Entre Rosas y Sueños Capítulo 9
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Capítulo 9

Esperaba que en la escuela Fiero por fin me contase algo sobre la fiesta, pero él seguía como si nada hubiese ocurrido, sin embargo, sí que lo notaba un poco más…

¿Distante? No sabía exactamente lo que era, pero había algo raro entre los dos.

Aunque no estaba segura si tan solo salía de mi desconfianza por lo que me contó Giu ayer.

te ha dicho ya algo???

Aún nada, ni había hecho por mencionar la fiesta desde ayer que le pregunté.

Giu me había preguntado al final de la segunda clase, no necesitaba nada más para saber que estaba planeando algo.

Giulia, ni se te ocurra hacer algo.

tan solo vamos a forzar una reacción

no te preocupes Aless!!

Cinco minutos después, mientras iba con Fiero a nuestra siguiente clase, nos encontramos de frente a Giu con una chica morena con el pelo suavemente ondulado.

—¡Aless! Te estaba buscando para presentarte a mi amiga Agatha —le salía tan natural que no parecía nada premeditado.

—Hola —le saludé, intentando forzar una sonrisa lo más natural posible, sin duda esas dotes que tenía Giu, yo no las poseía.

—Tenía muchas ganas de conocerte, Giu me ha hablado mucho de ti.

La chica se acercó para saludarme con dos besos.

Un zumbido en mi interior se había despertado en el momento en el que nuestros ojos se cruzaron.

Su mirada se desvió hacia Fiero

—Hola —saludó con una sonrisa cerrada.

Fiero tan solo la saludó con un movimiento de cabeza, pero siguió impasible. Lo cual tampoco era propio de él. Así solo saludaba a sus amigos cuando los veía de lejos, nunca a una chica y más teniéndola frente a él. Estaba muy alejado de la educación que le habían dado.

—Bueno, nos vamos a clase, que si llegamos tarde a Economía vamos a tener problemas —dijo Fiero poniéndome una mano en la espalda baja para animarme a seguir andando.

Siempre era yo la que lo tenía que sacar de conversaciones o meterle prisa para no llegar tarde a clase, a él nunca le había importado eso.

—Nos vemos luego entonces —dijo Giu y ambas se despidieron, no sin antes cruzar una mirada de sospecha conmigo.

Sin duda había sido extraño.

De camino a clase, cuando ya nos habíamos alejado lo suficiente, le traté de sacar el tema a Fiero.

—¿Conoces a esa chica?

Él asintió

—Vino a la fiesta el otro día con Giu y Silvia.

—No me lo dijiste.

Él se encogió de hombros, ese gesto se veía muy antinatural en él.

—No tenía nada que decir de ella.

En ningún momento me miró. Sus ojos solo estaban fijos en el camino, quitando las veces que se ajustó el reloj que descansaba en su brazo izquierdo. Yo le buscaba con la mirada, pero él en ningún momento hacía por conectar con la mía, lo cual era extraño por su parte.

—¿No te cayó bien? —No era propio de mí hacer tantas preguntas e insistir tanto en un tema, pero no me gustaba la sensación que sentía en el pecho.

Tardó un poco más de lo que esperaba en contestar

—Fue un poco pesada —fue lo único que dijo.

Aún tenía preguntas que hacerle, preguntas que no iban a tener respuesta porque ya habíamos pasado por la puerta de clase, y no quería que pensara que desconfiaba de él.

Aunque era raro que él opinase eso de alguien.

Se solía llevar bien con todo el mundo, se adaptaba muy fácil a todos, pero tal vez tan solo fue amable con ella y la aguantó por no hacerla sentir mal.

Fuese o no esa la realidad, traté de aferrarme a ella para poder centrarme en la siguiente clase.

En el recreo, Fiero pareció volver a la normalidad. Sus ojos verdes ya no me rehuían, en todo caso me buscaban y el nerviosismo que hizo que se ajustase el reloj unas doce veces en la clase anterior pareció desaparecer.

—¿Me ayudarás a estudiar para la semana de exámenes? —preguntó Fiero mientras se terminaba su desayuno. Llevaba casi todo el recreo comiendo, pero es que por la tarde tenía entrenamiento y a mediodía no podía comer tanto, así que la mitad de la mañana se la pasaba cogiendo fuerzas.

—No tengo muchas opciones —contesté, y es que llevaba ayudándole desde que éramos niños.

No era algo que me molestase, pero en los últimos años empezó a hacerlo como una excusa para estar juntos, cosa que acabó el año pasado, pues solo perdía el tiempo y me hacía perderlo a mí, así que solo le ayudaba en las asignaturas que realmente necesitaba.

—¿Os han puesto ya las fechas de los exámenes? —preguntó Giu, que había pasado el principio del recreo con Silvia y Agatha, pero se pasó un rato para estar con nosotros.

Fiero asintió

—Este año han empezado pronto.

—También terminamos antes —contesté, y es que, al ser nuestro último año, terminamos tres meses antes.

—Qué ganas de terminar —no me extrañaba que Fiero estuviese pensando ya en el final, a él nunca le había gustado demasiado estudiar—.

Terminaremos con esta estupidez y, en un abrir y cerrar de ojos, será el año que viene y por fin nos casaremos.

—Una punzada me atravesó el pecho al escuchar la última palabra, aun así, sonreí y acepté la mano que Fiero me había ofrecido.

Giu miró nuestras manos, y durante un segundo, sentí que su mirada me trataba de analizar, tal vez fue mi imaginación, pues una sonrisa llenó su rostro cuando la miré de nuevo.

—El evento más esperado de La Élite, aunque aún no sean conscientes de ello —afirmó Giu.

—Pronto todos lo sabrán —contestó Fiero contento—, y pronto podré poner un anillo en tu dedo para que a todos les quede claro que esto va muy en serio.

Levantó mi mano con rapidez y se la llevó a los labios, dejó un suave beso mientras su mirada estaba fija en mí, y por un segundo pensé que su tono verde pareció enturbiarse y un olor a amapolas me envolvió durante unos segundos.