Epígrafe
De: Sara
Para: Greg
Asunto: Cosas
Hoy he ganado un caso. Nada espectacular: un chaval de diecinueve años acusado de robo agravado que resultó ser un robo a secas, sin arma ni antecedentes.
El fiscal quería seis años, pero he conseguido que le caigan dieciocho meses con libertad condicional.
El chaval ha llorado en el pasillo del juzgado y su madre me ha abrazado.
Hartfield me ha dicho «buen trabajo» en el ascensor.
Viniendo de él es como una ovación con confeti.
He pensado en llamarte para contártelo. Antes te llamaba siempre que ganaba un caso.
Tú decías «enhorabuena, letrada» con esa voz que usabas para disimular que te importaba, y luego me preguntabas si había cenado, porque siempre te preocupaba que no cenara los días de juicio.
No he cenado, por si te lo estás preguntando.
He comido una barrita de cereales en el coche a las cuatro de la tarde y la he bajado con un café del Starbucks.
Emma te echa de menos. El otro día estaba dibujando en la mesa de la cocina y me enseñó un dibujo de un perro rojo.
Me dijo: «El perro del tío Greg.» Le pregunté que cómo sabía que el tío Greg tenía un perro rojo.
Me miró con esa seriedad que ponen los niños cuando creen que los adultos son idiotas y respondió: «Me lo dijo él.
» No sé cuándo se lo dijiste ni cómo se ha enterado, pero ahora la niña quiere un perro rojo igual que Burbon.
Gracias por eso. Si la niña sigue insistiendo, pienso pasarte las facturas del veterinario.
He encontrado tu chaqueta gris en el armario del recibidor.
La de pana, la que te regaló mamá aquella Navidad, ¿te acuerdas?
La última Navidad que pasamos los cuatro juntos.
Tú tenías quince años y dijiste que parecías un profesor de universidad de los años setenta.
Papá dijo que eso era un cumplido. Mamá se rió tanto que se le saltaron las lágrimas.
Yo te hice una foto con la Polaroid y la pegué en la nevera.
La foto ya no está, pero la chaqueta sí.
Huele a ti. Bueno, huele a armario cerrado, pero debajo de eso huele a ti.
Te la voy a guardar. No voy a enviártela porque eso implicaría que asumo que no vas a volver a por ella, y no acepto eso.
Además, no sabría dónde enviártela y sé que no me vas a decir tu dirección.
Papá llamó la semana pasada. Preguntó si sabía algo de ti. Le dije que estabas bien y no insistió más. Ya sabes cómo es. Estuvimos treinta segundos al teléfono. Un récord, incluso para él.
De tu asunto, nada nuevo. El perito sigue con lo suyo, despacio. Te mantengo informado.
Cuídate, hermanito. Come algo cocinado que no venga en una lata. Y si necesitas hablar, estoy aquí. De madrugada también. Ya sabes que los Abbot no dormimos mucho.
S.
PD: No sé si debería decirte esto, pero llevo tres días dándole vueltas y prefiero que lo sepas por mí que por otra persona. Vi a Linda el otro día, en un restaurante mexicano de la avenida Míchigan. Estaba con un tipo. No sé quién era. Ella no me vio, o fingió no verme. No me acerqué.
No sé qué significa ni si te importa. Pero ahí queda.