ENTRE NOTAS DE TANGO LA VOLCADA
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LA VOLCADA

En la Ciudad de México el grupo de jóvenes continúa fumando mariguana e inhalan cocaína, persiguen ancianos y los atacan de muerte.

Cuauhtémoc aún intenta despegarse de su pedestal y dentro del bar Blanca Estela y José se incorporan y van a la pista a bailar.

Desde su mesa Miguel Linares se pasa la mano por el mentón, no puede quitar la mirada de Blanca Estela, quien le recuerda a alguien que ha visto recientemente. Lo distrae la invitación de Jennifer.

—Miguel, sabes cómo me gusta esta milonga, anda, llévame a bailar o te cambio por ese señor de negro, mira qué bien baila, ha de ser maestro de tango y ella su alumna, vamos, Miguel, la milonga como es tan alegre y tan rápida es muy buena para el sistema cardiovascular.

Entre notas de tango y copas de vino pasa inadvertida la mesa de Giovanni Orfanelli y Karla Castellanos, quien acepta una invitación a bailar mientras él escribe algún mensaje en un teléfono inteligente.

Cuauhtémoc se mantiene en su pedestal y observa al grupo de jóvenes que, bajo los efectos de la droga, bailan a sus pies y han asesinado ya a varios ancianos.

De pronto, se paralizan; escuchan el chillante rechinar de los neumáticos de dos camionetas que a gran velocidad tratan de eludir las luces láser de tres coches que las persiguen.

En las maniobras de evasión, al llegar a la glorieta, se impactan contra el monumento.

Las puertas de las camionetas se abren entre el reinicio de disparos, de ellas dos hombres salen y uno carga una mujer ensangrentada.

Otra mujer más se observa recargada, inmóvil, en el interior del parabrisas de una de las camionetas abandonadas.

—¡Vamos, Linares, ya nada podemos hacer por ella!

Linares ignora la voz y corre con el cuerpo herido de Jennifer entre sus brazos.

El enfrentamiento de esta madrugada frente al monumento de Cuauhtémoc es la respuesta de Ancianos Con Dignidad por los doce millones de adultos mayores que han sido asesinados en el mundo.

José Landagaray y Giovanni Orfanelli son coordinadores de la batalla e infiltraron al grupo Mueran Los Ancianos a Karla Castellanos que en realidad es Hortensia González/Azucena Montero.

Miguel Linares sigue corriendo entre disparos mientras lo cubre Juan Márquez.

—¡Tenemos que llegar a las alcantarillas y desaparecer de la superficie para estar seguros!

—grita Juan entre balazos sin dejar de disparar al lado de Miguel Linares, quien se siente un cobarde por buscar refugio sin tocar su arma pero lo único que ahora importa es la vida de Jennifer.

Antes de entrar a los colectores una mujer que los perseguía le dispara y cae herido, se desploma, con Jennifer en sus brazos.

Tampoco su compañero alcanza a ingresar, instantes antes que Miguel Linares también recibió un tiro.

Dos camiones del ejército llegan al monumento de Cuauhtémoc con órdenes de controlar y arrestar a los jóvenes de las drogas. Fueron denunciados por drogadicción y asesinar ancianos.

El general Moreno impacta a varios de los perseguidos.

El grupo de atacantes continúa disparando y el fuego cruzado hiere a Karla, que cae al suelo, y en un brazo a Cuauhtémoc, que al verse herido apunta su lanza contra uno de los atacantes y, con la fuerza de 500 años de frustraciones, lo clava en el piso.

Con la seguridad de la tapa de la alcantarilla sobre sus cabezas, varios de los perseguidos se pierden en el laberinto de las cañerías.

Desde el piso ciento veintitrés de un hotel cercano, Giovanni y José, que han estado dirigiendo el ataque, se han enterado de que Miguel Linares ha sido alcanzado por un proyectil.

