ENTRE NOTAS DE TANGO EL ARRASTRE #3
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EL ARRASTRE #3

Blanca Estela lo besa en la mejilla por pensar en su hermanito.

Junto con Raquel comienza a subir la escalera, adelantándose porque sube corriendo tal como recuerda haberlo hecho en sus sueños.

Al llegar al descanso se detiene súbitamente ante una enorme pintura que cuelga frente a ella, con la imagen de lo que le parece ¡el diablo!

Raquel la alcanza y le confiesa que también ella se asusta en ese lugar.

—Llevo años trabajando con el maestro y una nunca se acostumbra a ver estas cosas tan feas —dice al recuperar el aliento y trata de no ver de frente a la pintura.

—El maestro asegura que es arte y que los cuernos son puro misticismo o algo así. El señor cura, cuando viene a jugar ajedrez, dice que lo único de arte es el cuadro, labrado a mano, los cuernos y la cola en la pintura sí son del chamuco.

—¿Y qué responde José?

—Pos él dice que es un símbolo masón y que la gente no comprende.

—A mí me parece un chivo muy serio.

—Es el puro chamuco, señorita Blanca. Cuando el maestro no ve al señor cura le hace la señal de la cruz desde lejos a la pintura, incluso alguna vez la roció con agua bendita. ¿Verdad que hasta parece que esta esquina huele a azufre?

—Ya no siga, creo que es su imaginación.

Sin sobreponerse al miedo escalan el resto de la escalera. Avanzan por un largo pasillo apretándose fuertemente de las manos. Llegan a la entrada del aposento que Blanca Estela compartirá con José, donde está echado Marco Polo.

—Señorita Blanca, usted ha de ser un ser muy importante para el maestro. A Marco Polo ni a mí nos deja acercarnos a este lugar.

Blanca Estela se arrodilla y abraza al mastín.

—El Exterminador y yo vamos a ser amigos, mire qué ojos tan tiernos tiene el angelito.

—¿Angelito? Si viera cómo me gruñe y me pela los dientes el condenado cada vez que subo a trapear el pasillo.

—Se ha de poner celoso por tantas mujeres que entran a este aposento.

—¡Eso sí que no señorita Blanca! El maestro ha tenido muchas amantes pero a ninguna le había permitido subir a su habitación, es más, después de que murió su esposa Eva, pasó muchos años sin dormir aquí en Ajijic, cinco años o más vivió en el departamento que tiene en Guadalajara.

Los ojos de Blanca Estela se enternecen al conocer la viudez y la cruz que carga José.

—No me diga más, yo pensaba que José era un soltero empedernido.

—De ninguna manera.

—¿Y de qué murió la señora Eva?

—Creo que de cáncer del hígado, eso pasó hace muchos años, figúrese que el maestro se casó cuando tenía veintiún años y el pobre sólo pudo ser feliz cinco, que fue lo que duró su matrimonio.

—Pobre José, tanto que ha sufrido.

—El maestro tuvo años muy difíciles después de perder a su esposa.

No tenía sosiego en ningún momento y pasaba días y noches sin dormir.

No comía y no salía con nadie, sólo tomaba café negro, y tampoco trabajaba ni escribía.

En el piano tocaba el concierto que Bach le compuso a María Bárbara, su primera esposa, dicen que lo escribió porque cuando regresó de un viaje la encontró muerta.

—Me ha impresionado mucho con lo que me cuenta de José, y los conocimientos que usted tiene de música clásica…

—Brincos diera, eso de Bach me lo contó Doña Luisa Reyes, que vive en una de las habitaciones junto a la biblioteca; si no salió a recibirla fue porque toma su siesta, figúrate que la pobrecita anda en los noventa y se cansa muy rápido.

—¿Ella es la abuelita de José?

—No, pero Doña Luisa Reyes conoce muy bien la vida del maestro, lleva más de cuarenta años trabajando aquí.

—Pobre señora tener que laborar a su edad.

—Doña Luisa Reyes es nuestra patrona y nunca ha trabajado aquí. El maestro desde el día que la trajo a la mansión la adoptó como su madre.

—Qué bueno es José, no me diga que es huérfano.

—Eso sí no lo sé.

—Qué afortunado es José con la compañía de tan buenas mujeres.

—Sólo un santo como él aguanta a tanta vieja loca, jajaja.

—Por eso es que José escribe tantos poemas.

—El maestro tiene unos poemas muy raros, yo no les entiendo nadita.

—Quiero conocer a la señora Reyes.

—Después se la presento, le va a encantar, es muy dulce y quiere tanto al maestro.

—Ahora comprendo por qué sentí una gran paz en el alma el día que conocí a José.

—El maestro también adoptó a mucha gente de la calle, pero esos pordioseros venían con malas mañas y lo estafaban.

Blanca Estela acaricia a Marco Polo.

—Después de mucho tiempo el maestro comenzó a escribir sus libros y regresó a dar clases a la universidad. Aquí tenía algunas reuniones, los fines de semana lo ahogaba la nostalgia, el pobrecito tenía tantos recuerdos de su esposa.

—Una simple despedida duele, decir adiós a su compañera debió ser terrible.

—Cuando ella vivía dejaba todo y se iban a la casa de Vallarta, el fin de semana llamaba por teléfono a amigos, tomaba su coche y se iban a bailar tango argentino a Guadalajara, no regresaban hasta el lunes por la mañana, ah!

