Entre Rosas y Sueños Capítulo 20
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Capítulo 20

A la mañana siguiente no fue tan fácil levantarme.

Me quedé en la cama más de lo normal evitando tener que enfrentarme a mi padre después de lo ocurrido el día de ayer, pero no lo podía atrasar demasiado.

Así que diez minutos después me puse la ropa de montar para despejarme un rato antes de ir a hablar con él.

Me dirigí a los establos que estaban en el jardín trasero.

Las mañanas aún eran frías, pero en casi un mes la primavera volvería de nuevo a traer su calidez y sus colores vibrantes a la vida.

Me encantaba ver las estaciones pasar, vivirlas todas y cada una de ellas con la intensidad que había en mi interior gracias a mi Don, pero este año, más que ningún otro, estaba deseando que llegase lo antes posible. Mi cuerpo la reclamaba.

Me paré frente a Fresa, que relinchó en cuanto me vio.

No me podía arrepentir más de haberle puesto ese nombre de pequeña.

Mi padre debía de haber intentado insistir más en ponerle otro, pero la yegua ya se había acostumbrado y ya era demasiado tarde para hacer un cambio.

La Alessandra de nueve años pensó que era un nombre genial.

Acaricié el pelaje del holsteiner blanco a modo de saludo. Estar con ella me traía tranquilidad. Tenía un carácter dócil y muy curioso. Mientras la preparaba para salir, le hablaba, de alguna forma siempre parecía estar atenta, como si entendiese todo lo que le decía.

—Espero que la charla con papá vaya bien —le dije antes de acariciarla una última vez para montarla—. Si se cierra, todo se va a volver demasiado difícil.

Estuvimos casi media hora galopando por los alrededores de la casa, era una sensación de libertad y euforia increíble, pero que desaparecía tan rápido como volvía a casa.

No me molesté en ir a desayunar primero, quería asegurarme de que mi padre seguía en casa y no se había escabullido, y por suerte su voz cansada me respondió a través de las puertas de madera.

Cuando entré, se fijó en la ropa de montar que aún no me había quitado.

Me conocía demasiado bien como para saber que si había ido a montar ahora era porque algo me preocupaba, pero fue el suspiro que salió entre sus labios lo que me confirmó que efectivamente se dio cuenta.

—Estoy bien, hija —dijo en cuanto di un paso dentro del despacho.

Enarqué una ceja y me senté frente a él. Pero no encontraba las palabras adecuadas para comenzar a hablar.

—Nada está bien —fue lo que finalmente salió de mis labios y mi padre me miró sorprendido. Por primera vez fui sincera, creo que era importante que ambos lo fuésemos.

—Siento lo que pasó ayer. No debí dar paso a ello, pero me vi sobrepasado.

Y lo seguía estando. Sus ojeras estaban más marcadas que nunca y su pelo desordenado. No me sorprendería si no se había molestado ni en peinarse esta mañana, lo cual sería extraño teniendo en cuenta que el perfeccionismo lo había heredado de él.

—Papá, tenemos que hacer algo. No puedes dejarlo pasar como si nada. Seguro que de alguna forma encontrarán más de donde tirar y volver contra nosotros.

—Es absurdo tratar de negarlo, Alessandra, si has visto las fotos, sabes que no es posible.

Christie y yo queremos ponernos de acuerdo para ver qué hacemos con vosotros —aún seguían pensando en Fiero y en mí, ahora más que nunca podíamos ser importantes en que esto no se fuese de las manos—.

Pero necesito saber tu opinión, qué es lo que tú quieres de verdad.

No tomaré una decisión sin contar contigo.

—Si es necesario que Fiero y yo sigamos juntos, seguiremos juntos.

Me daba igual tener que seguir aguantando esto si significaba que podíamos lograr que todo a nuestro alrededor se calmase.

Mi padre negó.

