Entre Rosas y Sueños Capítulo 16
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Capítulo 16

(D)

Llevaba meses, meses esperando que llegase este momento.

Sabía que no estaba soñando. No recordaba haberme quedado dormido. Pero ahí estaba, igual de perfecta que en los sueños, a pesar de estar de la mano de ese estúpido de ojos verdes.

Había escuchado mucho hablar sobre ella, y la había reconocido en cuanto los focos la iluminaron.

Daba igual que llevase una máscara que ocultase la mitad de su rostro, daba igual que no me mirase con esos grandes ojos color café.

Sus ojos estaban centrados en otros. Y si no lo hubiera visto en sus sueños, podía creer que le quería, que realmente estaban enamorados, pero eso estaba muy lejos de la realidad.

Aun así, mi corazón cayó a mis pies como un plomo.

Era como si un nublo se hubiese instalado en mi cabeza.

No la conocía, no tenía sentido sentirme así.

Sin embargo, la conocía más que el chico con el que estaba anunciando su compromiso.

Era la imagen de la perfección, y a pesar de ser todo lo opuesto a ella, teníamos algo en común, algo más del dolor que tratábamos de esconder, pero aún no sabía qué era eso que de alguna manera nos unía a través de los sueños.

En cuanto terminó su numerito y nos pudimos sentar a comer, me tomé la copa del brindis que habían hecho por ellos del tirón, llevándome un codazo por ello.

—Dorian, compórtate. —Mi madre parecía vigilar cada cosa que hacía, necesitaba que llegara la hora de que se fueran. Si no era suficiente tortura estar aquí, lo único que me faltaba era tener a mis padres respirándome detrás de la nuca.

—Recuerda que tienes que bailar al menos dos canciones con Chiara, y tienes que estar en plenas facultades —añadió mi padre.

No sé cómo habían engañado a los padres de esa chica para que su hija estuviera conmigo.

A mí no me quedaba otra opción que acceder si quería seguir teniendo un techo donde vivir e ir ahorrando para marcharme, ¿pero ella?

Realmente me daba pena, solo había estado con ella unos meses.

Era una chica agradable, no iba a negar que me atraía, pero merecía alguien que de verdad sintiera algo por ella y ese no era yo.

Mi mente tan solo pensaba en la chica que estaba a un par de mesas lejos de mí, encorsetada en un vestido violeta que la hacía irresistible a la vista, o tal vez eso era lo que ella causaba, atraía miradas allá donde estuviera.

Para evitar problemas hice caso a mis padres. No porque quisiera, sino porque sabía que si no me controlaba, algo se iba a salir de las manos esta noche. Yo tenía un plan que seguir para sobrevivir este año, y si mi Don se descontrolaba, si me iba de la lengua, echaría todo a perder.

La cena duró una hora y media, que pareció extenderse milenios hasta que por fin mis padres desaparecieron, pero no me libraba del todo de ellos, pues mi hermano mayor sería sus ojos mientras ellos no estaban.

—Diviértete, pero ya sabes, ten cuidado —dijo antes de desaparecer en busca de su pareja de baile con sus cuadrados hombros, haciendo paso cuidadosamente entre la gente.

Me giré en busca de la mía y la encontré no muy lejos de la pista de baile. Llevaba un vestido azul noche con pequeñas piedras que brillaban bajo la luz. Estaba viendo cómo los protagonistas de esa noche abrían el baile.

Preferiría evitar ver eso. Ver cómo jugaban a ser la pareja perfecta cuando todo lo que les rodeaba era falso.

—¡Dorian! —Chiara se lanzó a darme un abrazo. Había crecido unos cuantos centímetros más por los tacones que llevaba, aun así, se quedaba por debajo de mi barbilla. —Cómo me alegra que hayas venido. Veía posible que me dejaras plantada.

Negué.

—Aunque no me guste esto, no te dejaría plantada.

A pesar de la situación, la chica me caía bien, era natural, nunca le había visto actuar para quedar bien o aparentar algo que no era, y cuando hablé con ella y le mencioné la estupidez que me parecía todo esto, me tranquilizó el hecho de que pensara igual que yo, eso hizo que nuestra relación fluyera más.

—No sabes cuánto me alegra saber eso.

—No creo que te hubiese importado mucho que no apareciera.

—No me hubiese gustado quedarme sin pareja y tener que volverme avergonzada a casa.

