Entre el orden y el caos Capítulo 5 #2
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Capítulo 5 #2

―Esto es lo que va a pasar ―dice Sloane, dirigiéndose a todo el equipo―.

Vamos a reorganizarlo todo desde cero. Voy a revisar el cronograma, redefinir prioridades y establecer un plan que sea realista.

Eso significa que algunas de las funcionalidades que se prometieron al cliente van a tener que renegociarse, y eso es mi problema, no el vuestro.

Vuestro trabajo es ejecutar lo que definamos juntos, y mi trabajo es asegurarme de que lo que os pido es posible antes de pedirlo ―hace una pausa y recorre la sala con la mirada―.

Sé que venís de meses de caos, pero eso se acaba aquí.

Preparaos para trabajar duro, pero también para que ese trabajo tenga sentido.

La sala se queda en silencio un momento y después la gente empieza a moverse, a recoger portátiles y a murmurar entre ellos.

Jenna ve cómo Ryan le susurra algo a la tester que tiene al lado y cómo ella asiente con mitad esperanza y mitad terror, la misma cara que probablemente tiene Jenna, aunque no piensa admitirlo.

Se levanta de la silla y está recogiendo su portátil cuando Sloane se acerca a ella.

―¿Tienes un momento?

―Claro ―dice Jenna, y se queda de pie porque sentarse le daría la impresión de que esto va para largo y no está segura de querer eso.

Sloane espera a que la sala se vacíe. Cuando el último júnior cierra la puerta, se gira hacia Jenna y la mira con esos ojos color miel que podrían hipnotizarla si estuvieran en un bar jugando al billar.

―Necesito que seas sincera conmigo sobre algo ―dice Sloane.

―Siempre soy sincera. Es uno de mis defectos principales.

Sloane no sonríe, pero algo se mueve en la comisura de su boca que podría ser el intento.

―¿Puedes trabajar conmigo? No con Scarlett, no con Jason, sino conmigo. Porque lo que necesito de ti es que seas mi referente técnica, que me digas la verdad, aunque no me guste, y que confíes en que mis decisiones van a estar respaldadas por datos, no por caprichos. ¿Puedes hacer eso?

Jenna la mira y siente dos cosas a la vez: el alivio de que alguien le esté ofreciendo una colaboración real por primera vez en meses, y la resistencia instintiva que le produce cualquier persona que le pide confianza, porque la confianza es algo que Jenna no da fácilmente y que las últimas personas a las que se la dio la usaron para pedirle dos años de cárcel.

―Puedo trabajar contigo si tú puedes trabajar conmigo ―responde―.

Soy desordenada, tengo mal genio y a veces digo las cosas con más acidez de la necesaria.

Pero conozco este proyecto mejor que nadie y no te voy a mentir, que es más de lo que puedes decir de la persona que ocupaba tu puesto hasta hace una semana.

Sloane la mira durante un momento que se alarga más de lo cómodo. Jenna le sostiene la mirada con la barbilla ligeramente levantada y un cierto aire de soberbia.

―De acuerdo ―dice Sloane, y le tiende la mano.

Jenna se la estrecha. La mano de Sloane es firme, seca y más cálida de lo que esperaba, y el apretón es profesional. Correcto. Sin ninguna razón para que Jenna memorice la forma en que los dedos de Sloane se cierran alrededor de los suyos con una presión que es precisa y segura.

Y, sin embargo, lo memoriza.

―Nos vemos mañana a las ocho ―dice Sloane, soltando su mano―. Quiero que me prepares un mapa completo de las dependencias técnicas entre módulos. Necesito ver cómo está conectado todo antes de tomar ninguna decisión.

―Lo tendrás esta noche ―responde Jenna, porque es así como funciona: alguien le pide algo y ella lo entrega antes de tiempo, como si demostrar que puede fuera lo único que la mantiene a flote.

Sloane asiente, recoge su cuaderno y sale de la sala con el mismo paso controlado con el que ha entrado. Jenna la observa irse y se fija en la forma en que camina, recta, sin prisa, sin girar la cabeza, tan seria y distante que Jenna se pregunta si de verdad se entenderá con una mujer así.

Se queda sola en la sala de reuniones con el portátil en la mano y una sensación que no sabe categorizar.

No es la frustración que sentía con Scarlett ni el desprecio que le producía Jason.

Es algo más incómodo, algo que tiene que ver con el hecho de que Sloane Price le ha hecho una pregunta técnica que ningún otro jefe de proyecto le ha hecho nunca y que eso, por alguna razón que no quiere examinar, le importa.

Sale de la sala y vuelve a su mesa. Ryan la mira desde su escritorio con gesto interrogante.

―¿Qué te parece? ―pregunta el júnior.

Jenna deja el portátil en la madera, se sienta y mira hacia el pasillo por donde Sloane acaba de desaparecer.

―Todavía no lo sé.

Lo que no dice, porque no podría aunque quisiera, es que la mano de Sloane Price le ha dejado una impresión en la palma que no tiene ningún sentido y que le está costando ignorar.

Abre el portátil y se pone a trabajar en el mapa de dependencias. Son las once y media de la mañana y tiene hasta esta noche para demostrar que es tan buena como cree que es.

La presión le resulta familiar. Lo que no le resulta familiar es la necesidad de impresionar a la persona que se lo ha pedido, y eso la inquieta más que cualquier módulo sin empezar.