Entre Rosas y Sueños Capítulo 13
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Capítulo 13

Me desperté con el recuerdo de esos ojos oscuros que me acompañaban casi todas las noches, junto a un olor a amapolas y narcisos. Esta vez se mantuvo a la distancia, sin darme la oportunidad de hablar con él.

—Buenos días, hija. Espero que estés lista para el gran día de hoy —me regaló una sonrisa cerrada. Rara vez había visto a mi padre sonreír.

Asentí, aunque no con toda la convicción que me gustaría. Había un pensamiento que llevaba acechándome días.

—Papá, ¿en alguna ocasión ha fallado el cuarzo? —me atreví a preguntar.

Mi padre se lo pensó antes de responder.

—Si te refieres a que alguna vez haya mostrado que dos personas no deberían estar juntas, no.

Si te refieres a que dos personas que están casadas no deberían estarlo…

a montones. No te dejes llevar por lo que pueda decir o no el cuarzo, hija.

Piénsalo como un espectáculo, es solo una forma simbólica de mostrar una relación ante La Élite.

Tal vez en su momento funcionase, a día de hoy lo dudo.

—Igualmente, pase lo que pase, Fiero y tú vais a seguir juntos. No espero que te acobardes en el último momento —dijo mi madre mientras cogía el desayuno que le había dejado preparado el chef.

Las palabras de mi madre siempre iban cargadas de veneno, nunca hacía nada por tranquilizarme, tan solo imponer lo que ella pensaba que era lo mejor para mí, sin siquiera tener mi opinión en cuenta.

Solo miraba por lo que más le interesaba a ella, y mi relación con Fiero significaba más estatus y visibilidad para mi familia.

Siempre me había recordado a las adelfas, un aspecto por fuera muy lejos de lo que escondía en su interior.

Las revistas y la sociedad habían adorado a mi madre casi tanto como lo hacían conmigo ahora.

No sé exactamente cuándo la situación comenzó a cambiar, pero si supieran cómo era en realidad, tal vez nunca hubiese sido así.

Aunque si realmente me conocieran, tampoco pensarían que era tan perfecta como decían.

—Nada es irreversible —dijo en cambio mi padre—. Incluso si os casáis, siempre está la opción de divorciarse, lo mejor es evitar llegar hasta ese punto.

Mi padre se ganó una mirada molesta por parte de mi madre.

Me resultaba raro que me dijese esto ahora, ya que siempre le habían dado mucha importancia a mi relación con Fiero.

El acuerdo que tenían nuestros padres les hacía ganar mucho más dinero y siempre se habían llevado bien.

Si el compromiso se anulara, no sabía qué podía significar para ambas familias, tampoco tenía intención de averiguarlo, y esperaba que en un futuro siguiese así.

Terminé de desayunar y me iba a ir de vuelta a mi habitación hasta que mi padre se puso de pie y me hizo una señal con la cabeza para que fuese con él.

Fuimos a su despacho, donde siempre eran nuestras pequeñas reuniones.

La chimenea que se encontraba a un lado de la habitación estaba apagada, pero sabía que iba a estar así por poco tiempo.

Hoy hacía especialmente frío, y a pesar de la calefacción interna de la casa, a mi padre le gustaba tener la chimenea de su despacho encendida, era una de las razones por las que de pequeña me encantaba estar en esta sala.

Los sillones me arropaban y el único ruido era el de la chimenea, los papeles y las teclas.

Me senté en el mullido sillón, pero mi padre no tomó asiento, se quedó de pie preparando la chimenea.

—Alessandra, no sé cómo está tu relación con Fiero en este momento, pero si crees que casarte con él no es lo que quieres para tu vida, dímelo, aún no es tarde.

—Está todo bien con Fiero, papá. Es lo que quiero —pero nada más mencionar esas palabras, una duda apareció dentro de mí que no sabía de dónde surgía.

—Si alguna vez cambias de opinión, siempre voy a estar aquí. Ignora lo que te diga tu madre.

✦

Una intranquilidad comenzaba a enfundarse en mí cada hora que pasaba.

Me repetía una y otra vez que iba a salir bien, que era lo que quería, pero por alguna razón no me sentía del todo convencida.

Cuando comenzaron a vestirme y maquillarme, el vestido violeta que siempre me había parecido un sueño de repente se sentía apagado, triste.

Las horas transcurrieron hasta estar en la limusina de camino al evento. Traté de serenarme antes de abandonar el coche, los paparazzis ya esperaban atentos en la alfombra roja, así que aguardamos a los Di Petra para salir todos juntos.

En cuanto pusimos un pie en ella, los flashes comenzaron a titilar ante nuestros ojos como si de estrellas se tratasen.

Fiero me cogía de la cadera mientras fingía una sonrisa, siempre me había costado estar cómoda ante tantos ojos y cámaras que nos observaban, algunos gritaban mi nombre para que mirase en su dirección.

Llegué a odiar todo esto, pero no me quedó otra que aceptar que esta era mi vida, y no podía huir de ella.

