MILONGA TRASPIÉ #3
Linares y el general Robles están reunidos en el restaurante de un hotel de Cancún.
Desde ahí observan la playa donde se asolea Mónika Mikusova, bella azafata de veinticuatro años que nació en Moscú y está hambrienta de sol.
Mónika ha estado en los rincones más fríos de Europa y es su primera vez en el Caribe mexicano; recuerda los días cuando cruzó La Plaza Roja envuelta en un abrigo de pieles y las miradas morbosas de los hombres.
El frío la seguía hasta su pequeño departamento porque esperar al transporte público en la estación Lenin del metro era como estar dentro de un congelador.
Una vez en su morada se cubría con todo lo que encontraba, y aun así seguía muriéndose de frío, el calor del horno de la estufa no era suficiente para calentar el lugar.
Los sueños de Mónika por conocer el Caribe no terminaban en invierno, un mes completo en la primavera se bañaba con agua helada.
Stalin desde la tumba controla la vida de los rusos con un sistema comunitario de agua caliente totalmente obsoleto.
Los edificios del país no reciben agua caliente todo un mes por razones de mantenimiento, y las primaveras en esa nación, conocida como una de las prisiones más grandes del mundo, son igual de frías que sus inviernos.
Miguel Linares y el general Robles desde la terraza del hotel siguen en la contemplación de la figura de Mónika, que se asolea boca abajo y sin sostén.
—Linares, ¿cuándo nos llegan las putas armas? No te creas las mentiras que te contó el general Moreno, yo soy el único representante de los jóvenes, no él.
—Le recuerdo que estamos ocupados con terrorismo y el proyecto Madison.
—¡Qué terrorismo ni qué la virginidad del Papa!
Sánchez Leyva y Madison van a firmar un documento para exportar órganos humanos a Estados Unidos, ¿y de dónde crees que va a salir el material?
De las putas alcantarillas donde viven muchos jóvenes que no pueden pagar el alto costo de vida en la superficie.
Indocumentados no querrán allá en el norte pero sí partes de sus cuerpos para vivir mil años.
—Rumores de la prensa amarillista, mi general.
—¿Quieres saber una cosa más? El proyecto Madison no sirve de nada si no eliminas las reproducciones genéticas guardadas donde Henry Ford bailó tango.
En este preciso momento llega a la mesa Mónika, quien trabaja bajo las órdenes de Miguel Linares. El general Robles es un hombre que impone respeto, sin embargo ante las mujeres se quita la máscara de hombre serio, y se permitirá disfrutar de las caricias de Mónika.
En la capital del país como en el resto del mundo continúa la lucha por el poder entre jóvenes y ancianos.
Millones de jóvenes para huir de la contaminación y la falta de comestibles, de agua y energéticos, se han sumado a los ancianos.
Debajo de la superficie impera el aire putrefacto pero bien dicen que a todo se acostumbra el ser humano menos a no comer.
Los moradores de este laberinto subterráneo duermen de día y salen a la superficie de noche, así escapan de los ataques de los jóvenes de M.L.A y de los mortales rayos solares.
Juan Márquez es un hombre de 28 años, alto, bien parecido y el mejor bailarín de tango de la ciudad. Vive en los dos mundos sin ningún problema. Meses antes secuestró al magnate William Baldwin y forzó a sus empresas a alimentar a millones de ancianos.
El general Robles despierta después de bailar tango la noche anterior. Durmió con Mónika, que está a su lado, le da unas palmadas en las nalgas y dice:
—Qué importa que de tango no sepas nada, anoche tu belleza dejó a todos con la boca abierta. Eres el mejor tango que he tenido en la cama en mucho tiempo.
Mónika sólo mueve el trasero en respuesta, él hace algunos gestos, se estira, sale de la cama y entra al baño, ahí observa detenidamente su imagen ante el espejo.
—Cómo me han golpeado los senderos que llevan a tu santa gloria. Mujeres me has dado muchas pero a la única que amaré toda la vida es a Sarita.
Abre la billetera y suelta un suspiro, echa un vistazo a una fotografía blanco y negro que ahí lleva y le da un beso.
—Robles, has encontrado la guarida de muchos malhechores pero jamás podido localizar a Sarita —vuelve a ver la fotografía y después de otro suspiro continúa: —¡Luces de 30 años pero no olvides que eres un vejete!
Eres excelente para recorrer el laberinto del tango; del acertijo de la vida no sabes nada y duermes con cualquier puta.
El general Robles sale al patio que da al campo de golf.
Trota más de una hora bajo los rayos del sol y regresa a su habitación.
Ordena desayunos para él y Mónika. Vuelve a entrar al baño.
El general Robles sabe que Mónika trabaja para Miguel Linares pero la derrota de los jóvenes le dicta fingir ignorancia y lo hace sonreír bajo el agua de la ducha.
«El tiempo se ha llevado gran parte de mi vida, a la vez me ha dejado experiencias que me ponen delante de cualquier joven.
Linares es muy listo, aun así nunca podría ponerme en jaque; sus putas armas no nos hacen falta porque a los jóvenes los controlamos con droga, putas colombianas y juegos de computadora.
Sé que no se va a creer lo de la exportación de órganos humanos, los ancianos y los jóvenes de escasos recursos no son tan estúpidos para dejarse cazar como si fueran patos.
Con estos gringos hay que andar avispados, por fuera parecen bobos pero por dentro son astutos y controlan al mundo con hijos de Frankenstein o reproducciones genéticas, que es lo que son todos los líderes del mundo. »