—No creo que sea una buena opción —se calló entrecruzando sus manos en su barbilla. Sabía que estaba buscando las palabras para algo que no me iba a gustar escuchar—. La Élite nos tiene en el punto de mira, Alessandra. Todo lo que está ocurriendo no son coincidencias. No es por nuestra fama.

—Es por la profecía —terminé por él.

—Eso me temo —se notaba que no estaba cómodo contándome esto, ¿pero de qué servía seguir ocultándolo?—. No cuentan conmigo para hablar del tema. Al parecer, a Christie, a tu tío y a mí nos tienen vetados desde que no hicimos caso la primera vez y han decidido tomar sus propias medidas.

>> No es nada confirmado, son solo suposiciones, pero tampoco puedo meter un detective. Es peligroso si logra enterarse de los Dones. Lo mejor es que todo esto siga entre nosotros.

—¿Entonces? —pregunté confusa—. ¿Qué podemos hacer?

—Déjame hablar con Christie y con tu tío antes de tomar una decisión, pero contéstame una cosa. ¿Tú quieres seguir con Fiero?

Me debatí contarle la verdad, lo que había hecho, pero las palabras no querían salir. Tal vez aún no era tan valiente como para afrontar una nueva realidad.

—Es complicado —fue lo único que fui capaz de decir.

Mi padre parecía decepcionado, pero aun así asintió dejándolo pasar. ¿Esperaba que le dijese que no para poder estar con Christie? Tal vez era la mejor opción. Ellos sí tenían sentimientos el uno por el otro, merecían tener una oportunidad después de todo.

—Papá— las palabras sonaban forzadas—. Si Fiero y yo lo tenemos que dejar, no me importa.

Y eso fue lo más cerca de la verdad que pude decir.

✦

No fue fácil desconectar el día de hoy. Por suerte, hoy Fiero tenía partido y no me agobiaba con mensajes ni insistiendo en vernos, pero sin duda necesitaba compañía si no quería acabar ahogándome mientras esperaba noticias.

Por más que lo intentara, mi mente se ponía en la peor situación posible, y no podía parar de pensar que me quedaría atrapada en una relación como la de mi padre, y creo que preferiría morir a estar en una relación sin amor para el resto de mi vida.

Así que tenía que hacer algo, todo esto tenía que cambiar, pero me asustaba que Fiero usara su Don de nuevo y volver a quedarme atrapada en él.

—Tienes que contarle a tu padre lo que pasó —dijo Giu cuando le puse al corriente de la situación—. Estoy segura de que tu padre sabrá qué hacer.

—El Don de Fiero no lo puede romper otra persona —aunque las palabras no sonaron muy seguras.

—Pero aun así despertaste de él.

Esos ojos negros volvieron a aparecer en mi mente. Era demasiada coincidencia, y esa sensación que parecía tirar de mí inevitablemente hacia él tenía que tener un sentido.

—Igualmente, si ocurriera de nuevo y tu padre tiene conocimiento de ello, Christie sí que te podría ayudar —añadió Giu.

Un suspiro se escapó de entre mis labios.

—Es un poco el miedo de que su madre se entere de lo que ha hecho lo que me frena a contarlo.

—Alessandra —me miraba seria, a través de esos grandes ojos cafés— han sido sus propios actos los que le van a hacer verse mal. No tus palabras. Ha sido él mismo el que ha decidido manchar su imagen.

Tenía razón, y lo merecía por lo que había hecho.

Pero no era capaz de decirlo abiertamente, si fuese capaz de odiarle un poco, lo suficiente para gritar a los cuatro vientos lo que me había hecho, sería mucho más sencillo.

Pero una parte de mí no quería ser consciente de que Fiero, el mismo chico que llevaba acompañándome toda mi vida, mi mejor amigo, había sido capaz de hacerme eso.

Podríamos haber tenido mil problemas antes, pero nunca imaginé que podía llegar a este punto.

Y dolía, dolía como mil espinas clavadas en mi corazón.

