba dejando que me intimidara y estaba segura de que era consciente de ello.

Yo no estaba de acuerdo con esa reputación, pero supongo que era de lo que se hablaba tanto dentro como fuera de La Élite, aunque desde dentro mi reputación parecía estar cayendo y no sabía cómo sentirme al respecto.

En parte era un alivio dejar de estar en un pedestal y que me usaran como la imagen de todo, pero me daba miedo a dónde estaba yendo esta situación.

—Yo he hecho mis deberes —contestó—, tal vez tú también deberías haberlos hecho. Si los hubieses hecho, no creo que estuvieses tan tranquila aquí conmigo.

La afirmación y su sonrisa torcida enviaron un escalofrío a lo largo de mi espalda, pero era la pequeña arruga que acompañaba sus labios la que me hacía incapaz de apartar la mirada de ella.

Hasta que se borró por unos labios tensos que me hicieron volver a sus ojos oscuros.

Me tragué el suspiro que se quedó atascado en mi garganta antes de recordar lo último que dijo.

—¿Y por qué no me lo dices tú? —No podía ser tan malo y la verdad, por más inquietante que me pareciese, quería saberlo, quería escucharlo de él porque sabía lo que se transformaban las historias cuando llegaban de otras personas.

Se giró completamente hacia mí, clavando su mirada oscura en la mía.

—Las malas lenguas dicen que estuve a punto de matar a mi hermano mayor —tragué saliva.

No fui capaz de apartarle la mirada por la presión que sentía de la suya, tampoco quería dejarle ver que me intimidaba de alguna forma, pues esas palabras no eran para nada las que esperaba salir de su boca.

—Las malas lenguas dicen que me divertía destripando los secretos de La Élite, entrando en sus cabezas.

—Las malas lenguas dicen muchas cosas, y no tienen por qué ser ciertas —contesté, porque lo sabía de primera mano. —¿Tú estás de acuerdo con lo que dicen sobre ti?

—Puede que en parte —dijo apagando el cigarro y levantándose de nuevo para entrar a la habitación. —¿Estás segura de querer seguir compartiendo espacio conmigo? —preguntó con una ceja enarcada.

¿Y si todo era cierto e iba a compartir cama con una persona que intentó matar a su hermano?

Seguía sin ver maldad en él a pesar de lo intimidada que me sentía en ese momento.

Aun así, había más incógnitas en mi cabeza y, como sabía que la primera no la iba a responder, decidí probar suerte con otra.

—No tienes un solo Don. —No era una pregunta, pues él mismo había dicho que podía sacar información de las personas con su Don, pero también era capaz de meterse en los sueños de la gente.

—Supongo, digamos que coexisten varios Dones en mí. —Era la primera persona que sabía que tenía más de un Don, y por lo general eso no era un regalo de los Dioses.

Muchos Dioses que nos concedieron nuestros Dones tenían más de un poder, pero nos cedieron uno solo, por lo general el más útil para nosotros.

Tener más de uno podía llegar a ser peligroso para su portador.

Podía corromperte y controlarte, ser un peligro para ti mismo y los demás miembros de La Élite.

Había otra cosa que indicaba por qué podría haber sucedido eso, era el segundo hijo.

Por norma general, La Élite no tiene más de un hijo, y es que cuando los fundadores hicieron el pacto, los Dioses, a cambio de otorgarles Dones, maldecían a las familias.

Si tenían más de un hijo, o morían jóvenes de forma inexplicable o el poder los corrompía por dentro.

Y conociendo esto, no sabía cuánto podía confiar en Dorian, a pesar de tener esa sensación de que a su lado estaba segura.

Una sensación que con Fiero nunca logré tener.

Él se tumbó tranquilo a un lado de la cama, pero yo no era capaz de tumbarme aún, así que hice como que estaba mirando algo en el móvil.

—¿Te quedas más tranquila si duermo en el suelo? —Su pregunta me pilló por sorpresa.

—¿Dormirías en el suelo? —pregunté incrédula.

—Preferiría no hacerlo —pero su mirada me aseguraba que lo haría si fuera necesario.

Estaba intranquila por lo que me había contado, porque pudiese usar su Don para sacarme información o manipular de alguna forma como hizo Fiero.

—Vamos a hacer un pacto —las palabras salieron de mi boca más rápido de lo que pude procesar lo que estaba proponiendo.

Dorian levantó la ceja.

—¿Necesitas hacer un pacto para confiar en mí? —No me había hecho falta explicarle el porqué del pacto, parecía leerme como un libro abierto.

—Como bien ya sabes, la persona con la que me iba a casar me manipuló para estar con él. ¿Qué te hace pensar que me podía fiar de ti tan fácil?

—El vínculo que sé que tú también sientes entre los dos.

Sentí que el mundo se me vino encima. Mis labios entreabiertos por la sorpresa se cerraron de golpe mientras procesaba lo que había dicho.

—¿Qué vínculo? —Mi voz ya no sonaba segura. Pero necesitaba saber qué era lo que él sabía y yo no.

—No sé qué es, pero sé que hay algo que nos une. Yo no puedo entrar en los sueños de todo el mundo, Alessandra. Solo en los tuyos. Y sé que hay cosas que siento que tú también sientes.

Esa afirmación hizo que todo se fragmentara.

Quería pensar que la intriga que me generaba este chico solo era por los sueños.

Que esa sensación de irrealidad, esas chispas que saltaban en mi interior cuando me miraba, eran solo por haber descubierto que era real.

Pero saber que él también lo sentía, que había algo que nos unía, confirmaba algo que no estaba preparada para afrontar.