Entre Rosas y Sueños Capítulo 8 #2
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Capítulo 8 #2

Tan solo mi familia podía hacer el té. Mi abuela falleció cuando yo tenía 11 años, y ella es la que nos enseñó todas las recetas de té que habían creado nuestros antepasados para diferentes necesidades, y a las que recurríamos bastante a menudo.

Ahora, cada vez que tomaba uno, me recordaban a mi abuela, y a veces sentía que cuando los hacía, la tenía a mi lado.

Así que cuando mi padre volvió con mi taza favorita echando humo con olor a especias y hierbas, mi corazón se entibió.

—Gracias —dije en cuanto envolví en mis manos la taza.

—Hoy tienes que descansar, hija, nada de estudiar ni de ver a Fiero. —Mi padre se tomaba muy en serio el descanso cuando me enfermaba, a diferencia de cuando le pasaba a él, y a diferencia de cómo me trataba mi madre cuando me ponía enferma.

—Pero Giu dijo que iba a venir esta tarde.

—Ya te verá mañana en la escuela.

—Papá, ni siquiera estoy mal, solo es una molestia. Ya sabes que Giu lleva un tiempo sin venir, será solo un rato.

—Bueno, porque es tu prima, pero aprovecha igual para estar tranquila. —Asentí antes de que se fuera tras darme un beso en la coronilla.

El miedo a enfermarme más desapareció en cuanto le di varios sorbos al té. No era milagroso, pero si llegaba a tiempo, sí que podía evitar que un pequeño resfriado se agravase.

Me tomé en serio lo que dijo mi padre y descansé hasta que llegó Giu.

Mi prima entró en mi cuarto con su coleta castaña meciéndose de un lado a otro por su paso apresurado.

—¿Mi prima ya es una modelo de éxito o qué necesita el mundo para darse cuenta de ello?

Giu sabía la ilusión que me hacía la sesión de fotos, pero nunca fue algo a lo que me quería dedicar.

Puse los ojos en blanco.

—Hola a ti también.

Mi prima se rio antes de lanzarse en mi cama. A Giu era la única persona que le dejaba hacer eso, por lo general, si alguien venía a mi casa, íbamos directamente a mi estudio, pero tampoco solía tener muchas visitas.

—¿Cuáles son las novedades que traes? —pregunté ya extrañada de que no haya empezado a soltarlas en cuanto llegó. Normalmente entraba gritándolas a los cuatro vientos.

Se incorporó y pareció dudar.

—¿Te acuerdas que ayer fuimos de fiesta? —asentí—. Vino Agatha, es una chica de la escuela que nos cae bien a Silvia y a mí, estos últimos meses nos hemos hecho muy amigas. —Me sonaba su nombre, Giu había hablado de ella más de una vez.

Me miró con sus grandes ojos castaños muy abiertos. Giu y yo nos parecíamos bastante, esa gran mirada café era solo uno de los rasgos en los que nos parecíamos. Un rasgo que todas las mujeres Leone compartíamos.

—¿Y? —pregunté. No sabía a dónde quería llegar con ello.

—Vi a Agatha y a Fiero demasiado juntos en ocasiones —dijo tan rápido que, si no fuese por el calor interior que me inundó, pensaría que había escuchado mal.

—¿Muy juntos en qué sentido? —dije, intentando no obedecer el sentimiento que me llenaba.

—No ha habido besos ni nada por el estilo, pero me ha parecido raro. Nunca había visto a Fiero así con una chica antes. —Giu parecía tener mucho cuidado con sus palabras.

Pero yo iba a perder la cabeza.

—¿Tú crees que esa chica tenía alguna intención con Fiero?

—No lo sé, no creo. Sabe de sobra que está contigo y de hecho está deseando conocerte.

Esa chica y yo nos conocíamos, tal vez no teníamos ningún tipo de trato, pero era de La Élite, de la familia Savino. Aunque no recordaba la última vez que crucé una palabra con ella.

Cogí el móvil dispuesta a llamar a Fiero. Si había sido así como mi prima estaba diciendo, había algo raro.

—Espera —dijo mi prima rápidamente—. Seguramente, si no ha sido nada, Fiero te lo diga. No le digas nada y espera a que te lo cuente él.

Mi prima era la que solía tener las ideas buenas, sin duda, porque muchas veces me dejaba llevar por la rabia y no era capaz de pensar las cosas antes de hacerlas.

Aunque dudaba que Fiero fuese capaz de ocultarme algo, no podíamos perdernos el uno al otro, él no se pondría en esa posición.

Así que simplemente revisé los mensajes, el último mensaje era mío dándole los buenos días a las diez de la mañana, aún no se había despertado, así que no me quedaba otra que esperar.

—Bueno, cuéntame todo sobre la sesión de ayer. ¿Son majos Vicenzo y Luzio o son los típicos prepotentes? —Era obvio que mi prima no se iba a ir sin antes contarle cómo fue todo ayer, aunque parecía más una distracción para evitar que entrase en una espiral con el tema de Fiero.

Le conté lo bien que se portaron conmigo, un poco cómo fue la sesión sin entrar en demasiados detalles.

Pasamos gran parte de la tarde hablando hasta que me acordé de que tenía un montón de paquetes que me habían enviado marcas, ya sea como regalo o para subirlas a mis redes, así que nos estuvimos repartiendo las cosas que me habían enviado como regalo, ya que muchas de ellas yo no las usaría.

—Por esto y por más razones eres la mejor prima del mundo —dijo mientras metía todo lo que le había dado en uno de los neceseres que venía de regalo.

En mitad de la tarde, Fiero me escribió.

—No le digas que estás conmigo —dijo Giu—, dudo que piense que te haya dicho algo, pero por si acaso evita contarte algo porque yo esté aquí.

Le contesté normal. Me había dado los buenos días y se había excusado en que estaba muy cansado del día anterior y, al preguntarme qué tal, le dije que yo también estaba descansando, pero la conversación terminó tan rápido como empezó.

Mi prima miraba el móvil con el ceño fruncido.

—Tal vez espere a verte para contártelo.

—Tal vez —contesté.

Fiero nunca me contaba demasiadas cosas sobre sus fiestas, tan solo me decía que igual que siempre, que significaba que todo bien, y poco más, pero casi siempre estaba Giu en todas las fiestas, así que sabía que nunca antes había pasado nada como lo de esta vez.

—¿Estás bien? —mi prima parecía extrañada—. Te veo más preocupada de lo normal.

Lo estaba. Pensaba que no lo estaba exteriorizando tanto, pero me daba miedo perder a Fiero o tener más problemas con él. Ahora que me había dado cuenta de que de verdad quería seguir con él, me daba miedo perderlo o que alguien se entrometiera entre los dos.

—Es solo que no me esperaba esto por parte de Fiero, y más cuando por fin nuestra relación estaba mejorando entre los dos —nunca hablaba mucho de cómo me sentía y eso era lo máximo que era capaz de dar.

—Yo también he notado ese cambio en vuestra relación. Tal vez sea todo un malentendido y él solo era majo con la chica, seguro que ya te contará algo sobre ello estos días.

Me traté de aferrar a esas palabras e ignorar la incomodidad que me llenaba.