Entre Rosas y Sueños Capítulo 5
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Capítulo 5

A pesar de haber aceptado salir con Fiero, deseaba no haberlo hecho.

El viernes llegó demasiado rápido. Frío como el resto de la semana, por lo que salir a cenar no sonaba muy apetecible.

Mi padre me advirtió que por ahora era mejor que no le dijese nada a Fiero sobre el tema de la profecía, así que evité el tema de la reunión todo lo posible.

Al parecer, ni a Giu ni a él le habían contado nada sobre ella, así que me mantuve en silencio durante todo el recreo cada vez que la conversación se desviaba hacia ese tema.

El día en la escuela transcurrió normal, los cuchicheos y las miradas no salieron de los típicos curiosos y los usuales rumores.

Pero nadie parecía saber nada de la profecía, lo cual suavizó bastante el día, y los nervios que crepitaban en mi interior cada vez que los murmullos me seguían.

Pero por la tarde, al llegar a casa, no tuve la suerte de tener la tranquilidad que no esperé tener en la escuela.

En la cocina me encontré a mis padres discutiendo. Mi padre tenía un viaje de negocios pronto y mi madre no podía ir, lo cual la llevó a una pataleta, como siempre que no se salía con la suya.

A mi madre le encantaba ser el centro de atención.

Fue algo que acabé dándome cuenta a la fuerza, y una de las razones por las que pensaba que me trataba con ese desdén.

Pero en parte la entendía, el noventa por ciento del tiempo que tenía mi padre lo ocupaba el trabajo, y el diez por ciento restante lo ocupaba todo lo demás.

No me extrañaba que se sintiera abandonada.

Aun así, no interrumpí en ningún momento e intenté desaparecer de la cocina lo antes posible para irme a mi estudio a hacer tareas y repasar las cosas que hice hoy en clase.

Me ocupó gran parte de la tarde, así que en el poco tiempo libre que me quedó antes de prepararme para ir a cenar con Fiero estuve investigando para seguir documentándome de cara a la campaña de invierno del perfume, pero cuando el reloj dio las seis y media, fui directa a la ducha.

Un suave olor a lavanda me daba la bienvenida cada vez que me metía al baño, y se intensificaba cuando el vapor caliente llenaba la habitación.

Normalmente, modulaba el olor de la lavanda con mi Don, era una de las ventajas de tenerlo, y dependiendo de lo que necesitaba en el momento, elegía una de las tantas plantas que tenía en el baño para que me envolviese con su energía.

Rosa, lavanda, eucalipto… Al igual que tenían propiedades al tomarlas o usarlas en la piel, su olor también tenía propiedades que potenciaba con mi Don.

Así que, a pesar de lo mucho que me gustaba la lavanda, lo atenué para darle más protagonismo a la menta, necesitaba estar activa y su aroma fresco conseguía despertar mis sentidos.

Aun así, no eliminé la lavanda del todo, era un olor que me acompañaba en cada momento.

Un aroma que necesitaba para mantenerme presente.

Al salir de la humeante ducha, me enrollé en el albornoz y comencé a cuidar mi piel. Solo usaba productos naturales, la mayoría de ellos hechos con las flores y plantas que crecían en nuestros jardines. No necesitaba nada más que eso.

Llené mi cuerpo de aceite de almendras y agua de rosas, dejándolo tan suave y brillante como la seda.

Y fui al vestidor sintiéndome en una nube que desapareció en el momento en el que me quedé frente a todas las prendas que lo adornaban.

Aquí es donde siempre encontraba el problema cuando se trataba de ocasiones fuera de las habituales.

Iba a muchos eventos, pero la mayoría eran demasiado elegantes, y para ir a la escuela tenía un uniforme diario que rotaba entre pantalones de traje de corte acampanado con una camiseta ajustada básica o un jersey, o unas faldas cortas con unas medias oscuras y un jersey.

Todo de colores neutros. No era una persona que experimentara mucho con su estilo en su día a día, para eso estaban los eventos, por lo que me costaba encontrar un punto medio para estas ocasiones.

Además, sabía que a Fiero le gustaba cuando usaba cosas recatadas y colores claros.

No había problema porque casi toda mi ropa era así, pero aun así, siempre me encontraba con no saber qué ponerme.

Él iría con una camisa y unos pantalones de traje, como solía hacer, e iba arreglado, pero no lo suficiente para uno de esos bonitos vestidos largos con telas exóticas.

Así que opté por un vestido grisáceo de escote barco.

Era largo, elegante y abrigado, teniendo en cuenta el frío y la humedad que me encontraría fuera, necesitaba estar bien abrigada.

Me puse el collar de Van Cleef con detalles blancos, los pendientes de oro que siempre llevaba y un anillo sencillo.

Cuando terminé, solo pasaron cinco minutos hasta que Rodrigo me avisó que ya me estaba esperando.