Puse los ojos en blanco, estaba siendo una dramática.

—Eres guapa, Chiara, hubieses encontrado un reemplazo a los cinco minutos.

—¿Y si te digo que tan solo me gustaría bailar contigo? —La miré con una ceja levantada, no me gustaba por dónde estaba yendo esto y ella lo sabía—. Me caes bien, Dorian, eso es todo —se rio.

Había conseguido lo que quería, que era irritarme, pero prefería caer en su juego que observar cómo Alessandra bailaba de la mano de ese chico.

Cuando la música comenzó a decrecer para dar paso a otra melodía, cogí a Chiara de la mano para adentrarnos a la pista de baile como las demás parejas.

Intentando mantenerme lo más alejado posible de Alessandra.

—Bailas bien para llevar tanto tiempo fuera.

Chiara ya sabía que me tiré gran parte de mi vida fuera de Florencia y, más o menos, el porqué de ello. Al no ser de La Élite, había muchos detalles que no podía conocer.

Llegásemos a tener o no a tener algo real, habíamos conectado lo suficientemente bien para ser buenos amigos. Y agradecía tener a alguien en quien poder confiar.

—Qué te puedo decir, tengo el don innato de aprender rápido —dije en tono de broma, aunque en parte era verdad.

Fue un poco de supervivencia con tal de adaptarme deprisa a nuevos ambientes e intentar que mi vida no fuese insufriblemente aburrida en el internado en el que me tiré más de diez años de mi vida.

Fuese verdad o no, hizo reír a Chiara.

—Perdóneme, señor Vinci, no sabía que estaba hablando con un virtuoso. —Siguió con la broma y esta vez puse los ojos en blanco, aunque no pude evitar la sonrisa que se estiraba a un lado de mi boca.

Entre bromas, el baile se hizo menos insufrible y, quitando la energía que me hacía querer girar la cabeza hacia donde estaba, me olvidé de la chica de mis sueños todo lo que pude. Aunque era imposible con ese incesante cosquilleo que me hacía querer mirar constantemente en su dirección.

Era una tortura.

Mi primer fallo después de salir de la pista de baile con Chiara fue separarme de ella.

Iba al baño y de paso a buscar algún sitio donde poder fumar sin tener que congelarme en el frío exterior, pero en el camino pasé cerca de ella y su grupito.

Quería evitarla, tenía que hacerlo. Representaba todo lo que odiaba.

Era la viva imagen de La Élite, todos la adoraban y no lo soportaba.

Además, justo ese día había anunciado su compromiso con el indeseado que necesitaba usar su Don sobre ella para poder mantenerla a su lado.

Iba a pasar de largo, hasta que escuché mi nombre pronunciado por sus labios y fue como un hechizo que me llevó hasta ella.

Cuando hablé a su lado, pude ver su sorpresa cuando su mirada conectó con la mía. ¿Me había reconocido? Parecía haberse quedado de piedra al mirarme a los ojos. Esperaba más prepotencia, más carácter, pero solo parecía una niña que había visto un fantasma.

—¿Te ha comido la lengua el gato? —Solté para burlarme, tenía que hacer que no me soportara. Tal vez así me olvidaría de ella.

Pero sus ojos se abrieron como platos. Su cuerpo se tensó y pude notar cómo algo explotaba en su interior. Aun así, no me quedé para ver qué pasaba, seguí mi camino hasta una pequeña habitación donde poder estar un rato solo.

Odiaba estos eventos, y este tan solo era el primero de la temporada. Y ese encuentro no sabía si lo empeoraba todo.

Me encerré en un pequeño cuarto que encontré apartado del evento.

Al parecer no era la primera persona que había fumado aquí porque había un cenicero con varias cerillas ya apagadas, pero por cómo era la sala parecía un sitio usado por los trabajadores.

Me senté en el pequeño sofá y traté de calmarme.

Su presencia me había alterado tan solo al verla.

Cuando mi mirada se cruzó con la suya, todo mi cuerpo se aceleró.

No entendía por qué me ocurría eso con esa chica, era la primera vez que sentía ese hilo que tiraba de mí hacia alguien.

Cuando la vi por primera vez, comenzaron los sueños.

Nunca había entrado a los sueños de nadie hasta que la vi a ella, intenté con todas mis fuerzas salir de ellos un tiempo, pero me rendí.

