ENTRE NOTAS DE TANGO LA COLGADA
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LA COLGADA

Miles de kilómetros al norte, Geraldine le sirve el almuerzo a Mario.

Ha gastado miles de dólares en boletos de avión para traer de La Argentina a Mario y a Silvia, además de darles alojamiento y alimentos; como promotora que es, busca en todo momento dónde presentarlos para recuperar su inversión.

Le da un boleto de avión a Mario y otro a Silvia y les informa que en dos días deberán dar exhibiciones de tango en San Diego, California, y que no podrán iniciar el crucero a Acapulco con ella y Giovanni.

—Tranquila, Geraldine, estoy hasta el orto de las exhibiciones en los cruceros porque he bailado tanto sobre del agua que ni Jesús podría romper mi récord.

—Jajaja, vos siempre tan ocurrente, escucháme, che, después de San Diego vuelan a Acapulco donde actuarán frente a presidentes e industriales de América Latina.

—Tranquila, Geraldine, no te dejés impresionar por políticos corruptos. El año pasado bailé ante reyes árabes, estoy acostumbrado a las miradas siniestras, jajaja.

—Giovanni y yo los esperaremos en Acapulco para la exhibición de El Fuerte San Diego. En el crucero de regreso a San Diego viajaremos juntos y darán un par de exhibiciones más.

—Está bien pero voy a necesitar ropa, ¿me podés dar algo de plata?

—¡Apenas hace una semana los llevé al almacén! Silvia y vos van a tener que practicar mucho, una oportunidad como esta los puede llevar a laburar a Forever Tango.

Mario no soporta a Silvia. Semanas antes Cristine salió de su vida y no hay tiempo para preparar a Michele, su nueva amante y mejor amiga de Cristine. Con gestos de descontento Mario se dirige a Silvia del mismo modo cuando la trajo a Michigan.

—Nena, vamos a practicar las próximas 48 horas sin descanso para hacer un buen papel en San Diego y Acapulco, ¡por la concha de tu madre, no me vas hacer quedar mal frente a todos esos personajes!

—Dejaté de joder, vago de mierda, soy mejor bailarina que vos, ya estoy hasta el orto de tus críticas y si no te gusta cómo bailo llevaté a Cristine, después de todo ya han dado exhibiciones de desfiguros en público.

—Cristine baila mejor que vos.

—Sí cómo no, la mina será muy buena para atragantarse con tu ganso pero no sabe dónde está parada, jajaja.

—Chicos, dejen de pelear, les va a hacer daño el almuerzo. Mario, ¿quieres más café?

Tres días después Geraldine y Giovanni recorren El Fuerte San Diego de Acapulco.

—Este lugar me parece demasiado pequeño para albergar a 50 personas, no sé dónde piensan meter cinco mil.

—Tal vez entendiste mal, Din, ¿segura que no dijeron 50?

—Ni para 50 sirve, cuando Mario lo vea no va a querer dar una exhibición aquí; voy a hablar con el promotor para que cambie la demostración a un hotel de lujo.

Cuando la luz de las estrellas desafía al crepúsculo que comienza a posesionarse de la bahía de Acapulco, en El Fuerte San Diego, vestidos como meseros, Alejandro Benítez y el general Moreno observan el resplandor del campo magnético que protege a presidentes, industriales y líderes de Ancianos Con Dignidad.

Alejandro no ha podido cerrar los ojos las últimas 72 horas y observa el espectáculo de luz sin poder apartar de su mente a Juan Márquez y Miguel Linares.

El general Moreno, que está parado a su lado, se quita los lentes:

—¡Carajo, casi se puede decir que todo esto es bello! ¿No te parece, Alejandro?

—Sí, pero estas puterías se van a terminar muy pronto.

La luz de las brillantes estrellas únicamente puede ser vista con los lentes especiales que usan ellos, como el halo magnético que protege a los presidentes Madison, Sánchez Leyva y cinco mil industriales.

El Fuerte San Diego brinda un banquete con personal de cocina, meseros y servicio de seguridad compuesto por reproducciones genéticas y hace imposible una eliminación mediante envenenamiento por parte de Mueran Los Ancianos.

También, la azotea está prácticamente blindada.

Alejandro es responsable de la eliminación de los mandatarios; en una operación de tal magnitud, con doce hombres no es un rival serio para enfrentar reproducciones genéticas altamente armadas.

Una hora después es informado que han eliminado de manera quirúrgica a la mayor parte de su grupo de jóvenes que había subido al techo.

El general Moreno no quiere matar a ningún anciano, irónicamente es la mejor carta para hacerlo con medio centenar de hombres a su mando.

Ordena a un pelotón vestido de negro que, cubierto por las sombras de la noche, escale con sigilo el muro para entrar al Fuerte, pero una nave de seguridad a la distancia los detecta y elimina en silencio a la mayoría.

La noche transcurre sin ningún aparente contratiempo dentro de El Fuerte San Diego.

Nadie ajeno ha notado la operación. Mario y Silvia están anunciados para dar una exhibición de tango, pero en realidad volvieron a reñir y regresaron a Detroit por caminos separados.

