Capítulo 10 #2
Aisla decidió retirarse. Ya había presenciado bastante. Le agradeció a Brianna y luego subió a su habitación y se recostó en la cama.
Entonces se permitió llorar con más intensidad, dejando salir la rabia que le provocaba recordar la confesión de Marion y todo lo que le hizo. Las lágrimas empapaban su almohada, pero no le importó. Necesitaba desahogarse o el dolor, la ira y la decepción la consumirían viva.
∞∞∞
Esa noche, el gran salón parecía más silencioso de lo habitual. Aunque el clan había continuado con sus actividades después de que Marion fuera expulsada, los rumores y comentarios solo eran en torno a ella.
Aisla había pasado gran parte de la tarde encerrada en su habitación, y tenía en mente haber estado así como mínimo hasta el amanecer.
Sin embargo, Blair y Brianna prácticamente la habían obligado a bajar a cenar.
Ambas habían insistido en que quedarse sola no mejoraría nada.
Y aunque al principio no quiso hacerlo, terminó cediendo.
Después de terminar la cena, se despidió con la intención de regresar a su habitación.
Pero justo al salir del gran salón, se encontró con Isobel.
El enojo que había intentado contener durante horas regresó de golpe y, sin pensarlo demasiado, avanzó hacia ella en pocas zancadas y la sujetó del brazo con brusquedad.
—Ven conmigo —espetó Aisla.
Y, sin darle oportunidad de responder, la arrastró por el corredor hasta alejarse lo suficiente del gran salón. Cuando estuvieron solas en uno de los pasillos menos transitados del castillo, la soltó de golpe y retrocedió un paso.
—¿Cómo pudiste hacerlo? —preguntó directamente, sintiendo la rabia hervir en su pecho—. ¿Cómo pudiste encontrarme, convencerme de regresar y no decirme la verdad? ¿Todo porque Marion te lo ordenó?
Isobel permaneció inmóvil, sin responder ante la acusación, y eso solo consiguió enfurecer más a Aisla.
—¿Hasta dónde estabas dispuesta a llegar por ella? —continuó—. ¿Acaso no te das cuenta de todo lo que te hizo? ¿No ves cómo te mira la gente? Todos te rechazan, Isobel. Todos. Ni siquiera quiero imaginar cuánto daño hiciste mientras estuve ausente todos estos años.
Las palabras salieron más duras de lo que pretendía. Y aun así, Isobel permaneció con el rostro inexpresivo.
—Marion ya no está aquí. Ya no puede darte órdenes ni manipularte. Así que espero que, por una vez en tu vida, hagas algo por ti misma. Y si prefieres seguirla... la puerta está abierta.
Isobel apretó los labios en una fina línea mientras negaba con la cabeza.
—Hace mucho que dejé de seguir a Marion, Aisla —replicó Isobel—. Lo que hice, lo hice por voluntad propia y por un objetivo.
Esa respuesta tomó a Aisla por sorpresa, tanto que relajó un poco su postura, dejando que la tensión en sus hombros se disipara lentamente.
—¿Por un objetivo? —repitió Aisla con el ceño fruncido—. ¿Qué clase de objetivo podría justificar lo que hiciste?
—No me gusta hablar de las pocas cosas buenas que hago. Después la gente se acostumbra y comienza a esperar demasiado de mí —dijo Isobel con un deje de amargura en la voz, desviando la mirada.
Aisla soltó una exhalación frustrada; casi le dieron ganas de golpearla.
—Sigues siendo imposible.
Isobel solo se encogió de hombros.
Las dos permanecieron observándose durante varios segundos.
Aisla buscó en el rostro de su hermana alguna señal de arrepentimiento.
Alguna prueba de que realmente podía cambiar.
Era su hermana. Lo único que le quedaba de su familia.
Y por mucho que intentara convencerse de lo contrario, todavía conservaba la esperanza de verla convertirse en una mejor persona.
—Volveré a Skye —dijo Aisla con un suspiro pesado—. Y vendrás conmigo.
Isobel arqueó una ceja.
—Puedes empezar de nuevo allí. Nadie te conoce. No tienes que quedarte aquí soportando las malas miradas de todos.
La expresión de Isobel se suavizó un poco antes de bajar la cabeza.
—No sabes si seguirás queriéndome cuando sepas qué más hice —respondió Isobel con voz casi inaudible, haciendo que Aisla frunciera el ceño.
—¿Qué significa eso? —preguntó Aisla, pero Isobel volvió a negar lentamente con la cabeza.
—Lo sabrás después.
—Isobel...