No sabía qué era, pero había algo que nos conectaba, algo contra lo que era incapaz de luchar.

¿Pero ella había sentido algo siquiera al verme?

Tal vez me había reconocido de los sueños y por eso su reacción, pero eso no significaba que sintiera cómo todo su cuerpo era llamado hacia mí como a mí me ocurría con ella.

Apenas había encendido el cigarro cuando la puerta se abrió de golpe. Por dentro me asusté, pero por fuera portaba la misma máscara de indiferencia que aprendí a construir en presencia de mi familia, y sobre todo la sostuve al ver entrar a Alessandra con su prometido.

—¡Tú! —Ambos parecían alterados, pero al verme, el chico pareció perder más el control—. ¿Has sido tú, verdad?

Se acercó a mí amenazante, pero yo solo podía mirar a la chica de ojos asustados sin entender lo que estaba pasando. Cuando me miró y vio que su novio no avanzó ni un paso más, pareció calmarse.

—¿Qué ha pasado? —le pregunté ignorando al perro rabioso que tenía al lado.

—Fiero, no parece que haya sido él. No tenemos pruebas siquiera de que haya sido alguien.

Fruncí un poco más el ceño al escuchar sus palabras. ¿Me estaba defendiendo? Pero aún no sabía siquiera de qué me estaba defendiendo. Esperé a ver si decían algo que me resultara de ayuda. Abrir la boca en este momento no iba a hacer ningún bien.

—Entonces, ¿qué hace aquí solo? ¿No te parece sospechoso? —le hablaba con un tono que me hervía la sangre. Podía ver que su enfado ganaba al amor que tenía por ella, porque aunque me jodiese, sí que la quería a pesar de ser un completo ser deplorable.

Levanté las manos en señal de paz, mostrando el cigarrillo, intentando todo lo posible por no empeorar la situación a pesar de querer echarlo a patadas. Aunque no tuviera mucho que hacer contra un chico que me sacaba al menos cinco kilos de músculo.

—Es el único sitio donde puedo fumar sin congelarme.

—Claro, y tenemos que creernos que llevas todo este rato aquí fumando. —Él no parecía parar de buscar algo para incriminarme. Lo cual ya me estaba empezando a cansar.

—Sigo sin tener ni idea de qué ha ocurrido y de lo que supuestamente soy responsable —no podía evitar que mi sonrisa sarcástica saliera. Era inútil tratar de hablar con el bobo ese, pero solo quería que Alessandra dijese algo más, que me contestara. Quería buscar indicios de que me reconocía.

—El cuarzo rosa se ha roto —soltó rápidamente, sorprendiéndose tanto como yo al escuchar sus palabras.

—Bueno, pues resulta que el cuarzo sí que hace su función.

Solté para picar más al chico y ver si realmente se atrevía a hacer algo o tan solo era un gallito, porque realmente no sabía si creer o no en esa piedra, pero si realmente se había roto, significaba que tal vez sí que tenía un poder real, y tal vez había reconocido que Alessandra estaba bajo unos sentimientos impuestos sobre ella.

Dudaba que eso se fuese a romper tan solo porque una relación no estaba destinada a ser.

Si fuera por eso, se rompería con cada pareja que pasara por ahí, todas ellas fabricadas por negocios.

—Ni se te ocurra siquiera dar a entender eso.

Antes de darme cuenta, ya me tenía cogido de la camisa. Lo miré tal y como lo estaba mirando antes, como si tan solo fuera un fantasma. Tal vez podía romperme la nariz, pero no iba a sacar una reacción de mi parte.

—¡Fiero! —El grito de Alessandra hizo que el brazo que iba directo a mi cara frenara.— Basta, vámonos a casa.

Y como un perrito faldero que parecía ser bajo la mano, no le culpaba porque si yo tuviera a esa increíble mujer a mi lado, también lo haría, pero también la trataría mejor de lo que él parecía haber hecho jamás.

—Como me entere de que te acercas a Alessandra en algún momento, lo lamentarás —me susurró antes de apartarse de mí con una mirada amenazante.

Si él supiera lo que podía llegar a acercarme a su chica en sus sueños, me mataría, pero por suerte nunca lo descubriría. Porque si ya lo supiera, estaba claro que ese puño hubiese aterrizado en mi cara nada más haber entrado en la sala. En cuanto me había visto la habitación esa, fue su intención.