Entre Rosas y Sueños Capítulo 17
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Capítulo 17

No era capaz de ver un futuro en medio de este caos.

Ahora más que nunca mi familia y la de Fiero necesitaban mostrarse unidas, y teniendo en cuenta todo lo que estaba ocurriendo, la única forma era a través de nuestra relación, lo cual era contraproducente.

Aún no se había tomado una decisión en cuanto a nuestra relación.

Solo que siguiéramos juntos, pasara lo que pasara.

No encontraba sentido, teniendo en cuenta que era la principal razón por la que teníamos problemas.

Sobre todo cuando los portadores de La Élite pensaban que habíamos hecho enfadar a los Dioses, y lo ocurrido con el cuarzo era un aviso, pero ante la sociedad que tanto nos admiraba teníamos que fingir que no había pasado nada.

Al parecer realmente el cuarzo explotó, pues no se encontró ninguna evidencia de lo contrario, así que la noticia se extendió rápido.

Los susurros y miradas se intensificaron esta última semana en la escuela, pero esperaba que los hijos de los portadores no conocieran lo que significaba que el cuarzo hubiera explotado.

Más allá de que nuestra relación no estuviese destinada, que no supieran que mi mera existencia junto a la de Fiero era una amenaza para La Élite.

Mientras caminábamos por los pasillos, Fiero hizo amago de coger mi mano, pero la aparté con rapidez. Habíamos llegado al acuerdo de que, a pesar de mantenernos unidos, intentaríamos pasar desapercibidos.

—Lo siento— musitó.

Negué, tratando de quitarle importancia.

Me estaba costando permanecer a su lado estos días.

Desde que lo que me hizo con su Don se desvaneció, me pasaba el día en alerta, intentando no revelar que ya no estaba bajo su poder para evitar que volviese a ocurrir, pero era más difícil de lo que pensaba.

Tan solo quería llegar a casa y encerrarme para poder estar tranquila, pero como aún me quedaba casi toda la mañana, planeé pasar el recreo en la biblioteca.

Fiero nunca venía conmigo, aprovechaba para pasar el recreo con sus amigos, así que era la excusa perfecta para escabullirme.

Así que cuando tocó el timbre, salí de clase y logré serenarme en el momento que abrí la puerta de la biblioteca pequeña, donde solía refugiarme.

Sabía que aquí nadie me molestaría. Estaría sola junto a los cientos de libros que estaban distribuidos por las cinco estanterías de madera.

Pero ese día la biblioteca no estaba vacía.

Mirando en uno de los estantes, estaba ese chico de ojos oscuros que me acechaba en los sueños. Su pelo escondía parte de su rostro, pero sabía que no me equivocaba. Era imposible equivocarme porque algo de él me hacía imposible apartar la mirada.

Su vista pasó del libro que tenía enfrente a mí, y sus labios se estiraron hacia un lado. Sabía que no me iba a hacer nada, pero el hecho de que solo estuviéramos él y yo en la sala aceleraba mi pulso.

—Las noticias se extienden rápido. Una lástima que vuestra historia haya acabado así —su voz sarcástica me dejaba bien claro que no sentía pena alguna.

¿De qué estaba hablando? ¿De verdad creía la gente que Fiero y yo lo dejaríamos por lo del cuarzo?

—¿Tuviste que ver algo con eso? —me sorprendí preguntándole.

—Pensé que confiabas en que no lo hice —hablaba italiano a la perfección. Era hijo de los Vinci, siempre habían vivido en Italia, pero tenía un acento que no lograba distinguir

—No te conozco, no puedo confiar en alguien que no sé quién es siquiera.

—¿Seguro que no me conoces? —sus cejas se elevaron provocativas. Pero no era su rostro y sus ojos oscuros los que me dejaron sin aliento, sino lo que estaba dando a entender, aun así, no iba a caer en su juego.

—Creo que no sabes con quién estás hablando —necesitaba que él cayese, que confesara que se metía en mis sueños y que no me estaba volviendo loca.

—Creo que te conozco más de lo que piensas, Alessandra. —Su sonrisa y mi nombre en su boca enviaron un cosquilleo a mi cuerpo, pero esa afirmación cayó sobre mí como un rayo.

—Lo dudo —no me iba a dejar intimidar por él.

Negó, haciendo que su pelo se moviese de un lado a otro.

—Yo de ti tendría cuidado en quién confías a partir de ahora.

Y se fue. Dejándome sola, y justo llevaba el libro sobre Dolce Vanna que estaba buscando.

Me quedé plantada en el sitio. Y cuando me giré para pedirle el libro o ver si lo dejaría pronto, ya no estaba en la sala. Antes de poder dar un paso hacia la puerta, Giu apareció por ella.

Siendo una de las personas que menos me esperaba ver entrar aquí. Mi prima sin duda no era de las que frecuentaba mucho la biblioteca.

—¿Era Dorian el que acababa de salir? —Se quedó plantada frente a la puerta, exactamente igual a como estaba yo, pero negó antes de volver a hablar.— No te vi con Fiero y me había extrañado. El caso es que lo he visto con Agatha.

—¿Con Agatha? ¿No estaba con sus amigos?

Giu asintió.

—Sí, pero ella apareció poco después. Estaba con nosotras, pero dijo que iba a algún sitio y cuando la vi más tarde estaba con ellos. Después de lo que ocurrió con el cuarzo, todo el mundo está rumoreando que lo dejaréis pronto. Ella parece creerlo.

—Cualquiera diría que es tu amiga —aunque una parte de mí, una egoísta, le molestaba que Fiero aceptase esa cercanía de ella, y más teniendo en cuenta que para él seguíamos juntos.

