Entre Rosas y Sueños Capítulo 4 #2
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Capítulo 4 #2

El timbre tocó mientras Giu y Fiero seguían discutiendo sobre qué parejas pensaban que se crearían en la Mascherata, el evento de San Valentín que celebraba La Élite para que sus hijos conocieran a los hijos de otros millonarios de toda Italia y crearan nuevos vínculos que pudieran acabar en matrimonio.

Tan rápido como lo hablamos, se me olvidaron los nombres de todos.

Quitando las veces que Fiero intentó provocar a Giu diciendo que ella y Marco, un amigo de ambos y que también pertenecía a La Élite, seguro que acabarían juntos esa noche, y a pesar de que rara vez conseguía leer a la gente, sentí que la risa de Giu era más incómoda y forzada que sincera y vergonzosa.

Las siguientes clases se pasaron algo más lentas, supongo que las ganas de llegar a casa para sonsacarle a mi padre información sobre la reunión influían en ello.

Así que cuando sonó el timbre recogí rápido y me fui camino al aparcamiento donde me esperaba Rodrigo.

Muchas veces volvía con Fiero, pero hoy tenía entrenamiento y no volvería a casa hasta más tarde.

—Aless —la voz de Fiero me buscó en la salida.

—¿Te apetece que vayamos a cenar este viernes por la noche?

—Me quedé en silencio, gran parte de mí decía que no, pero tampoco merecía que lo evitase—.

Como llevamos tiempo sin hacer un plan juntos fuera de la escuela o vernos en tu casa, pensaba que sería buena idea que hagamos algo diferente.

—Sí, claro, el viernes nos vemos —contesté finalmente y la sonrisa de Fiero se expandió.

Tenía una sonrisa bonita. Brillante y perfecta, encajaba con la forma con la que había crecido, aprendiendo a ser un caballero.

Traté de imitarle, pero rara vez mi boca mostraba algo más que una sonrisa cerrada.

Nunca fui una persona muy sonriente y, a pesar de lo entrenada que estaba para las entrevistas, en la realidad no se me hacía tan sencillo.

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Al llegar a casa, subí corriendo a dejar mis cosas y después fui a la cocina, donde mi padre me esperaba frente a un humeante plato de comida. El olor salado y especiado hizo que mi estómago rugiera.

—Hola, hija. ¿Cómo ha ido el día? —preguntó mi padre cuando me vio acercarme.

—Como siempre —y es que rara vez pasaba algo interesante—, ¿a ti cómo te ha ido la reunión? —fui directa a lo que me preocupaba.

—No tan bien como esperaba —ahora que me sentaba a su lado veía las arrugas que estaban formadas en su frente. Aunque llevaba así desde el evento de inicio de año.

En un principio, ese evento se hizo para dar comienzo al año y crear nuevas negociaciones, pero últimamente era una competencia para ver quién ganaba más dinero.

Este año habíamos caído en el top 4 cuando nunca salíamos del top 3, pero lo preocupante era que en general el capital de todas las familias había caído varias cifras.

Entendía que le podría preocupar a mi padre, pero a mí me parecían estúpidas esas comparaciones, tan solo creaban más rivalidades y necesidad de mirar por encima del hombro.

Se remangó antes de volver su mirada hacia mí. Una mirada que desvió cuando las primeras palabras salieron de su boca.

—Luego hablaremos, hay un tema que te incumbe.

Silencio.

Eso era todo lo que quedaba en la cocina, además de mi acelerado corazón.

Cuando miré la comida, dejó de parecer apetitosa, y sabía tan amarga como un diente de león. No imaginaba qué podía ser, pero, teniendo en cuenta el mal humor de mi padre, no parecía nada agradable. Y no sabía si estaba preparada para enfrentarme a algo más.

No tardé mucho en acercarme al despacho de mi padre, si me quedaba en mi habitación, los nervios me carcomerían. Así que, nada más terminar de comer, puse rumbo al despacho. Cuando entré, aún persistía el fuerte olor a espresso que se tomaba después de cada comida de forma casi religiosa.

—¿De qué querías hablar? —pregunté en cuanto me senté en el sofá, después de tantos años, ya parecía tener mi nombre grabado.

Suspiró antes de mirarme.

—No hay buenas noticias —mi padre era directo, así que no me sorprendían sus palabras, no me esperaba que me endulzara lo que fuese a contarme—. Los Dones se están debilitando. Aunque imagino que eso ya lo estabas notando.

Asentí. No era algo que me pillase por sorpresa, pero por cómo me miró ya sabía que lo próximo que iba a decir no me iba a gustar.

—Hay otra cosa. Una profecía que os deja a ti y a Fiero en mala posición.

Me quedé sin respiración. No tenía sentido, ¿a qué se refería con una profecía? Pero no fue esa la pregunta que salió de mis labios.

—¿Cómo que nos deja a Fiero y a mí en mala posición? —Lo de los Dones no me extrañaba tanto, mi rosa enferma entonces tendría más sentido, pero la profecía fue algo que no me podía ni imaginar.

—Al parecer, ambas cosas van de la mano.

Hay una vieja profecía que dice que cuando dos herederos de los Dioses, un hombre y una mujer, que coinciden en edad y se emparejan, la Era de los Dioses se acabará —explicó dejándome completamente perpleja—.

Al parecer es lo que han podido descifrar de ella.

Está escrita en latín, y la frase no es clara, como si fuese un acertijo.

Me dejó tiempo para procesarlo. Pero no tenía sentido nada de lo que estaba escuchando.

—Entonces, ¿quieren que Fiero y yo rompamos? —era el único lugar donde era capaz de llegar mi mente en este momento.

Mi padre negó.

—Son de un Dios y una Diosa específicos, no está demostrado que sea justo la Diosa de nuestra familia y el Dios de los Di Petra, pero teniendo en cuenta que los Dones de todos se están debilitando, están saltando las alarmas y las familias no están contentas.

Mi mente no era capaz de procesar lo que me había contado mi padre.

Me parecía algo sacado de un cuento, aunque en los cuentos supongo que también habría pactos con los Dioses y magia que podría equivaler a nuestros Dones.

Pero, por otra parte, sentía alivio. Si al final Fiero y yo teníamos que dejarlo por un mal mayor, no sería yo quien le causara ningún tipo de malestar.

—Todo está por debatir aún, ya que mientras todo sea por un trato y no haya un lazo real, no habría problema. Estamos tratando de socavar información y atar los cabos sueltos, pero será hablado con los Di Petra antes de tomar una decisión.

Asentí, tratando de procesar la información, pero mi mente solo daba vueltas a las posibilidades, lo que significaría que Fiero y yo fuésemos parte de la profecía. La Élite haría lo posible por seguir teniendo sus Dones, su fortuna.

Esa noche soñé con profecías que se hacían realidad y ojos negros azabache, pero nada aparentaba ser una pesadilla, de hecho, cuando desperté, quise dormirme de nuevo. Volver a esa mirada oscura que parecía un enigma más en mi vida.