✦

Fiero había reservado en un restaurante pegado al río Arno.

Desde la ventana se podía observar cómo las brillantes luces se reflejaban en él.

El Ponte Vecchio, un poco más alejado, también se podía apreciar que seguía transitado a pesar de estar bajo la luz de la fría noche.

No tardaron en venir para pedir las bebidas.

No solía pedir alcohol, pero intentando ahogar la incomodidad que me había envuelto desde que entré en el coche, decidí pedir un poco de vino blanco, esperando que hiciera más llevadera la noche.

—La ocasión lo merece, ¿no es así? —Fiero levantó su copa y yo le imité.

Estaba mal estar aquí con él como si nada, cuando realmente era cada día más consciente de que deseaba acabar con nuestra relación.

—¿Has estado alguna vez en este sitio?

—No— contesté.

Mis padres y yo dejamos de salir juntos hace unos años, cuando todo en casa comenzó a torcerse, pero eso Fiero no lo sabía porque, ante miradas externas, seguíamos viéndonos como una familia unida.

—Es bonito —añadí.

Era un edificio antiguo que habían reformado para hacer un hotel de lujo.

Su restaurante tenía una estrella Michelin y un aire sofisticado, pero no demasiado exclusivo.

Era un lugar agradable y tranquilo. Las mesas estaban alejadas unas de otras, dando la suficiente privacidad, lo cual agradecía.

Y una suave melodía sonaba, envolviendo el lugar en un ambiente acogedor.

—Es uno de mis restaurantes favoritos, la comida es exquisita, pero lo que siempre me ha gustado más de este sitio eran las vistas al río —su mirada se volvió a las oscuras aguas—. Cuando era pequeño, me quedaba embobado la mitad del tiempo.

Sus palabras fueron como una punzada. Justo en la nostalgia que me invadía cada vez que recordaba a Fiero de pequeño.

Cada vez que recordaba nuestra infancia juntos, echaba de menos ese tiempo.

No soportaba en lo que se había convertido nuestra relación, pero Fiero parecía contento con ella, y parte de mí no lo entendía.

No entendía cómo ni por qué comenzaron las discusiones.

Cómo ni cuándo nuestra complicidad se fue desvaneciendo como lo estaban haciendo ahora nuestros Dones.

Él siempre era ajeno a todo. No comprendía cómo no era consciente de lo que ocurría a su alrededor, de lo que ocurría entre nosotros.

Tampoco era algo que ocultara, solo hacía falta ver todas las veces que discutíamos, era obvio que la relación iba mal.

—Te has puesto demasiado seria de repente. —Su mirada volvió a mí, preocupada.

—Estaba recordando nuestra infancia, a veces la echo de menos. —No sé por qué lo dije, tal vez buscaba el mismo sentimiento por su parte, que me entendiera mejor, o simplemente quería borrar lo culpable que me sentía mostrando la verdad de otra forma.

—Yo también la echo de menos a veces, pero lo que tenemos ahora es incluso mejor, Aless. —Sus ojos brillaban y me tomó la mano, una caricia que me abrasaba. Obligué a mis labios a curvarse, intentando no apartar mi mano al instante.

Hoy no le iba a romper el corazón, no podía.

Pero me temía no estar nunca preparada para hacerlo.

Tal vez no tendría que hacerlo, podría ser una mala racha.

Una mala racha que llevaba meses extendiéndose…

Aunque si lo que me contó mi padre era real, no importaba nada más, porque tal vez la última palabra no era mía.

Por suerte, la conversación pasó a temas más triviales, y por fin pude respirar libre sin sentir que no merecía hacerlo.

La comida llegó, olía a mil maravillas a pesar de ser platos tan pequeños.

Iba a meter el tenedor en el plato antes de que Fiero me interrumpiera para echar una foto cogiéndome la mano.

Sabía que no me gustaba que subiese todo lo que hacíamos, al menos ya abandonó la idea de que posara para sus fotos.

En eso éramos como el día y la noche, él subía cosas constantemente y yo tan solo cuando era necesario para promociones o sesiones de fotos que me pedían que lo subiera a mi perfil.

A pesar de eso, millones de personas me seguían, y eso me abrumaba, supongo que era una de las razones por las que evitaba las redes.

En dos minutos nuestra foto ya estaba en todos lados.

—Deberías empezar a subir las cosas cuando ya estemos en casa.

—¿Y eso por qué?

No me podía creer que me estuviera preguntando eso en serio.

—Fiero puede ser peligroso, los paparazzis no tardarán en venir. —Mi tono se volvió algo más duro, pero estaba cansada de tener que hacerle razonar.

Se quedó en silencio, mirando el teléfono durante unos largos segundos.

—Tienes razón —dijo finalmente. —Perdona —añadió como si eso arreglara algo.