MILONGA TRASPIÉ
Miguel Linares llega días después a Guadalajara, México, para entrevistarse con el general Mateo Robles, líder en el país de Ancianos Con Dignidad (A.C.D.), un hombre de setenta y tres años que no aparenta más de treinta gracias a cirugías plásticas e implantes genéticos.
Es alto y fuerte, piel morena clara, ojos negros y mirada seria pero debajo del uniforme es bohemio, gran jugador de ajedrez y excelente bailarín de tango.
Un día duerme con Macaria, su esposa de treinta años de matrimonio, y el resto de la semana vive con mujeres jóvenes en su departamento de soltero.
El general Robles llegó al mundo lleno de necesidades, sus padres fueron gente de campo y analfabetos.
Fue el más afortunado de sus seis hermanos y cursó hasta segundo año de primaria.
El destino dispuso que llegaría a ser pieza clave en el ajedrez de la vida.
A los ocho años tapizó con periódicos las paredes del pequeño dormitorio que compartía con tres hermanos para impedir que entraran zancudos, y todas las noches cuando todos dormían él, acompañado por la débil luz de una vela, perfeccionó lectura y escritura leyendo las paredes, que con frecuencia actualizaba.
Miguel Linares y su grupo se reúnen con el general Robles en un hotel cerca de la fuente de La Minerva. Robles no es un hombre fácil y Linares piensa manipularlo para eliminar a los ancianos en México.
—General Robles, finalmente tengo el gusto —Miguel Linares le estrecha fuertemente la mano.
—El gusto es mío, señor Linares.
—Como usted ya ha estado en contacto con mis colegas vamos al grano: la presidenta Madison estará aquí en visita oficial el próximo 10 de junio y nuestra misión es eliminar a esa anciana de ochenta años.
—Los ancianos son lentos, no estúpidos.
—Lo sabemos y necesitamos su ayuda para matarla.
—¿Mi ayuda? Vamos, Linares, ustedes tienen gente capacitada para derrotar hasta los escuadrones del cielo.
—Se equivoca, general —le dice mientras le muestra fotos y videos —Madison ya se ha burlado de nosotros y cuando visite el país traerá con ella seis reproducciones genéticas.
—¿Qué cosa es eso? No me hables en chino, Linares, además estoy muy ocupado con M.L.A.
—Solo nunca va a triunfar, necesita armamento especial para pelear contra ellos y el gobierno.
El general Robles se pasa la mano sobre la nariz pretendiendo poner atención.
—Tengo años peleando contra el narco, ¿crees que necesito ayuda contra unos ancianos?
—¿Sabe usted que los líderes de los ancianos se van a reunir en Acapulco?
—Estoy enterado.
—Nunca olvidaremos lo que hicieron con nosotros en Cuba.
—¿Están convocados todos los líderes?
—Así es y urge su colaboración.
—Te repito que pa’ eliminar viejos no necesito ayuda.
—Ir contra reproducciones es como enfrentar fantasmas.
—¡Yo no me trago eso de las copias genéticas!
—Escúcheme general, no sólo son como espíritus, también están envueltos en un campo magnético.
—Washington inventó el fenómeno de los aerolitos para invadir el espacio aéreo de todo el mundo, los jóvenes inventaron la falta de alimentos y el desempleo para matar ancianos, es obvio que los vejetes buscan protegerse.
—Nosotros le proporcionaremos armamento y la tecnología para ver el campo magnético que los protege.
—No hace falta, los viejos están muertos desde que decidieron pelear contra nosotros.
Miguel Linares sabe que el general Robles es anciano. Necesita estar en contacto con él para destruir a su organización.
—No tenemos tiempo que perder, general.
El general Robles también sabe que está frente al líder de M.L.A. Él también quiere estar cerca para destruirlo. Con un apretón de manos acepta ayudar a su grupo. Termina la reunión y cuando el general Robles deja la mesa Miguel Linares dice, siguiendo sus pasos con la mirada:
—Qué buen actor es ese general, sabe quién soy y nunca noté desconfianza en sus ojos.
El general Robles sale a la calle acompañado por cuatro guardaespaldas, entra a su coche y, después de indicar al chofer a dónde dirigirse, dice mirando hacia atrás:
—Linares, te vamos a destruir con tus propias armas.
Miguel Linares llega al puerto de Acapulco. Esta noche se dispone a bailar tango en un hotel; sus acompañantes prefieren la música tropical del décimo piso.
—Benítez, no te desveles, recuerda la cita que tenemos mañana con el general Moreno.
—Antes de que termine tu milonga estamos de regreso —Alejandro Benítez responde mientras apunta hacia Blanca Córdova, quien se queda para aprender tango; en este momento Miguel Linares recibe un mensaje de texto de Jennifer, un viaje de emergencia al hospital por su madre le impide reunirse con él en Acapulco.
El general Pedro Moreno del Valle, un hombre de treita años, alto y espigado, ojos verdes, piel blanca, cabello negro y mejor afeitado que un barón inglés, es el líder
de M.L.A. en México y responsable de la seguridad del presidente Gabriel Sánchez.
