Entre Rosas y Sueños Capítulo 12
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Capítulo 12

La semana de los exámenes pasó tan rápido como llegó. A pesar de mi saturada mente y mis malas noches de sueño, salí de los exámenes con buena sensación. Aunque no esperaba menos después de haber pasado dos semanas encerrada en mi estudio hasta aprenderlo todo a la perfección.

Ahora solo quedaba esperar hasta el evento de San Valentín.

Faltaban tres días y sentía que me subía por las paredes.

Siempre me ponía nerviosa antes de los eventos, pero el peso de este era mayor a todos los anteriores, sobre todo porque debíamos jurar nuestro amor en el gran orbe de cuarzo rosa, y mi mente solo podía pensar en todas las posibilidades en las que eso podía salir mal.

Y si salía mal, solo le dábamos más razones a La Élite para desconfiar de nuestra relación.

Y teniendo en cuenta la profecía, podía ser incluso peligroso.

Entre los exámenes y todo lo que tenía encima, llevaba varios días sin visitar la rosa.

Trataba de pensar menos en ella. No me hacía bien ir todos los días y ver cómo poco a poco seguía consumiéndose, pero algo dentro de mí, hoy, me insistía en ir.

Así que cuando terminé mi sesión de entrenamiento, me abrigué y salí al frío de la mañana.

El rocío bañaba las plantas, las flores estaban envueltas en un halo de agua y las hojas goteaban allá donde mirase.

Eran apenas las siete de la mañana, así que el amanecer se había desvanecido hacía unos pocos minutos.

No sé qué esperaba encontrar cuando llegase frente a la rosa, pero ver cómo la oscuridad había crecido en ella sin duda no era lo que quería.

Me arrodillé frente a ella. Si seguía yendo a la misma rapidez a la que iba, no le quedaba más de un mes hasta que se marchitara.

No sabía qué podía pasar cuando ese momento llegase, el miedo en mí decía que mi Don desaparecería, ¿pero era eso posible?

Tan solo sé que, presa del temor a que eso se hiciera realidad, envolví la rosa entre mis manos, buscando la antigua oración que mi abuela me enseñó hace años.

Rosas de sangre y amores prohibidos, dolor y sanación. Eellary, reina de las almas que buscan la salvación de un corazón partido. Escúchame y guíame.

Solo quería que me ayudara a que la rosa mejorase, o que me diese otra pista de lo que tenía que hacer para lograr que no se marchitara.

Esa oración era la que usaban antiguamente para ponerse en contacto con ella y realizar sus plegarias.

Al parecer, también era conocida como la Diosa del corazón roto, y ayudaba a todas las mujeres que habían sufrido en el amor a buscar a su verdadera pareja.

Se dice que actuaba así porque ella nunca pudo conseguir a su amor verdadero, y no quería que más personas sufrieran lo que ella sufrió.

Pero mientras esperaba a que algo pasara de nuevo, ni la voz de Eellary ni mi Don hicieron presencia. Me quedé un rato más observando la rosa, pensando en lo que me dijo hace unas semanas.

Cuando me levanté de entre las rosas, se coló un olor a narcisos.

Era extraño, aún no habían siquiera florecido.

Fuese como fuese, salí del jardín más perdida de lo que entré.

Me sentía abandonada, olvidada por mi Diosa.

No entendía qué más hacer para que Eellary me ayudase, para que mi Don no desapareciera, pero tal vez eso era lo que ella quería. Lo que los Dioses buscaban.

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Las clases hoy se hicieron insoportables, llegué con un dolor de cabeza horroroso, que empezó poco después de abandonar el jardín y en ningún momento parecía querer parar, a pesar de haber tomado medicación para ello.

Fiero estaba especialmente hablador, sabía que estaba algo nervioso por el evento de San Valentín, pero hoy necesitaba silencio, y por más que se lo dijera por activa y por pasiva, él parecía hacer oídos sordos.

No era la primera vez que no me sentía escuchada por él, pero tenía la sensación de que eso había cambiado, por desgracia, no era así.

Lo escuché parlotear durante las cinco horas de clases que compartimos, intenté estar atenta, pero sus inquietudes no tranquilizaban a las mías, así que llegó un momento en que desconecté.

No sabía en qué momento había logrado que eso me saliese tan natural, siempre había sido una persona muy atenta, y ahora no era ni capaz de prestar atención a una sola conversación.

Tal vez sí que había algo mal en mí, y Eellary tan solo me estaba ayudando a encontrar eso que era incapaz de ver.

—La verdad que no creo en esa tonta ceremonia del cuarzo y todas esas cosas, pero igualmente espero que no haya ningún inconveniente.

Me jodería que dejasen de creer en nuestra relación porque una piedra no brillase o a saber qué es lo que tiene que hacer eso para demostrar que lo nuestro es amor verdadero.

Amor verdadero.

Fiero, mi amor verdadero.

Tal vez eso es lo que siempre fue, y por miedo lo comencé a negar.

Todas las parejas tenían discusiones, todas las parejas tenían momentos en los que no se soportaban, pero a pesar de todo seguían juntas.

Supongo que eso era lo normal. Tal vez ese es el amor que siempre había estado para mí y que siempre lo estaría.

Fiero me quería, en eso no cabía duda, y yo no era capaz de imaginar mi vida sin él. No lo iba a dejar pasar.

—Todo va a ir bien —dije, no sabía si más para mí que para él, pero me gané una sonrisa y un apretón en la mano que llevaba sosteniendo desde que nos subimos al coche de vuelta a casa.

Iba a estar todo bien.