De los camiones del ejército bajan dos pelotones con sus fusiles automáticos y entre disparos persiguen a los jóvenes asesinos y buscan arrestar a todos quienes corren, portan armas y se enfrentan a balazos.

Las detonaciones de la batalla llegan al departamento de Michael Pérez, embajador de Estados Unidos.

Alina Fernández, la amante de Juan Márquez, entre tragos de whisky le da una clase privada de tango argentino, ha logrado saber dónde están guardadas las copias genéticas de la presidenta Madison, el presidente Sánchez Leyva y cinco mil industriales.

Con ganchos, apretados abrazos y roces pélvicos dan las tres de la mañana y al embajador lo vence el sueño por el alcohol.

Alina extrae la información y al llegar a la residencia que comparte con Juan, cierra la puerta y arroja las llaves sobre la mesa de la cocina:

—¡Hola, caramelo santo, despierta ya llegó a quien le tienes que besar los pies! No me digas que aún estás en la cama… ¿Así es como me vas a mantener y quitarme de trabajar hijo de puta? ¡Ay, contéstame mi negrito santo!

Abre la puerta de la alcoba de un puntapié y lo primero que ve es la luz intermitente del contestador. Hay más de diez llamadas. La cama a un costado está tendida.

—Alina, ocurrió una tragedia, por favor véngase al Hospital Lluvia Sagrada.

Con la sangre corriéndole fria por el interior de todo su cuerpo y un sudor caliente fuera de él, Alina recoge las llaves y sale corriendo de la casa.

En el hospital, nada se ha podido hacer por Ann Logan, quien murió en una de las camionetas.

Tampoco se pudo arrebatar de la muerte a Karla Castellanos.

Excepto por las medallas que llevan en el cuello, Juan Márquez y Miguel Linares son idénticos.

Juan porta la Virgen de Guadalupe y Linares la Virgen de Luján.

El primero está por perder la batalla con la muerte al ser impactado por una bala en los pulmones.

Alina, que ha llegado al hospital y ha atravesado los pasillos, al ver la escena frente a ella pierde la chispa de los ojos y con voz de murmullo se acerca a la camilla y le dice a su amante:

—Juan, tengo muy buenas noticias de la clase de tango, por favor dime que todo esto es una de tus bromas, vamos, una sonrisita, recuerda que mañana salimos de vacaciones a la selva de Chiapas.

Al no obtener respuesta, le vuelve a decir al oído con gran dolor mientras se recarga en su cuerpo tendido:

—Juan, por favor no te vayas de mi lado.

Él le oprime levemente la mano y aún con las palabras de la mujer en sus oídos, muere entre sus brazos.

Al lado de ellos, en otra cama, una máscara de oxígeno cubre el rostro de Miguel Linares, se encuentra inconsciente, respira pero no responde a ningún estímulo, por el disparo en la cabeza que recibió de Karla al intentar entrar en la alcantarilla.

En el tercer piso del hospital se encuentra Jennifer, que fue operada de un hombro y está saliendo de la anestesia, en ese camino se introduce en un sueño: el sol brilla intensamente sobre la fría ciudad de Detroit y desde las alturas se ven grandes témpanos de hielo flotar sobre el río que lleva el nombre de la ciudad y lo separa de Canadá.

La última semana de febrero llega con el cumpleaños número doce de Jennifer y como obsequio recibe una lección de vuelo por parte de su padre.

La calma que se respira dentro de la fantasía de pronto se ve violada con una explosión que sacude violentamente a la avioneta.

—¡Papi, papi, nos vamos a estrellar contra el río! —grita Jennifer y gira la cabeza hacia su padre, que ha sido herido en la cabeza y sangra abundantemente; el terror que corre por sus venas supera al frío de la intemperie.

—¡Papi, Papi, nos vamos a estrellar contra el río!

Los gritos la acompañan y da manotazos al despertar de la anestesia. Una vez más ha experimentado la pesadilla que la sigue desde los doce años.