—Háblalo con tu padre, sé sincera con él. Puedes aguantar si quieres tu relación con Fiero unas semanas más para asegurarte de que se calme y no haya ningún problema más. Pero no lo merece, Aless.

Fue lo último que hablamos del tema porque finalmente cedí y acepté serle sincera a mi padre. Había que ponerle punto y final por más miedo que tuviera.

Giu me estuvo haciendo compañía hasta que fue la hora de la comida.

Ella había quedado con sus amigos, pero insistió en que si en algún momento la necesitaba, no dudase en llamarla.

Mi prima era así con todo el mundo, un rayo de sol que siempre aparecía tras una tormenta.

Siempre estaba cuando alguien la necesitaba, y aunque yo he sido toda mi vida muy privada con mis problemas, siempre trataba de asegurarse de que, si en algún momento quería hablar, ella estaba ahí.

Siempre lo estaba. Y ahora más que nunca me daba cuenta de lo poco que había estado yo para ella.

Por más que nos parecíamos físicamente, en cuanto a personalidad éramos casi polos opuestos, y lo que a mi prima le salía natural era algo de lo que yo carecía por completo.

También mi poco trato con otras personas de mi edad influía en las relaciones cercanas que tenía, o tal vez nunca supe ser una buena amiga y por ello siempre acababa sola.

Fuera lo que fuera, sería algo en lo que tendría que trabajar mucho si de verdad quería un cambio en mi vida.

Y empezaría con Giu, tratando de devolverle todo lo que ella me había dado con su apoyo todos estos años.

Cuando Giu se fue, cogí una libreta y comencé a escribir cómo me sentía.

No era algo que me habituaba a hacer, pero cuando terminé con las lágrimas empañando mi vista, me di cuenta de que era liberador, pero de poco servía cuando muchas de esas cosas no dependían completamente de mí, y me hacía consciente del poco control que tuve siempre sobre mi vida.

✦

Cuando mi padre volvió por la tarde, vino directo a hablar conmigo. Su rostro seguía mostrando el mismo cansancio que esta mañana. Si yo me encontraba agobiada con todo lo que estaba ocurriendo, no me quería imaginar cómo estaba él.

—Ya he estado hablando con Christie —se sentó a los pies de mi cama mientras yo seguía en el escritorio—. Al parecer, Fiero está bastante cabreado. No ha querido hablar mucho con su madre, pero solo quiere que esto no salpique a vuestra relación.

—¿Qué le dijo ella? —No me estaba gustando cómo había empezado esta conversación.

—Que depende de lo que queráis vosotros.

Obviamente, no iba a ser tan sencillo. Sabía que Fiero se iba a aferrar a mí todo lo que pudiera.

Cogí aire antes de hablar.

—Antes te oculté algo —no dijo nada, esperando a que continuara, pero su ceño se frunció más—. Fiero usó su Don para que siguiese con él.

Sus ojos se cerraron y cogió una bocanada antes de apretar la mandíbula y soltar de nuevo el aire. Cuando abrió los ojos, el cansancio ya no estaba en su mirada.

—¿Cuándo ocurrió eso? —sus palabras ya no eran tan suaves y cuidadosas.

—Creo que el último día que me llevó a cenar.

—¿Y cómo te has despertado de…? —no terminó la pregunta. Se veía tan confuso como yo cuando me di cuenta de lo que ocurrió.

—No lo sé —negué—, pero fue en la Mascherata.

—Entonces, tal vez el cuarzo se rompió con un sentido. Pero no puede llegar a La Élite lo que te hizo Fiero.

Ambos estábamos en una posición muy delicada.

No me podía imaginar qué pasaría si se enteraban de lo que hizo Fiero.

Usar tu Don contra otra persona de La Élite llevaba graves consecuencias, y teniendo en cuenta lo mucho que nos querían fuera de ella…

No quería ni pensar qué serían capaces de hacer.

—Me lo debiste decir antes, hija, hubiese terminado el compromiso antes.

Negué.

—No quiero romper el compromiso aún.

Mi padre parecía confuso.

