PRÓLOGO #3
—¿Por eso es tu manera de vestir sencilla…? —había interrumpido él. La hija de un capo millonario solo utilizaría las mejores prendas. Pero Sloane, al menos cuando quedaban de verse en algún lugar, parecía similar a otras chicas del barrio.
—Sí… No he querido insinuar que tú…
—Sloane —había zanjado él apretando los puños—, solo dime la verdad.
Ella había tragado saliva y asentido con resignación.
—Estar contigo me hace sentir calma —había expresado—.
Pero mi destino no está hecho para trabajar, sino para casarme por lazos de conveniencia…
Me rebelo ante la idea, sin embargo, sé que todos los privilegios de los que he gozado desde que nací, al final, tienen ese precio a pagar.
Pero, Rhys, por primera vez, a tu lado, siento que no necesito fingir una sonrisa, un enojo o comportarme de una manera específica para agradarte.
He sido la persona genuina que, aparte de mi familia, nadie conoce.
Rhys se había quedado atónito, pero existía también enojo. Las palabras de Sloan habían resonado en él como tambores de una melodía inconexa y disonante.
Esa tarde habían estado en una casa que llevaba pocos años abandonada y todavía conservaba la sala en condiciones habitables, salvo por el polvo.
Rhys había movido un par de muebles y luego extendido su chaqueta en el suelo, junto al jersey de Sloane, a modo de manta para follar.
El ventanal tenía los vidrios ligeramente resquebrajados y por las grietas se había colado, entrecortada sobre los dos, la luz exterior.
Después del éxtasis, el silencio se había instalado como una incómoda visita.
—Y pensar que te confesé que hacía encargos para la mafia, poniéndome en riesgo, mientras tú probablemente ya lo sabías… ¿O acaso ignoras lo que hace tu padre? ¿Ignoras lo que ocurre en ese tipo de vida? —le había preguntado, cabreado.
Ella había puesto la mano temblorosa sobre el hombro de Rhys.
Él la había apartado meneando la cabeza, frustrado, y también decepcionado.
—Ignoro los detalles sobre lo que hace mi padre, pero sé que no es dinero hecho limpiamente —había declarado con seguridad—.
No tengo idea de quiénes son sus contactos, sus negocios o la clase de gestiones que ejecuta para lograr sus objetivos.
He llevado siempre una vida alejada de problemas o la prensa, pero sé que hablan de nosotros, no como los McCain tan solo, sino como Vipers Reigns.
Rhys se había pasado los dedos entre los cabellos negros soltando un suspiro.
—Vaya mierda …
—A mis hermanas y a mí nos mantienen lejos de ese mundo, a diferencia de mi hermano —había continuado ella su relato—.
Al estar siempre vigiladas hubo un punto en el que nos llegamos a sentir atrapadas, así que aprendimos trucos para burlar la seguridad que nos imponía nuestro padre.
También comprendimos que nuestras hazañas solo lograban ser exitosas durante pocas horas, antes de que nos encontraran o supieran lo que hacíamos.
Mi padre jamás nos ha golpeado, pero su forma de darnos una lección implica siempre un escenario en el que nos obliga a recordar quién manda.
Así que elegimos lo que merece la pena el riesgo —había susurrado.
No había necesitado aclarar que se refería a la relación de ambos—.
Papá siempre termina enterándose de todo...
Rhys, no quise mentirte, solo sentirme como una chica normal durante un tiempo.
Pensaba confesarte todo esto al inicio, pero pasaron las semanas y cada ocasión postergaba la posibilidad de hablar contigo… —había concluido, triste.
—No tienes nada de diferente a las demás chicas.
Al final, todas mienten, ¿eh? —había preguntado en un tono decepcionado y retórico—.
Siempre hay excusas. A veces, comprendo el cinismo que tienen mis amigos: «fóllalas y olvídalas que apenas empezamos a vivir lo que es bueno».
Quizá debí continuar manteniendo esa filosofía contigo —había expresado con rencor en la voz—.
De seguro estoy en el punto de mira, algo que he evitado a toda costa, entre los esbirros de tu padre.
Planeo apartarme de ese mundo al que perteneces en breve, pero luego de tu confesión ya no sé qué tan fácil sea conseguirlo.
Bastaría una palabra tuya, contra mí, para que me desaparezcan.
Sloane había meneado la cabeza agitando su cabellera sedosa ligeramente.
—No, no es así Rhys, yo estoy enamorada de ti —había confesado, ahogando un sollozo—.
Esa es la única razón de que esté diciéndote todo esto.
Aunque me enfade contigo, bajo ninguna circunstancia pondría tu nombre en un ángulo peligroso ante otros en casa.
Además, nadie me asocia con mi padre, porque mi rostro no es público, ni el de mis hermanas.
Si he podido seguir viéndote es porque papá así lo ha permitido.
Jamás me ha llamado a su despacho para hablar sobre esto —había comentado señalándolo a él, y luego señalándose a sí misma—.
