Entre Rosas y Sueños Capítulo 13 #2
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Capítulo 13 #2

Intenté no mirar hacia la gente que nos observaba.

Intenté centrar mi vista en Fiero, tal y como había indicado mi madre, solo existíamos él y yo, pero los susurros me invitaban a mirar.

Un hormigueo que me incitaba a hacerlo, como si ahí fuera hubiese algo más importante que el chico de ojos verdes que me miraba con emoción.

Pero mantuve mis ojos sobre él. Siempre estaría en él.

Fiero me quitó la máscara poco a poco sin dejar de mirarme. Cuando terminó, hice lo mismo con él, con cuidado y cariño, ignorando los nervios que me sofocaban cada vez que recordaba todas las miradas que había sobre nosotros.

Ambos situamos las manos encima del cuarzo donde empezamos a canalizar nuestra energía. Dejé que mi Don viajase por mis brazos hasta las palmas de mis manos, realmente nadie se daría cuenta de ello porque no era algo visible. Solo yo lo notaba circular por mi cuerpo.

Tan solo fueron unos segundos, pero si mis sentidos no me fallaban, el cuarzo emanaba calor. ¿Significaba eso que nos había aceptado?

Si funcionaba de verdad o no, nadie lo tenía claro.

Teniendo en cuenta cómo iba el matrimonio de mis padres, no confiaba mucho en su funcionamiento.

La gente se movía por poder o por amor, así que no me extrañaba que se hubiesen inventado cualquier cosa para darle más emoción al evento, aunque una parte de mí sí que quería confiar un poco en los cuentos de hadas y que algo de esto era real.

Una parte de mí sí que quería confiar en que Fiero y yo estábamos destinados.

En que nuestro amor perduraría, pero muy en el fondo había algo que me anclaba a otro sentimiento completamente contrario.

Tras unos segundos en los que no pasó nada, pero hicimos exactamente lo que nuestros padres nos dijeron, Fiero me cogió de las manos y me dio un suave beso manteniendo su mirada verde sobre la mía.

La sala estalló en aplausos y vitoreos, intenté no encogerme por el ruido repentino.

Había conseguido sumergirme en la burbuja junto a Fiero, pero de repente todo se hizo muy grande y agobiante, aun así, mantuve la compostura.

—¡Un brindis por el próximo casamiento de Alessandra Leone y Fiero Di Petra, que sigan tan enamorados como nos han demostrado hasta ahora!

Antes de siquiera darme cuenta, tenía una copa de champagne en las manos. Todos elevaron sus vasos y los pequeños fragmentos de cristal titilaban y brillaban por nosotros. Fiero y yo brindamos y le dimos un sorbo al espumoso líquido.

✦

Fiero me cogió de la mano para bajar del pequeño estrado y me guio hasta el centro de la pista de baile sosteniendo mi mano. La orquesta comenzó a tocar una suave melodía a nuestro alrededor, pero no fue hasta que estábamos en posición que las luces nos alumbraron.

La música creció y comenzamos a movernos a su ritmo como tantas veces habíamos hecho anteriormente.

Cuando la orquesta dio paso a la primera canción, los demás se unieron a nosotros.

Nos movíamos libremente por la pista, no era la primera vez que bailábamos juntos en eventos ni sería la última.

Habíamos dado muchas clases de baile juntos, rara vez teníamos algún traspié, pero a pesar de eso sentía a Fiero tenso bajo mis manos.

Y la magia y la emoción que había en sus ojos minutos atrás parecían haber desaparecido.

Nos quedamos tan solo una canción más hasta que las demás personas comenzaban a rotar sus parejas.

La finalidad de este evento era eso, conocer a personas nuevas y que de ahí pudiera surgir una nueva unión.

Mi prima era una de esas enmascaradas que daba vueltas en la pista de baile, esperando encontrar a esa persona.

Llevaba un vestido amarillo pastel, y giraba agarrada de uno de Marco.

Los rumores sobre ella eran menores, pero lo que conllevaba tener el apellido Leone es que, aunque fuese con menos frecuencia, la gente también hablaba, y los rumores que había sobre ella eran emparejándola con él, uno de los mejores amigos de Fiero.

Siempre pensé que hacían buena pareja, aunque nunca lo había dicho en voz alta. Yo no tenía tanto interés en emparejarlos como tenía Fiero. Además, mi prima era como un libro abierto, y si no había notado interés en ella aún, significaba que no lo tenía.

Fiero cogió dos copas de champagne. Nos quedamos a un lado mientras bebíamos y los demás seguían bailando. Estaba tenso mientras examinaba la pista de baile, ¿acaso estaba buscando a alguien?

No tardó demasiado en que las primeras parejas se dispersaran. Entre ellas parecía estar Giu, ya que la había perdido de vista.

—¿Os habéis enterado? —Mi prima llegó por uno de mis costados y no me di cuenta hasta que habló.

Fiero a mi lado asintió, pero yo estaba perdida. No tenía ni idea de a qué se referían.

—Dorian ha vuelto. —Solo consiguió crearme más dudas, pero un cosquilleo me recorrió de pies a cabeza al escuchar ese nombre.

No conocía a ningún Dorian, pero el nombre me sonó extrañamente familiar.

—¿Quién es Dorian? —Cuando pronuncié el nombre, pareció burbujear en mis labios.

Me había parecido escuchar ese nombre entre los susurros de la gente esa noche, pero no lograba descifrar quién era esa persona, y había tantas caras desconocidas que no sabía ni por dónde empezar a buscar.

—Deberías tener más cuidado cuando mencionas a otras personas, ese tal Dorian te podría estar escuchando —pero al parecer, fue él el que me encontró a mi.

La voz burlona a mis espaldas me hizo girarme. Salió de entre los vestidos y los trajes que se agolpaban en la pista de baile. Me estaba preparando para contestar, pero en cuanto me fijé en los ojos del enmascarado, me quedé sin palabras. El mundo pareció reducirse a esa mirada brillante.

Esos ojos negros como el azabache y esa sonrisa torcida eran imposibles de no reconocer. Llevaba meses soñando con esa mirada, aquella que me hacía pasar los días pensando si era real o no.

Y ahora estaba frente a mi.