—Sabes que le tengo mucho cariño a Fiero, pero ese chico ha demostrado no ser bueno para ti, Alessandra. Lo que ha hecho es imperdonable.

—Él no sabe que he despertado del Don, papá. Quiero aguantar dos semanas más. Asegurarme de que todo a nuestro alrededor se calme antes de romper con él. Si lo hago ahora, tal vez vuelva a usarlo contra mí.

—Alessandra, Christie te puede ayudar si eso sucede de nuevo. Pero es algo que no pasará otra vez cuando su madre se entere.

Negué de nuevo.

—No se lo digas aún, papá confía en mí de verdad.

—Dos semanas, nada más y nada menos.

—Un mes —tanteé, pero mi padre no parecía convencido.

—Hija, los demás miembros de La Élite no están de acuerdo con vuestra relación y ahora tienen un motivo desde lo que pasó en la Mascherata. No podemos llegar al baile de primavera y que sigáis juntos. Es peligroso.

—Solo deja que las cosas se calmen un poco, quiero que todo acabe lo mejor posible.

Me mordí el labio tan fuerte por dentro que temí hacerme sangre, pero por suerte mi padre asintió aunque sabía que no estaba muy de acuerdo. Aún quedaba mucho que arreglar, pero si lograba que Fiero y yo no acabáramos odiándonos, lo vería como una victoria.

Cuando mi padre se fue, seguí investigando para la campaña de perfume. Si cuando se la enseñase me daba el visto bueno, ya tendríamos gran parte de la campaña lista. Así que me centré completamente en ello hasta la hora de la cena.

Pero en cuanto puse un pie en las escaleras, me di cuenta de que en la casa no había la tranquilidad que creía.

Cuanto más me acercaba a la cocina, más claros eran los gritos.

—No deberías de estar siquiera en esta casa, es una vergüenza. —La voz de mi madre llena de veneno me hizo replantearme si darme la vuelta antes de entrar.

—Ya hemos hablado esto más de una vez, Emilia. Tú tienes otro sitio adonde ir, y esta casa me pertenece —no me podía creer que mi madre estuviese intentando echar a papá.

—Puedes irte con esa zorra. —Las palabras de mi madre hacia Christie me dejaron petrificada.

—Emilia, no vamos a discutir por esto una vez más. Si tú quieres quedarte en esta casa, quédate en el dormitorio principal y yo me quedaré en otro.

Mi madre se rio.

—Lo que tienes que hacer es desaparecer de esta casa. Tú has sido el desleal.

No podía seguir escuchando esto. Entré para interrumpir sin saber muy bien qué decir.

Pero en cuanto puse la vista en mi padre, ya estaba con la vista fija en mí, negando.

—No es el mejor momento para interrumpir, hija. —Mi padre estaba tenso y atormentado.

Sabía que se lo había buscado él solito, pero mi madre tampoco era una santa.

—Tú —enseguida la voz de mi madre cambió de dirección—. ¡Todo es tu culpa!

Las palabras me llegaron como una bofetada.

—Todo hubiese sido mejor si no hubieras nacido —si iba a hacer algo, ya se me había olvidado, porque esas palabras me confirmaron todo lo que siempre pensé—. Siempre siendo el foco —dijo con amargura—, por más que intentes ser perfecta, nunca lo serás. Te olvidarán, estarás destinada al fracaso.

—¡Suficiente! —gritó mi padre—. Esa no es forma de hablar a nuestra hija Emilia.

Nunca había visto a mi padre tan enfadado. Nunca lo había visto interrumpir una discusión de esa forma. Si las miradas matasen, mi madre ya hubiese desaparecido de este mundo, porque nunca vi a nadie mirar a alguien con tanto odio.

Las palabras de mi madre seguían resonando en mi mente, pero mi padre le dijo algo que hizo que se fuera. Tan solo el portazo que provenía de la entrada fue lo que me sacó de la burbuja de caos en la que se sumió mi mente.