Capítulo 9 #3
En Skye podía comportarse con mayor libertad, muy distinto a cómo se sentía en el clan, donde las costumbres eran más reservadas y conservadoras.
Había estado casi corriendo por los pasillos, porque cuando fue a buscar a Brianna no la encontró. Después preguntó a Helen, que tampoco la había visto. Y ahora ambas la estaban buscando, pero nadie parecía saber dónde se encontraba.
Al doblar por otro de los pasillos que conducían a la cocina del castillo, se detuvo en seco al encontrarse con Marion.
Durante los días que llevaba en el clan no había hablado con ella. Ni tenía intención de hacerlo. A pesar de que era su tía, jamás la había visto como tal. Marion nunca la trató como parte de su familia. Siempre la vio como la bastarda y como el peor error de su madre.
Aisla había nacido fruto del desliz de su madre con uno de los hombres de su antiguo clan. Nunca llegó a conocer a su verdadero padre, pero el hombre que la crió, el padre de Isobel, le dio cariño y amor como si fuera su propia hija.
Cuando sus padres murieron de fiebre cuando ella tenía apenas quince años, ella e Isobel no tuvieron más remedio que irse a vivir con Marion.
Mientras Isobel era tratada como una dama, Marion la enviaba a trabajar como cualquier otra sirvienta del castillo.
Prácticamente le hizo la vida imposible solo porque la consideraba un error.
Aisla levantó el mentón y moderó el paso con la intención de seguir su camino sin prestarle atención.
—¿Vas a fingir que no estoy aquí? —inquirió Marion, llevándose una mano a la cintura mientras dejaba la escoba a un lado. Aisla la miró por encima del hombro.
—¿Acaso no es lo mismo que hiciste conmigo durante años? —replicó, entrelazando las manos para contener la irritación.
Marion soltó una risa irónica.
—Veo que al final sí aprendiste algo de mí —dijo ella—. Deberías seguir así y reclamar tu lugar como la esposa de Ian.
Aisla frunció el ceño ante esas palabras. Abrió la boca para responder, pero luego la cerró y negó con la cabeza.
—No vales la pena —musitó antes de continuar su camino.
No pensaba quedarse a escuchar las provocaciones de Marion. Debía cuidar sus emociones y mantenerse tranquila por el bien de su bebé. Y la cercanía de Marion le traía cualquier cosa menos tranquilidad.
Cuando llegó a las cocinas, buscó a Helen, que parecía demasiado alterada.
Aisla esquivó a algunas mujeres que cargaban grandes ollas llenas de agua.
La amplia cocina del castillo estaba llena de actividad.
Varias mujeres amasaban pan sobre las largas mesas de madera, otras removían grandes ollas suspendidas sobre el fuego, mientras algunos hombres entraban y salían cargando cestas de verduras, carne y leña.
—¿La encontraste? —preguntó Aisla al acercarse. Helen negó con la cabeza, visiblemente preocupada.
—¿Dónde pudo haberse metido esa muchacha? —preguntó casi con la voz temblorosa.
—Hay que decirle a Ian. Él puede ordenar que la busquen por los alrededores.
Helen negó nuevamente.
—Creo que se ha marchado del clan.
Aisla frunció el ceño.
—¿Tú crees? ¿Pero por qué se iría?
—Creo que por el brindis de anoche. Puede que piense que intentas recuperar tu lugar o algo parecido... no lo sé.
—Pero claro que no. Más bien quiero hablar con ella y aclarar las cosas —dijo Aisla con preocupación y un toque de culpa. No podía soportar la idea de que Brianna se hubiera marchado por su culpa.
—Vamos con Ian. ¿Sabes dónde está?
—Está reunido con los ancianos del clan —respondió Helen—. No podemos interrumpir.
—Claro que sí. Es su esposa —aseguró Aisla—. Vamos.
Las dos casi corrieron hasta la sala de reuniones.
Helen abrió la puerta provocando un gran estruendo que llamó la atención de todos los presentes.
Cuando Ian supo que Brianna había desaparecido, abandonó la reunión sin más explicaciones, dejando atrás a los ancianos y a los jefes de familia, que quedaron confundidos y molestos por su actitud.
—¿Dejó la reunión por una inglesa? —escuchó decir a uno de ellos.
Aisla se había quedado atrás, permitiendo que Helen acompañara a Ian para intentar tranquilizarlo. Ella se giró para encarar a los hombres con el mentón en alto.
—Esa inglesa es su esposa —replicó con autoridad y los hombres la observaron con el ceño fruncido.
—¿Defiendes a esa mujer y le entregas el lugar que es tuyo? —preguntó Colum, poniéndose de pie.
Aisla apoyó ambas manos sobre la mesa y sostuvo la mirada del anciano con seriedad.
—Ese lugar ya no es mío. No regresé para reclamar nada.
Brianna es la esposa de Ian legalmente. Ellos se casaron y ella es la lady de este clan.
Es hora de que abandonen esos pensamientos arcaicos y comprendan que sus prejuicios están perjudicando al hombre que ha dado lo mejor de sí mismo a este clan.
Es hora de que correspondan a su buen liderazgo aceptando a la mujer que ama.
Aisla recorrió el salón con la mirada. Ninguno de ellos se atrevió a responder.
—¿Queda claro? —exigió, golpeando la mesa con firmeza.
—Sí —respondieron algunos de los presentes.
Aisla asintió y sin volver a mirar a nadie, dio media vuelta y abandonó la sala de reuniones.