Quizá porque cree que esta es solo una etapa pasajera de mi parte y porque para que te aceptaran como recadero en la organización tuvieron que hacer un barrido de tus antecedentes…
Rhys había elevado la mano en un gesto para que se callara.
—Has sido una excelente actriz pretendiendo que la mafia ignora que estamos follando —había dicho en tono amargo y al que le siguió una ácida risa —.
Te conté aspectos de mi familia que nadie conoce.
Fui sincero desde un inicio, Sloane, y con toda esa información que conoces —si tu padre te interroga— pondrás en peligro a las personas que yo más quiero.
¿Te das cuenta del efecto y alcance de tu mentira?
Da igual cuánto intentes justificar que me hayas ocultado la verdad. El daño ya existe.
—Mi intención jamás ha sido ponerte en riesgo…
Solo quise… Fui egoísta y tienes razón al estar enfadado —había dicho afligida—.
Perdóname, por favor, por haber mantenido silencio sobre mi verdadera identidad en todos estos meses —había susurrado ella con lágrimas en los ojos—. No me dejes, Rhys. No renuncies a esto.
Él había elevado ambas manos y luego las dejó caer, resignado.
—¿Y qué futuro crees que tenemos, Sloane?
Me estás diciendo que te casarás algún día por conveniencia de negocios de tu padre.
Yo apenas cumplí dieciocho años, como tú, y tengo metas por alcanzar.
Entre esas consta el no abandonar la universidad.
A las personas que no tenemos recursos nos dan pocas oportunidades.
Estar becado no es un privilegio, porque tuve que pasar pruebas con chicos de altísimo rendimiento y justificar con mucha documentación que no podía pagar la carrera.
Y ahora —había movido la cabeza, fastidiado— eso está en riesgo.
Si algo me llegara a ocurrir, mi familia no tendría apoyo financiero.
Mi hermano es cuatro años menor a mí. ¿Qué crees que está haciendo alguien de catorce años, Sloane?
¿Aprendiendo los trucos de cómo manejar un arma o pesar la cocaína?
—había preguntado en tono incisivo y cruel, mas no se había arrepentido de sus palabras.
Sloane había tragado saliva y hecho una negación vehemente.
No había culpado a Rhys por insinuar que ella, a la edad de Craig, quizá ya habría empezado a conocer los entresijos del negocio de Vipers Reign.
No solo eso, sino que inclusive en ese aspecto —el de ignorar lo que ocurría en los negocios de su familia— le había mentido.
Ella había entendido que se sentía dolido. Por eso había obviado la pulla.
—Yo también voy a estudiar, Rhys. Quizá no logre tener un trabajo regular —había dicho con una mueca resignada—, pero tampoco me convertiré en un títere más.
Que me contaras sobre tu familia y tus planes de terminar la carrera de ingeniería civil no lo tomé a la ligera.
Entiendo que el dinero que ganas haciendo recados es el extra que necesitan en tu casa y yo jamás haría algo para poner eso en riesgo.
Él se había mesado los cabellos.
—¡Tu padre sabe lo de nosotros! ¡Lo sabe, porque es el jodido capo! Si hubiera conocido tu identidad desde un inicio, Sloane, no estaríamos en esta casa abandonada. No habríamos hecho todo lo que hasta ahora, y tampoco sabrías de mi vida personal.
Ella había soltado un sollozo al creer que estaba perdiéndolo.
—Rhys… —había explicado.
—Además, no sabes si ese «algún día» que mencionaste en relación a casarte por alianzas de negocios entre la mafia no ocurra en años, sino en unos meses. ¿Acaso tu padre te dio una edad en concreto en la que podría considerar ese matrimonio?
—No… Pero mi hermana mayor, Grace, ya tiene veintitrés. Sigue soltera y acabó su carrera de economista —había expresado con un tinte de esperanza—. Así que yo podré acabar la mía y tener esos años de libertad como otra estudiante normal.
—Grace sigue soltera, quizá porque tu padre prefiere las finanzas familiares llevadas bajo confidencialidad, ¿qué persona más confiable que una hija?
¿Lo has pensado desde esa perspectiva? —había preguntado él sin esperar realmente una respuesta—.
Lo más común es que siempre exista un cabo suelto en las finanzas de una empresa, legal o no, así que es normal que haya priorizado la carrera de ella.
No va a ocurrir igual contigo, maldición —había concluido Rhys—. ¿Lo entiendes?
Sloane había tragado saliva ante la lógica de su novio, porque tenía razón.
—Jamás lo pensé de ese modo… —había susurrado. Secándose las lágrimas.
—Entonces, ¿enviarán a matarme para no ser un obstáculo si decides rebelarte, ante el candidato que tenga pensado imponer tu padre, porque vas a decirle que preferirás estar conmigo?
—había preguntado, cabreado por permitirse que la amistad de ambos prosperara a una pasión desbordada. «Quizá fue algo inevitable».—. Mierda.