—Le aprecio mucho, pero no me gusta ese comportamiento suyo, me incomoda bastante. Ella ya lo sabe.

—Eres la mejor —y es que realmente adoraba estas cosas de ella, daba igual lo mucho que quisiera a alguien que si veía algo que no le gustaba de esa persona, se lo decía.

Aunque nunca la había visto tener problemas con alguien—, pero como tú misma dijiste, vamos a ver hasta dónde es capaz de llegar, hasta dónde son capaces de llegar ambos.

—No sé, Alessandra, tal vez no ha sido nuestra mejor decisión. No confío mucho en lo que pueda hacer Fiero ya, y aunque tengas claro que no quieres nada con él, no creo que todo desaparezca de la noche a la mañana, han sido muchos años…

Pero ella no sabía que este sentimiento de rechazo que sentía hacia él no había nacido de la noche a la mañana.

—Giu, tú tranquila, lo tengo todo controlado. No voy a recaer, te lo prometo, y si lo hiciera, sé que estás a mi lado para que me des el golpe de realidad que me haga falta.

—Pero si vuelve a intentar controlarte, yo no puedo hacer nada para ayudarte —sus labios se arrugaron en un pequeño puchero.

No la estaba poniendo en una situación fácil. Lo sabía.

—No creo que lo haga. No debería darse cuenta de que ya no estoy bajo su poder. Fiero es demasiado descuidado para percatarse de ello —siempre lo había sido y, por una vez, eso jugaba a mi favor.

—Me fiaré de ti. —Su mirada reprochaba mi elección, pero no trató de discutir conmigo.

De alguna forma nos intercambiamos los papeles. Ella se convirtió en la prima que intentaba mantener los pies en la tierra, y yo, en la que decidía seguir planes cuya probabilidad de acabar mal era bastante grande.

Sin hacer caso a Giu, acepté quedar con Fiero esta tarde.

Si quería que siguiera pensando que aún estaba bajo su Don, no podía estar constantemente evadiendo.

Además, tenía que ponerlo a prueba y tantear hasta dónde era capaz de llegar sin que él sospechara nada.

Así que cuando regresé a casa, informé a mi padre que Fiero vendría en unas horas.

Su mirada me confirmó que no estaba nada conforme.

—Alessandra, no creo que sea bueno que Fiero y tú os sigáis viendo tan a menudo.

Daros un tiempo —me sorprendieron sus palabras teniendo en cuenta que no había aceptado el hecho de dejarlo directamente—.

Te estoy dando la libertad de elegir porque confío en ti, pero si estás haciendo esto por Fiero, hablaré con él si es necesario.

Antes de que pudiera abrir la boca para responder, se adelantó mi madre.

—Massimo, estás siendo muy catastrófico. Fiero es un buen chico, ya lo conocemos, por una buena decisión que está tomando nuestra hija, no hagas que se eche atrás.

Realmente me salvó de tener que responder. Aún no sabía cómo abordar el tema y tan solo de pensarlo se me revolvía el estómago.

—Si en algún momento cambio de opinión, lo sabrás. —Me limité a decir.

Mi padre no parecía muy satisfecho con mi respuesta, y mi madre tampoco se mostraba complacida, pero era todo lo que era capaz de decir.

Me había replanteado contarle a mi padre lo que Fiero había hecho, por qué estaba actuando así, pero sabía que su reacción no iba a ser buena y, a pesar de lo sucedido, me daba miedo lo que podía pasar con Fiero.

Así que me mantuve en silencio y, como siempre, lo poco que compartiría sería con Giu.

Aunque ella tampoco estuviese contenta con mi decisión.

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A media tarde, Fiero me puso un mensaje diciendo que al final no podría venir. Su entreno se había alargado y terminaría demasiado tarde, aun así, me prometió llamarme cuando terminara.

Suspiré aliviada al leerlo.

Tal vez debería olvidarme de intentar ver hasta qué punto podía confiar en Fiero y simplemente aceptar la realidad que se estaba arremolinando frente a mí por poco que me gustase. Todo se había torcido demasiado rápido.

Hace unos meses ni siquiera tenía dudas respecto a nuestra relación. Tal vez distaba de ser perfecta, pero ninguna lo era, así que no era algo que me preocupara.

Tampoco se sabía nada de la existencia de la profecía. ¿Cuántas cosas había que no sabíamos? ¿Tan poco sabíamos sobre nuestra historia que no se conocía algo tan importante?

Aun con esas preguntas rondándome la cabeza, me preparé un baño de hierbas antes de que mi móvil sonara.

Dejé que se oyeran unos cuantos tonos antes de cogerlo.

—Alessandra, perdón por llamar tan tarde. Acabamos de terminar —dijo en cuanto descolgué.

—No pasa nada. —Eran ya las nueve de la noche, normalmente no se quedaban hasta tan tarde, incluso había pensado que se le había olvidado llamarme. —¿Cómo ha ido?

—Bien —pero no parecía muy convencido—, ha sido un entrenamiento duro. No creo que tarde en acostarme.

—Descansa entonces.

¿Por qué sonaba tan desesperado por cortar la llamada como yo?

—Por cierto, Aless, me he enterado de que Dorian está rondando la escuela últimamente. No sé qué querrá, pero ten cuidado con él. No me fío nada de ese chico.

¿Qué tenía ese chico que le daba tanta desconfianza? Era cierto que no se parecía en nada a los chicos que habían crecido en La Élite, pero no parecía un mal chico a pesar de su actitud arrogante.

—La tendré —contesté para que se quedara tranquilo.

Sueños o no, no pensaba acercarme a él. Demasiado desorden había ya en mi vida y ese chico parecía significar más complicaciones.

Así que lo quería lejos.

Bien lejos.