ENTRE NOTAS DE TANGO EL GIRO
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EL GIRO

La primavera está terminando con aire húmedo y aromáticas flores.

Es lo mejor del año en Michigan, ¡una simple ilusión!

El largo invierno pronto estará de regreso.

Mario Maldonado y Silvia Ferrari terminaron la clase de los jueves y ella sale del estudio sin despedirse, él se queda a practicar con Cristine Flume.

Gracias a la traducción de Carmen, una chilena, se pacta una cita entre ellos dos para esta misma noche.

—Se portan bien y si se portan mal me invitan —dice Carmen con una sonrisa maliciosa al dejarlos solos en el estudio.

Después en el restaurante Cristine ordena hamburguesas y coca cola para los dos. A señas le dice a Mario que quiere tomar una lección privada. Él no entiende y con ademanes responde que a él también le gustó la hamburguesa.

—Una clase de tango tonigh —Cristine expresa con el poco español que aprendió en la universidad y él con una sonrisa aprueba. Una hora después están por entrar a su casucha.

—Please, came in —Mario dice al hacer uso de tres de las seis palabras que ha aprendido del inglés.

Cristine ha soñado con este momento y aun así siente que es un error estar en la intimidad con un hombre que ha viajado por el mundo. Nada llega de un solo golpe, en las clases de tango ya ha habido manoseadas cuando él olvida a Silvia y da la clase con Cristine y después bailan juntos.

La casucha aun con las ventanas abiertas tiene olor a viejo.

Por el gusto de estar cerca del hombre que le dará una lección privada Cristine sonríe en vez de fruncir la nariz.

Con discreción barre la sala con la mirada y entra a la alcoba de Mario que sin cama porque el piso fue barnizado tiene espacio suficiente para bailar tango.

Cristine nació en el norte del estado, mide un metro con sesenta centímetros, su piel es como el interior de las almendras y sus ojos café claro.

De descendencia holandesa, el cabello rubio la humedad lo pega a la blusa de seda que viste sobre apretados pantalones.

Tiene un firme trasero y es portadora de dos enormes senos, pero sus manos son ásperas por su afición a los ejercicios con pesas.

Cristine camina con esas manos en la cintura y trata de adivinar las medidas de la sala donde no cabría el piano de cola de la casa de sus padres, Mario en la cocina prepara el mate.

—So, besides been a tango teacher you are also a cook?

—A los 20 años fui dueño de un café en Buenos Aires. Me hizo rico y al mismo tiempo miserable. Las autoridades me acusaron de que era una careta para vender droga, y para salvar la reputación de mis viejos lo vendí y di las ganancias a los detectives.

—What are you talking about?

—Cinco años estuve refugiado en Brasil; regresé a mi patria y en la universidad de la vida obtuve un doctorado de pintor de casas y otro en plomería.

Pero un buen día el señor Tango me encontró y desde entonces de su mano he caminado por el mundo.

Esta noche aquí me tenés para enseñarte lo que he aprendido de los más grandes monstruos que ha dado mi patria, y por supuesto lo que he logrado perfeccionar en los dormitorios de las más bellas minas.

—Whatever, I just asked if you were a cook!

—ella responde enfadada y continúa inspeccionando la casucha donde viven sus maestros de tango.

Él con su buen humor deja escapar una carcajada ya que tampoco entendió una sola palabra de lo que ella respondió; sin dejar de reír concentra su atención en la estufa.

La hamburguesa del restaurante únicamente sirvió para abrirle el apetito.

Cristine es introducida al mate y lo encuentra sumamente amargo.

Insiste en que se parece a la marihuana que fumó en la universidad.

Mario no le entiende y además su atención está en la hamburguesa.

A la una treinta de la mañana la casucha se arrulla con música del tango con la clase privada que lleva más de una hora con técnica, postura y musicalidad, y que ahora cambia a risas nerviosas y besos robados.

—Mario, I need to go back home; Mom is looking after my baby —dice Cristine tratando de quitarse de su cuerpo sus manos. —I don’t want a relationship! Sex just brings problems; I just want to be your friend.

Mario entiende la palabra sex y friend y piensa que ella quiere tener sexo con un amigo. La sigue besando y acariciando. Le susurra al oído.

—Lo sé, mi vida, lo sé, yo también desde que te conocí he querido ser tu amigo y hacer el sexo con vos a todas horas.

—Mario, I am angry with you.

Mario no entiende la palabra angry y cree que significa engrillada; siente que el momento está cerca y el ataque continúa con más intensidad. Cristine sigue poniendo resistencia, una muralla de humo, porque su respiración agitada y la forma de regresar los besos la delatan.

Lo que está pasando hace sentir a Cristine como la bella mujer que es y olvida las amarguras del año pasado.

—Mario, I need to go back home.

Cristine realmente no quiere irse porque le tiene pavor a las tormentas.