—No esta noche, Aisla. Descansa primero, lo necesitas. Han sido demasiadas emociones para un solo día.
Aisla ladeó la cabeza, sorprendida por la consideración de su hermana. Pero antes de que pudiera decir algo, Isobel ya se estaba alejando por el corredor.
∞∞∞
Solo faltaba un día para la ceremonia de renovación de votos de Brianna e Ian. El gran salón estaba casi listo y a Aisla le había encantado cómo Brianna había decidido combinar la decoración inglesa con la escocesa.
Había decidido quedarse un par de semanas en Argyll porque le había prometido a Brianna que la ayudaría en algunas cosas del clan, como ser una buena lady.
Y después de todo, le gustaba estar rodeada de Brianna, Blair, Helen y la madre de Ian, que era un amor de mujer.
También se había integrado Josiane, la esposa de Gregor.
Y principalmente, porque quería dejar pasar la fecha de inicio de primavera.
Llegar a Skye y recordar que justo para esa época era cuando se casaría con Ewan le dolería demasiado como para soportarlo sola, así que prefería tener el movimiento y la distracción del clan.
Y sería bueno ver el campo de flores silvestres que estaba cerca del castillo.
Aisla se acercó a la mesa donde descansaban los planos y los arreglos florales, viendo cómo Brianna observaba a su hija. Ella también miró a la pequeña Aurora con una sonrisa; esa pequeña era demasiado hermosa.
—Parece toda una pequeña escocesa ya —comentó, sentándose en una de las sillas.
Brianna asintió y le comentó que creía que pronto se olvidaría de Nueva Orleans.
Luego Aisla avisó que pronto volvería a Skye.
No dijo exactamente cuándo, pero era mejor que Brianna estuviera preparada.
Como ella, sabía que Brianna también se había acostumbrado a tenerla cerca.
Pero no podía vivir en el castillo el resto de su vida.
—¿Y no buscarás más al padre de tu hijo? —preguntó Brianna.
Aisla se tensó un poco, pero luego soltó un leve suspiro y negó con la cabeza mientras sus dedos acariciaban el borde de la mesa.
Lo que más deseaba era encontrar a Ewan, pero ni siquiera sabía dónde estaba o por dónde buscarlo.
Quería encontrarlo para que le explicara por qué la dejó después de jurarle amor.
—Miren, esos son los lairds de los que les hablé —señaló Brianna al cabo de unos minutos.
En ese momento, Blair se unió a ellas, mirando hacia la entrada del salón. Aisla giró la cabeza para ver a los hombres que había señalado Brianna.
Su corazón dio un vuelco al reconocer entre el grupo de hombres la figura familiar de Ewan.
Aisla parpadeó varias veces para asegurarse de que no estaba siendo víctima de una ilusión causada por su deseo de encontrarlo.
Lentamente se levantó de su silla y dio un paso al frente sin despegar la mirada de Ewan.
Sí, era él, aunque ahora vestía ropas más lujosas y un tartán que denotaba su posición.
—¿Aisla? —la llamó Brianna, pero ella solo mantenía su atención en el hombre.
—Ewan... —murmuró, apretando los puños a los lados del cuerpo.
Y sin pensarlo se acercó al grupo de hombres a grandes zancadas, presa de la ira. ¿Cómo era posible que él fuera un laird? ¿Acaso le mintió solo para divertirse con ella un par de meses?
Cuando estuvo más cerca, captó la atención de los hombres. Ewan la reconoció de inmediato; su rostro varonil se llenó de una mezcla de sorpresa y alegría. Él la alcanzó con una sonrisa en los labios.
—Sire...
No terminó de hablar porque Aisla lo calló con una sonora bofetada que resonó en todo el salón. Todos la observaron con asombro por lo que acababa de hacer. Ewan, lejos de mostrarse ofendido o molesto, recibió el impacto con la cabeza ladeada, sin apartar la vista de ella.
Ian enseguida se acercó y la miró confundido.
—Aisla —dijo sin comprender qué estaba pasando.
Ewan levantó una mano para restarle importancia, pero sin dejar de observar a la mujer que tenía frente a él.
—No te preocupes, después de todo me lo merezco —dijo Ewan, y Aisla lo fulminó con la mirada.
—¿Ustedes se conocen? —preguntó Ian aún con el semblante confundido.
—Por supuesto —respondió Ewan con una media sonrisa mientras tomaba a Aisla de la cintura y la acercaba a su cuerpo, haciendo que ella soltara un jadeo de sorpresa; no esperaba que Ewan reaccionara así—. Es mi futura esposa.