El general Moreno y Alejandro son informados del fracaso de la incursión en los muros del Fuerte, el grupo encargado de eliminar a los políticos e industriales ha quedado reducido a trece hombres.

—Trece contra el mundo, ¡es una cabrona fantasía bíblica! —dice uno de ellos.

—¡Nuestra misión no ha terminado y esta noche eliminaremos a todos estos hijos de la gran puta!

—Si lo logramos sería algo que ni Jesús y sus doce apóstoles habrían podido hacer —añade entre-dientes otro de los hombres.

—¡Nuestra misión no ha terminado y esta noche eliminaremos a todos estos hijos de la gran puta! —repite enérgicamente el general Moreno.

Alejandro opina lo mismo y, ataviado en su uniforme de capitán de meseros, piensa llegar a la mesa principal y atiborrar de plomo a todos sus integrantes.

Mientras tanto, dos bailarines locales toman la pista para dar la exhibición y entre notas de tango el general Moreno y el resto del grupo sube a la azotea para posicionarse con discreción disfrazados de meseros entre las reproducciones genéticas altamente armadas.

Alejandro llega a la mesa principal con una gran botella de vino que en realidad es el estuche de un arma y apunta contra mandatarios e industriales.

Frank Hall pilotea una de las naves de seguridad, está por regresar al transbordador de apoyo y al identificar en la azotea al grupo de infiltrados abre los ojos al máximo:

—¡Malditos perros sarnosos! ¿De dónde salen? ¡Ahora mismo van a ser transferidos al infierno!

El grupo nota la lluvia de fuego que cae del helicóptero, y también es atacado por las reproducciones genéticas ubicadas en la misma azotea; alcanza el grupo a disparar contra la nave, que explota cinematográficamente sobre el mar, cumpliéndose la profética pesadilla de Geraldine Hall.

A las dos de la mañana los noticieros del mundo informan de un ataque terrorista que destruyó El Fuerte San Diego, mienten porque fue demolido por Ancianos Con Dignidad con explosivos previamente colocados en lugares estratégicos.

El general Robles está volando de Guadalajara a San Diego, California. Acude a una reunión de emergencia con José Landagaray y Giovanni Orfanelli. El grupo Mueran Los Ancianos ha quedado sin representantes con la ausencia de Miguel Linares, Juan Márquez, Alejandro Benítez y el general Moreno.

Dos días antes del ataque de Ancianos Con Dignidad a El Fuerte San Diego, un crucero de lujo zarpó de Acapulco.

En este momento mil doscientos pasajeros disfrutan del incomparable espectáculo de la vía láctea y otros están en la pista de baile de cubierta donde se comienza a escuchar un tango.

José y Blanca Estela, que luce como una diosa ataviada en un vestido lila, son los primeros en bailar.

Él está acostumbrado a las miradas morbosas con que los hombres se comen a sus mujeres y se concentra en la música, sin embargo, al marcar una serie de ganchos y sacadas, su mente viaja a sus años jóvenes.

José a los veintiséis años conmueve al país con un libro del supuesto romance entre La Virgen de Guadalupe y Juan Diego.

La Iglesia lo excomulga y esa publicidad hace que su obra rompa récord de ventas.

La controversia lo sigue en su vida privada; en el edificio donde vive desvela a sus vecinos con las sinfonías de Handel, y cuando con el cansancio acumulado de días logran dormir, los despierta con la música de milonga y tango, esto provoca una nueva avalancha de protestas que parece inspirarlo más: sus mejores escritos los realiza de madrugada.

A la mañana siguiente, cuando los vecinos salen a la calle, tropiezan con botellas vacías de vino frente a la puerta de su departamento. A las once de la mañana José hace su aparición y sus vecinas aprovechan para reclamar por el escándalo.

—Rumores, queridas damas, únicamente son rumores que inventan contra poetas y escritores —responde José y eructa vino detrás de una bufanda, un recital de poemas en francés y apoyándose en un bastón que realmente no necesita.

—Por favor no permitan que nadie se atreva a despertarme de este bello sueño.

Mira a su alrededor como alguien que escucha voces divinas y continúa:

—Me encuentro en el lugar más bello de la gloria, lo único que escucho es un bello canto de ángeles que flotan en mi entorno. Dios mío, si en toda mi vida nunca me acordé de ti, ¿por qué me habeis traído a tu santo reino?

El discurso con su pausada voz, que más bien es un poema, está tan bien organizado que las mujeres de momento olvidan la queja.

—Ahora sólo espero que las siguientes noches envíes a estos bellos ángeles a mi departamento para darles clases de tango, besos y copitas de vino, y en francés les recitaré algunos de mis poemas de amor.

No todas las mujeres se rinden a sus ladinas palabras. María, la del 202, rompe el embrujo y con voz autoritaria grita:

—¡Qué tango ni qué tango, ángeles, vino y poesías o la madre que lo parió, cabrón viejo loco!

La expresión anterior la acompaña con señas grotescas.

—Y no intente impresionarnos con su acento español, todas sabemos que es de aquí de Jalisco y más mexicano que el tequila.