, y cuando no le contestaban el teléfono se llevaba a Pablo y a Manuel, el jardinero y el chofer.

—¿José baila tango argentino?

—Pos luego, ¿dónde ha visto que a un bohemio no le guste el tango?

—José me habló de su afición por la guitarra pero no mencionó el tango.

—Con decirle que en su coche se iba a bailar o tomaba el avión a Ciudad de México, muchas veces llamó a Doña Luisa Reyes desde Buenos Aires y de París, ¡figúrate que allí le amanecía bailando el dichoso tango!

—José debe conocer el mundo.

—El maestro ha viajado en busca de la mala mamá que lo abandonó cuando tenía seis añitos.

—Ay no me diga eso, tan contento que se ve José con la vida.

—El pobre necesitaba tener la mente ocupada, la ansiedad de no saber de su mamá y el recuerdo de su esposa le robaban la calma, y dicen que para eso no hay nada mejor que el tango; es un acertijo de mucha concentración al grado de que muchos se pierden y se pasan la vida repitiendo el paso básico.

—Ay que triste ha sido la vida de José.

—A doña Luisa Reyes le dijo que perdió el alma el día que murió su esposa, y no sé si sepa esto señorita Blanca, pero cuando el amor se va se lleva el alma y la felicidad, por eso perdemos el sueño, ¡porque sin el alma el cuerpo no puede soñar!

—Siempre pensé que mi vida era difícil…

—El maestro ha sufrido mucho, pero eso se acabó, con usted el amor ha regresado a su vida, y cuando eso pasa perdemos el hambre porque el alma se alimenta de amor y felicidad.

—¿Y por qué también perdemos el sueño?

—Porque cuando el amor llega el alma sueña despierta.

—¡No sabe el gusto que me da saber que José ha superado el doloroso pasado!

—¿Nunca ha escuchado llorar a un hombre, señorita Blanca?

Eso sí es muy triste, ellos son tan fuertes y ante el mundo nunca lloran, pero Doña Luisa Reyes muchas veces escuchó llorar a solas al maestro; aun con todos los libros que ha leído y escrito, extrañaba tanto a su mamá y a su esposa.

Y si viera qué bonita era la señora Eva.

—No sé qué José ha visto en mí, ni soy bonita ni sofisticada como describes a su esposa.

—Las personas que llevan la belleza por dentro no ven lo que llevan por fuera. Quiero que sepa una cosa, señorita Blanca: usted es una mujer muy pero muy bonita, algo delgada pero muy hermosa, me recuerda a la esposa del maestro.

—Pero soy tan simple, ¡una cabra del monte al lado de su esposa y las mujeres de la biblioteca! Algunas son cantantes y bailarinas de tango… una rubia me impresionó mucho porque se parece a Marylin Monroe.

—Pues sí es la dichosa Marylin Monroe. Esto no lo sabe mucha gente señorita Blanca, pero la tal Marylin vino varias veces a Vallarta a reunirse con el maestro, pero él nunca mostró ningún interés por ella.

—¿Vino y José nunca se interesó en ella?

—Los hombres son mañosos y gustan de las mujeres fáciles pero cuando en verdad quieren compartir su vida buscan a una mujer decente.

—Esa mujer es la fantasía de todos los hombres del mundo… ¿y José la rechazó?

—La verdad es que esa mujerzuela no era la fantasía de todos los hombres del mundo porque además de lesbiana, puta y drogadicta dicen que estaba pero si bien locota.

—Jajaja, gracias por hacerme reír con sus ocurrencias.

—Como le dije señorita Blanca, el maestro ha tenido muchas amantes, sin embargo de ninguna ha estado enamorado; le juro por mi madre que ya está juzgada por Dios, que a su habitación nunca entró nadie más que su esposa.

—Me hace usted llorar con lo que me cuenta.

—El día que la conoció a usted el maestro llegó cantando y recitando poemas en francés y a todas nos dio chocolates, un abrazo y un beso en la mejilla, después se fue derechito a la habitación de Doña Luisa Reyes.

Desde la cocina escuchamos cuando dijo “Viejita santa, olvidé el tiempo y pido perdón por llegar tarde; conocí a un ser que con una sonrisa me hizo olvidar la soledad. Evita siempre será parte de mis sueños pero ahora quiero hablarle de Blanca Estela, la mujer que me ha hecho ver la cara del amor una vez más. En el camino a casa el llanto me traicionó y sólo Dios sabe cómo no me salí de la autopista.”

—El maestro más tarde le preparó a Doña Luisa un platillo de comida italiana con pastas y mariscos, verdad de Dios que a mí me dio mucho gusto saber que la haya conocido…

Blanca Estela estalla en sollozos que no puede controlar.

—¿Por qué llora usted, señorita Blanca?

—¿Quién soy yo para merecer un hombre tan bueno como José? Ahora entiendo la pintura del descanso.

—Ni me recuerde esa cosa tan escalofriante porque al bajar me tengo que topar con ella.

—Señora Díaz, ¡para llegar al cielo primero hay que pasar por el infierno!

Una hilera de cadenas doradas es la puerta de la alcoba principal. Ya se respira el perfume de flores exóticas.