Como buen militar deja la cama a las 5:30 a.m. y está terminando de afeitarse frente al espejo del baño donde ve pasar su turbulenta vida.
Como hijo de braceros tuvo una niñez llena de privaciones, sus más vívidos recuerdos son ver a su familia cosechar aguacates, duraznos, naranjas y cerezas; creció con un amargo sabor a la vida por el pesticida y los gringos.
—¡Cabrones gringos, nos traen como calzón de puta pa’ arriba y pa’ bajo, tratan mejor a sus cabrones perros que a nosotros! —muchas veces Pedro Moreno oyó decir a Germán Moreno, su padrastro.
Pedro nació en Estados Unidos, aun así cuando los agentes de Inmigración llegaban al rancho lo ocultaban inmediatamente.
Por las noches y antes de dormir Pedro oyó decir llorando a María del Valle, su madre, cuando ella rezaba frente a La Virgen de Guadalupe: —Ay, virgencita santa, si aquí algún día las balas de estos racistas no nos alcanzan, los pesticidas y el sol sí nos van a acabar.
Germán ha cambiado mucho y siempre culpa de todos los problemas a Pedrito; se me va a partir el alma separarme de mi hijo pero no quiero que siga creciendo así.
Pedro fue producto de una violación que su madre sufrió por agentes de Inmigracion, su padrastro estaba enterado y aceptó dar su apellido pero no su amor.
Al terminar el invierno y un día antes de regresar a California, María decide dejar a Pedro con Macaria, su hermana.
Ella vive en una enorme mansión de Guadalajara con inmensos jardines, es sólo una de las cocineras y Fernando su esposo es el velador.
Pedrito tiene diez años cuando lo dejan en este paraíso que es todo suyo y lo llega a conocer mejor que los dueños, quienes casi siempre están fuera de la ciudad.
En el taller que su tío Fernando tiene en la mansión pasa su tiempo libre examinando con los ojos y después con las manos una mágnum 357, así le nace el amor que después tendrá por las armas y la idea de ser alguien importante en la vida.
Con el aroma de la loción que a manazos se aplica en el rostro el general Pedro Moreno regresa al presente, su penetrante mirada escudriña su semblante en el espejo, después hace lo mismo con el uniforme puesto y llama a su chofer.
A las 8:30 am se reúne en el restaurante del hotel con el grupo de Miguel Linares.
—General Moreno, nosotros le daremos armamento y toda la ayuda de vigilancia satelital que requiera —son las primeras palabras que eructa con café Alejandro Benítez —con nuestras armas Ancianos Con Dignidad (A.C.D.) ya no podrá esconderse ni debajo de la superficie.
—¿Y quién cabrones se va a meter a sacarlos de las alcantarillas?
—el general Moreno responde con una sonrisa que no se le ha visto en mucho tiempo —esos cabrones ancianos están muy bien organizados y además hay muchos jóvenes que simpatizan con ellos, están en las alcantarillas de todo el país y es muy difícil controlarlos.
Miguel Linares ha estado observando detenidamente al general Moreno.
—General, nuestra misión de exterminar a A.C.D. es idéntica a la suya.
El general Moreno, aunque es el líder en el país de M.L.A., simpatiza con los ancianos y está enterado de las miles de muertes sospechosas en el mundo que incluyen a su propia madre.
—Mi gobierno ya ha tratado de eliminar viejos, son más difíciles que las cucarachas, hace algunos años explotaron las cañerías de Guadalajara y la prensa dijo que se trató de fuga de combustible, tú y yo sabemos la verdad, Linares, ¿cómo los puedo ayudar?
Alejandro interviene.
—La presidenta Madison y el presidente Sánchez se van a reunir. Nuestra misión es la eliminación de Madison junto con sus copias genéticas. Usted general tendrá la mision de destruir las copias abordo del U.S.S. Arizona que estará anclado aquí en Acapulco.
—Pero si esa mujer muere en nuestro territorio, Washington nos va a enviar a la C.I.A, N.I.A, F.B.I, Marines, Sea Lions y sabra Dios cuántos putos más, jajaja.
Alejandro responde:
—Sabemos que usted tiene planes similares contra su presidente y los industriales.
—El pueblo pide la muerte de los malos políticos y los ancianos porque estamos cansados de un gobierno y una industria controladas por octogenarios que hace años deberían estar rindiendo cuentas en el infierno.
El general Moreno del Valle enciende un puro habanero y continúa:
—Supongamos que se eliminan las reproducciones ¿y la original que es Madison?
—Yo soy el responsable de su destrucción —contesta Alejandro con determinación en sus ojos.
—Aún no veo en qué los puedo necesitar. Para eliminar a los industriales y al puto presidente podemos solos.
Miguel Linares interviene, golpea ligeramente la mesa con la yema de los dedos:
—¿Y las reproducciones genéticas, general? Ir contra esa gente sin la herramienta adecuada es como tratar de atrapar al viento.
—¿Es en serio lo de los zombies? ¿Industriales y políticos también tienen dobles?
—Sí, general, todas las personas importantes tienen copia.
Blanca interviene:
— Y también están envueltas en un campo magnético que no se ve a simple vista.