Entre la Cera y la Sangre CAPÍTULO 6 #2
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CAPÍTULO 6 #2

—Si se deja llevar por el pánico, inspectora, caerá exactamente en la trampa que han diseñado para usted — respondió Julián, manteniendo la voz baja y envolvente—.

El Instituto de Conservación Thorne emplea a más de cuarenta investigadores, restauradores y peritos de catálogo.

Cualquiera con acceso al conmutador central puede desviar una línea privada.

Si yo hubiera planeado el secuestro de su hermano, ¿de verdad cree que cometería la torpeza de usar mi propia infraestructura telefónica para dejar un rastro tan burdo?

Elena entornó los ojos, midiendo las palabras del historiador.

La lógica de su argumento era aplastante, pero la coincidencia resultaba sofocante.

—Eso no explica cómo sabía qué había bajo este árbol, Thorne —insistió ella, avanzando un paso sin bajar el arma.

—Yo no lo sabía —corrigió Julián, señalando con la mirada la estructura de cera dentro de la fosa—.

Pero quien preparó esta instalación sí. Observe el remate del pedestal, Elena.

Mire la técnica de fundición del plomo que sostiene la cera.

Elena echó un vistazo fugaz a la base de la fosa, manteniendo la mayor parte de su visión periférica enfocada en Julián.

En la arista posterior de la plataforma de madera, grabado a fuego sobre la superficie del plomo, no figuraba la marca estilizada del Escultor.

En su lugar, destacaba una pequeña marca de taller: dos cinceles cruzados bajo la letra «M».

—La marca de fundición de la familia Moretti —murmuró Elena, sintiendo que un nuevo hilo de incertidumbre se abría paso en la investigación—. El gremio de restauración del casco antiguo.

—Exacto —asintió Julián, bajando despacio las manos—.

El Escultor no es un artista solitario trabajando en un sótano aislado.

Lo que estamos presenciando es la logística de un gremio, una red de artesanos y especialistas que operan en las sombras del mercado negro de antigüedades.

El hombre que enterró en este bosque, el que compró el cinabrio y quien hizo la llamada desde mi instituto son piezas distintas de una misma maquinaria.

Y si queremos salvar a su hermano, necesitamos entender quién está dirigiendo la orquesta desde arriba.

Antes de que Elena pudiera asimilar el alcance de la revelación, el crujido masivo de ramas en el perímetro del claro la obligó a girarse con el arma en alto.

—¡Policía! ¡Nadie se mueva!

—gritó la voz de Mateo Ríos, que irrumpió entre la frondosidad del bosque flanqueado por cuatro agentes de la unidad de operaciones especiales, todos portando fusiles de asalto y linternas tácticas.

Los haces de luz blanca inundaron la fosa, iluminando el barro teñido de cinabrio, el altar de cera y la figura inmutable de Julián Thorne.

—¡Baje el arma, Elena!

—ordenó Mateo, avanzando con cautela mientras los agentes rodeaban el foso—. El capitán recibió la alerta del instituto.

Tenemos la zona acordonada.

—¡Mateo, la llamada fue una triangulación de cobertura!

—exclamó Elena, sin soltar la pistola pero bajando la línea de tiro—.

Hay un gremio detrás de esto. Encontramos la marca de los Moretti en la base.

Mateo llegó al borde del foso y miró el collar recuperado dentro del cristal, del que colgaba un extraño dije metálico.

Su rostro experimentó una mudanza drástica: la confusión inicial dio paso a una sospecha densa e inquietante mientras miraba el símbolo grabado en el dije y luego a Elena.

—¿ quién es este, Vance?

—preguntó Mateo con tono áspero, sosteniendo en alto la bolsa de evidencia donde coloco el dije—.

Con toda esa cera , no hay forma de identificar a este hombre, solo este dije.

Habrá que investigar de dónde salió y qué significa ese símbolo.

Elena apretó los dientes. El círculo se estrechaba no solo por el lado del asesino, sino también por el de sus propios compañeros.

—Es parte de las evidencias que el Escultor ha estado recolectando para desestabilizar la unidad, detective — intervino Julián con naturalidad aristocrática, dando un paso al frente para colocarse entre Elena y Mateo—.

Si nos entretenemos en interrogar a la inspectora sobre piezas sembradas en una escena manipulada, le estaremos dando al verdadero ejecutor las horas que necesita para trasladar al señor Gabriel Vance fuera de la provincia.

Mateo miró a Julián con un desprecio mal disimulado, pero la urgencia del secuestro pesó más que sus dudas inmediatas.