Enterrar el pasado (Misterio Noir 1) Epígrafe
78%

Epígrafe

De: Sara

Para: Greg

Asunto: Lo que no te conté

He empezado a escribir este email cuatro veces. No encuentro las palabras adecuadas, probablemente porque no existen. Así que usaré las que tengo y confiaré en que sean suficientes.

Hay algo que necesito contarte. Llevo meses buscando el momento idóneo, así que lo hago ahora, porque si espero más, no lo haré nunca.

La noche anterior a la operación de Ray, Linda vino a mi casa.

Eran casi las once. Emma ya se había quedado frita y David estaba en la cama, leyendo.

Recuerdo que el timbre me sobresaltó. Cuando abrí, ella estaba en el rellano, con los ojos hinchados y el rímel corrido.

Tuve la impresión de que había estado llorando en el coche un rato antes de decidirse a llamar. Olía a vino.

La hice pasar y le preparé un café. Pensé que tal vez os habíais peleado y necesitaba desahogarse, o pedirme que hablara contigo para que hicieras las paces con ella.

Qué ingenua fui. No era nada de eso.

Tardó veinte minutos en decirlo. Veinte minutos de rodeos, de frases a medias, de «necesito contarte algo» seguido de silencios que yo rellenaba con un «tómate tu tiempo» porque no sabía qué venía. Cuando por fin lo dijo, lo soltó de golpe, como quien arranca una tirita.

Y yo me quedé de piedra.

Se iba con Ray.

Llevaba meses acostándose con él. Meses, Greg.

Mientras tú trabajabas, mientras cenabais los tres juntos, mientras Ray y tú jugabais al golf y bebíais cerveza y tú le contabas todo.

Mientras todo eso pasaba, tu mujer y tu mejor amigo se veían a tus espaldas.

Y ahora Linda había decidido que ya no podía más, que te quería, pero no de esa forma, que Ray le daba lo que tú no, y que te lo iba a contar todo.

Siento si estoy siendo demasiado dura. Si te tuviera delante sería más fácil… O no, quién sabe.

No me acuerdo qué le contesté exactamente. Sí recuerdo que le levanté la voz. Le dije que era una egoísta. Que iba a destruirte. Que no tenía derecho a hacerte esto, no ahora, con tu mejor amigo. Le dije cosas que no voy a repetir porque no estoy orgullosa de ninguna de ellas.

Linda se derrumbó. Dijo que lo sentía, que no había planeado que pasara. Y que tú merecías saberlo. Y en eso, maldita sea, tenía razón.

Le pedí que no te lo contara esa noche. Tú infiltrabas a Ray a primera hora de la mañana y no necesitabas conocer una traición de esa magnitud justo en la víspera. Era mejor que esperara .

Linda estuvo conforme y se fue. Yo me quedé sentada en la cocina con el café frío entre las manos y sin dar crédito a lo que acababa de escuchar: mi cuñada acababa de poner una bomba debajo de tu matrimonio. Y yo, al pedirle que esperara, le había puesto el temporizador.

Tomé una decisión, Greg. Una decisión que me ha perseguido cada día desde entonces.

No te lo conté.

Eran las once y media de la noche. Podría haber cogido el teléfono y haberte dicho: Greg, no infiltres a Ray mañana. Cede la intervención. Hay algo que necesitas saber y que podría interferir. Podría haberte dado esa información y dejarte decidir.

Pero no lo hice.

Me dije que era por tu bien. Que si te lo contaba a esas horas, no dormirías.

Que entrarías a trabajar destrozado, o furioso, o las dos cosas.

Que era mejor que no lo supieras aún, y después, cuando todo hubiera pasado, lidiaras con la verdad de Linda con los pies en el suelo y no con una jeringuilla en la mano.

Me lo dije y me lo creí. Esa noche, me lo creí.

Ahora ya no estoy segura.

Porque lo que ocurrió en tu quirófano acabó con Ray. Y quizá, si yo te hubiera llamado, habrías dicho: Sara, mañana no puedo. No a ese miserable traidor. Y Hendricks, el médico del equipo, lo habría infiltrado sin la cabeza llena de sospechas sobre su mujer.

O tal vez habrías trabajado igualmente, por orgullo, por rabia, por la necesidad de demostrar que podías hacerlo. No lo sé. No sé qué habrías hecho si hubieras sabido. Pero sé que te quité la posibilidad de decidir. Y no tenía derecho a hacerlo.

Greg, necesito preguntarte algo y necesito que me respondas con la verdad. No como hermano ni como cliente, sino como el hombre que estaba ahí esa mañana.

Si hubieras sabido lo de Linda y Ray antes de entrar en el quirófano, ¿lo habrías hecho? ¿Lo habrías infiltrado?

No sé si la respuesta cambia algo. Probablemente no cambia nada para Ray, que ya no está.

Pero sí para mí. Porque si la respuesta es que no lo habrías hecho, entonces yo contribuí a lo que pasó al callarme.

Y si la respuesta es que habrías realizado la infiltración igualmente, entonces mi silencio no cambió nada y llevo meses arrastrando una culpa que no es mía.

De cualquier forma, necesito saberlo. Y necesito que lo sepas tú también: la noche antes de que todo se rompiera, tu hermana tuvo la información que podría haber cambiado las cosas y eligió no dártela.

Lo siento, Greg. No sé si eso sirve de algo, pero lo siento.

S.

De: Greg

Para: Sara

Fecha: domingo, 23 de febrero — 21:42 h

Asunto: Re: Lo que no te conté

No lo sé, Sara. Ojalá pudiera decirte que no habría infiltrado a Ray, pero no lo sé.

G.