Por suerte, avanzamos rápido hasta el interior del palazzo.

Ya había algunas personas dentro, la mayoría de ellas chicos y chicas de más o menos nuestra edad escondidos entre sus máscaras, esa era en parte la gracia de este baile, ibas a conocer gente, pero en esta noche no verás su rostro por completo hasta que decidas seguir conociendo a esa persona.

El evento llevaba siendo así décadas, con la idea de que hijos e hijas de nobles conocieran a los hijos de La Élite y crearan así relaciones fuera de nuestro círculo.

Principalmente, se hacía para evitar que dos personas de La Élite estuvieran juntas y así prevenir todos los problemas que podía acarrear.

Estar aquí y recordar eso me hacía pensar que estaba tomando una mala decisión.

Íbamos a hacer justo lo que no deberíamos, pero ya no había marcha atrás.

Unos ojos castaños aparecieron frente a mí enmarcados por una máscara dorada.

—¡Es el día! —Giu se echó sobre mí para darme un fuerte abrazo. Acto que luego repitió con Fiero. —¿Estáis preparados?

—Más que preparados —contestó Fiero envolviendo mi cintura con su brazo.

Me limité a asentir.

Era incapaz de articular una palabra. Los nervios se estaban enredando en mí como zarzas y aún teníamos que dejar pasar toda la comida hasta la hora del baile para dar la noticia.

Agradecía llevar la máscara. Sentía que así nadie se fijaba tanto en mí, pero sobre todo que no podían ver la creciente ansiedad que amenazaba con devorarme.

Al llegar a la mesa, sentí como si pudiera respirar de nuevo.

En este evento siempre sentaban a las parejas o futuras parejas juntas, así que nosotros estábamos con los Di Petra.

—Mira, los Pellegrini se han sentado con tus tíos. —Fiero me hizo una señal con la cabeza para que mirara a mi derecha.

Y, exactamente como había dicho, Marco y Giu estaban sentados en la misma mesa.

—Qué raro.

Teniendo en cuenta que nosotros éramos una excepción en cuanto a parejas dentro de La Élite y lo que estaba pasando con la profecía, me resultaba extraño que hubiesen permitido eso. Además, en un principio Giu me dijo que iba a estar sentada con el hijo del fundador de una famosa marca de Milán.

—Creo que se han caído varias familias del evento —susurró Fiero a mi lado.

No me extrañaba si era así. Este año había menos personas que de costumbre.

¿Acaso se había extendido la noticia de la crisis por la que estábamos pasando?

Estos eventos se movían por intereses, si se habían enterado de la caída de nuestros beneficios, era probable que no quisieran verse envueltos con nosotros.

Pero Fiero parecía contento con ello. Por alguna razón siempre había querido ver a Giu y Marco juntos. Yo nunca vi a mi prima muy interesada en él, en nadie realmente, ahora que lo pensaba.

✦

Los platos aparecían tan rápido como se iban, y el corsé del vestido ya me apretaba un poquito antes de que llegara el postre. Eso me recordaba lo poco que quedaba para nuestro anuncio.

Dejé de tener apetito.

El postre se hizo tormentosamente largo, hasta que un hombre de mediana edad vino a por nosotros mientras las demás familias seguían entretenidas con el champagne que había llegado a las mesas.

Nos llevó hasta una salita. Donde nos dejaron solos. Solo íbamos a estar unos minutos, pero necesitaba que los minutos pasaran rápido, pues la espera se estaba haciendo interminable.

—Aún no me puedo creer que esto esté ocurriendo. —La voz de Fiero me llamó la atención al otro lado de la sala.

Se había sentado en un pequeño sillón arrugando su traje negro en el proceso.

—Yo tampoco —dije cuando finalmente volví a la realidad.

Me sentía de nuevo fuera de mí. Pensaba que al pasar la alfombra roja me iba a sentir mejor, pero los nervios habían empeorado.

—Van a ser unos segundos, Aless, cuando pase y comience el baile, la mayoría va a estar más centrada en buscar una pareja que en nuestro anuncio.

Asentí, esperando que fuese así.

Fiero se había levantado, su mirada más segura que nunca.

Un olor a amapolas me invadió segundos antes de que el hombre que nos había acompañado apareciera de nuevo por la puerta. Fiero pareció quedarse con las palabras en la boca.

—Señorita Leone, señor Di Petra, acompáñenme.

Nos guiaron entre las sombras que aún rodeaban la esfera de cuarzo rosa. Era grande, pero esperaba que emanase algún destello de energía al estar cerca de ella. Algo que me confirmase que había magia en su interior, pero no sentía nada.

Por lo que había escuchado momentos antes, alguien nos presentó y nos dio entrada para mostrar nuestros votos frente al gentío.

Así que todos los ojos de la sala esperaban expectantes entre susurros y miradas sorprendidas, y en cuanto la luz iluminó la esfera haciéndola brillar, Fiero y yo dimos un paso al frente.