Hace una hora llueve y relampaguea. Esto la hace arrimarse más a él y siente su erección entre las piernas.

Una bruma de pasión le llena la cabeza y la confunde, la hace bailar con una sensualidad que ella misma desconocía.

La casa es sumamente pequeña y sólo hay un par de pasos entre la recámara y la sala donde está la cama de Mario.

El remolino de respiraciones agitadas y voces cortadas está por llegar a la cama, que es totalmente opcional.

El tango es sexo vertical y salvador de relaciones entre parejas, terapia contra el estrés, medicamento al mal de amores, razón para renunciar a cualquier profesión y pretexto para viajar a otra parte del mundo para estar con un ser querido.

Mario desde la primera vez que vio a Cristine imaginó posiciones y movimientos que están por ocurrir y que ya ha experimentado en sueños empapados de placer.

Cristine está más hambrienta de caricias que él, también ha tenido sueños eróticos desde el día que lo conoció y sintió sus miradas como luces de rayo láser que la desnudaban.

El peste a viejo de la casucha ha sido reemplazado por aroma a erotismo, deseo y caricias nuevas.

Entre poses de tango y besos tropiezan con la cama.

La música se escucha con más fuerza y lo que empezó con una taza de mate, sonrisas bobas y miradas intensas se torna en sutiles caricias y palabras que ella no comprende pero que han de ser bellas porque las escucha mientras le besan el rostro y el cuello.

Mario ha tenido amoríos en varios continentes y aun así tiembla de pasión ante el desnudo cuerpo de la mujer que ahora está entre sus piernas; siente su calor y aroma, y con interminables besos entabla una charla en la entrada del cielo con sus sonrosadas puertas.

Los relámpagos iluminan el cuerpo de Cristine en este concierto de cama que empieza con besos, lamidas y susurros.

En el embeleso de la lujuria ve la imagen de Robin Flume, su exesposo que un año antes la abandonó al nacer Jacobo, su hijo, y la dejó en la más profunda depresión.

Un año de ayuno sexual se cumple esta noche.

No sólo perdona a su esposo, también siente lástima por él.

Recuerda una frase de la constitución, “todos los hombres fueron creados igual”, ahora sabe que es una gran mentira, lo que vive en el torbellino sexual nunca lo experimentó con su esposo que terminaba en dos minutos.

Hasta hoy sabe lo que es tener un orgasmo, que del miedo al principio se transformó en un manantial de felicidad.

Cristine tiene el cabello alborotado y el color rosa que su cuerpo ha tomado la hace lucir más sensual que nunca.

Camille Smith, su mejor amiga y la mujer que la codeaba el día que conocieron a Mario, viene a su mente y la bendice por invitarla a tomar una lección de tango.

Cristine a través de Mario está siendo satisfecha con el mejor bocado que puede tener una dama: él nació con el don de hacer el amor por horas.

A las cinco de la mañana no sólo se repite por enésima vez el balet más bello del mundo, también la barrera del idioma ha sido destruida porque los gemidos de una mujer satisfecha en la cama suenan igual en cualquier idioma.

Giovanni Orfanelli y Geraldine Hall esa misma mañana revisan maletas y se preparan para asistir a un seminario de tango en Chicago. Ella está ansiosa de hacer contacto con algunos bailarines que llegaron de Buenos Aires.

—¿No olvidas nada, Din? ¿Pusiste el celular en tu cartera? ¿Llamaste a Becky para que se encargue del perro?

Contesta Geraldine con una sonrisa y preguntas al mismo tiempo:

—¿Habéis revisado bien el auto para que no nos deje tirados en la carretera? ¿No olvidaste la música? Recordá que la vez pasada viajamos horas sin escuchar un solo tango.

—Tranquila, el auto es nuevo y sin ningún problema.

El viaje transcurre con varias paradas en estaciones de gasolina para que Giovanni visite el sanitario. No consumen alimentos preparados por el temor de ser envenenados por jóvenes.

—Giovanni, en septiembre hay un festival de tango en Alemania y a vos te falta mejorar el cambio de dirección. Y para cambios de dirección, barridas y colgadas no hay nadie mejor que El Pibe de La Boca.

—Lo sé Din, lo sé, me hace falta de todo, el tango es como la medicina y hay que tomar seminarios periódicamente para estar actualizados.

—¿Qué decís? Nada que ver una cosa con la otra, ¡el tango es mucho más complicado que la medicina!

Tenemos estudiantes que son eminencias con el bisturí pero en el laberinto del tango lucen tan torpes como un burro tocando un bandoneón.

Jennifer Washington es una de ellas, la mina será toda una experta en nutrición y dará cátedra sobre los órganos más complejos del cuerpo humano, pero si no fuera por lo buen bailarín que es Miguel Linares la pelirroja no saldría del paso básico, jajaja, subíle a la música, Giovanni, vos sabés cómo me encanta este tango.