Chapter 20
¿Quieres saber más?
Un mes después...
Laura
Hay todavía muchas cosas que hacer, pero queda tiempo suficiente y tampoco creo que tardemos demasiado.
Preparar las navidades entre cuatro es la ventaja que tiene, que el trabajo se reparte entre más gente, aunque vaya a haber más personas en casa.
Vendrán ambas familias al completo a Solus Blithe, tanto la de Alex como mi padre y la madre de Jorge.
Estos dos están ultimando también los preparativos de su boda.
Quieren que sea en la primavera que viene y, aunque no va a ser demasiado voluminosa, siempre hay mil cosas que hacer.
El fin de la pandemia ha traído grandes cambios para todos, pero por ahora, están siendo para bien.
—¿Se lo quieres decir tú?
Jorge sonríe con mi ofrecimiento y asiente, tratando de que no se le note que es algo que le va a hacer ilusión.
Escuchamos en ese momento las voces de nuestros amigos entrando de nuevo en casa.
—Será lo mejor —me dice, levantándose con desgana—. Alex anda hoy muy misterioso y voy a ver si me quiere contar ya eso que tanto le está preocupando. Primero le explicaré lo del viaje a París y luego...
Hemos preparado un viaje para los cuatro el fin de semana que viene, aprovechando que todos tenemos esos días libres sin trabajo de ningún tipo.
Les estuvimos hablando hace días de los sex shops de Pigalle y les encantó la idea, así que Jorge y yo hemos ideado una forma de poder ir los cuatro libremente de compras sin que nadie sepa que somos nosotros.
Más bien, es algo que hace tiempo alguien de maquillaje de Coincidence había comentado que hacían los integrantes de los Wildest, el grupo de música favorito de Noelia: peluca, maquillaje y. .. ¡magia!
—No te desesperes si... —le advierto.
Se gira hacia mí con una bellísima sonrisa y me besa de manera pausada. Y da igual que lleve repitiendo este sencillo gesto desde hace años, porque siempre me deja turbada, como si la mayor rareza de la naturaleza estuviera apareciendo ante mí.
—Si me desespera demasiado, lo ataré y azotaré hasta que entre en razón, nada más —bromea mientras nuestros amigos entran por la puerta del salón en el que nos encontramos.
—Si estás hablando de mí, creo que ese plan me gusta para empezar esta tarde —oímos que dice el propio Alex.
Inevitablemente me hacen reír sus palabras. Se acerca a mí y besa mis labios con rapidez y naturalidad, como llevamos haciendo entre los cuatro desde aquel fin de semana, aunque nos hayamos podido ver solamente un par de veces desde entonces.
—¿Dónde están todos? —pregunto, refiriéndome a los niños.
Carol se deja caer a mi lado en el sofá y separo un mechón de pelo de su frente, besándola a continuación. Es un breve beso, pero el cual a ambas nos hace sonreír de nuevo.
—Se quedaron en la sala de juegos enseñándole a Robert pieza a pieza un puzle nuevo mientras intentaban que Sherlock y Watson no se lo comieran —me cuenta ella con voz divertida, mencionando también a los miembros peludos de la familia.
Jorge se inclina sobre ella y la saluda con otro beso rápido.
—Creo que los gemelos estaban intentando esconder varias piezas, así que tienen para rato —tercia Alex, que va ahora directo a mi marido, agarrando con familiaridad su cintura—. ¿Para mí no hay beso? —le pregunta.
—Te di uno al llegar —le recuerda él, haciéndose el duro.
—Ahora quiero otro.
—Mucho pides tú últimamente.
—Y más que puedo pedir, así que no me sigas picando o subiré la apuesta a eso que comentabas cuando estábamos entrando, porque me ha gustado cómo sonaba.
Y no tengo necesidad de girarme hacia mi marido para saber que ese comentario le ha encantado.
—Tenemos que hablar —le dice sin inmutarse todavía.
—¿De los términos y condiciones? —le pregunta Alex con voz aguda—. Vaya, esto se pone interesante.
Escucho que Jorge resopla y ahora sí que me giro hacia los dos. Mi marido me mira con resignación y yo me echo a reír con Carol, que abre el botellín de agua que traía en las manos, dando un par de tragos al mismo después.
—Carol, ¿tú tienes alguna novedad? —le pregunta Jorge ahora sin separarse de Alex.
Ella niega con la cabeza y resopla, y sé lo que eso significa: no hay avances en cuanto a la dichosa reunión.
Hay alguien que lleva varias semanas, ya meses, insistiendo en reunirse con ella, asegurando ser hijo ilegítimo de su fallecido padre.
En cuanto le contó todo a Alex, nos pidió ayuda legal de manera formal; no tenía claro si podría ser cierto o tratarse de un caso de estafa.
O incluso algo peor que eso. Carol entonces le remitió a nosotros directamente para que tratara cualquier cosa con S&H, nuestro bufete, pero aquel hombre no parece estar por la labor.
Jorge está pensando tomar otras medidas si este supuesto hermano sigue insistiendo en acudir a la prensa si nuestra amiga se niega a reunirse con él.
—Creo que ese tipo te tiene miedo y prefiere ir a la cárcel antes que reunirse contigo —le dice Alex a Jorge, pellizcándole una mejilla.
—Podías tenerme tú también algo de miedo —se queja, apartando aquella mano con fingido desdén, aunque sin alejarse de él.
—Eso suena prometedor.
Mi marido vuelve a quejarse, intentando que no se le note que tiene ganas de reír.
—Chicas, nos vemos luego —nos dice él, dirigiéndose a nosotras y haciendo un gesto con la cabeza como si fuera una pequeña reverencia.
—¿Para mí no hay reverencias? —se queja en esta ocasión Alex, frunciendo el ceño.
Jorge alza la mirada al techo, provocándonos la risa a las dos. Su mejor amigo le ve soltarse de su brazo y caminar hacia la puerta, así que se gira hacia nosotras y hace una reverencia él también, pero más pomposa y graciosa, redoblando nuestras risas sin poder evitarlo.
Se echa a correr después hacia Jorge, que se ha quedado en la puerta esperándolo, viendo la escena con una sonrisa que trata de borrar de sus labios para increparle por su tardanza. Pero con Alex eso no le vale.
Salen ambos del salón mientras continúa otra de sus batallas dialécticas, dejándonos a Carol y a mí a solas y en calma, con la gran chimenea de la sala crepitando mientras en el exterior ya es prácticamente de noche, a pesar de ser poco más de las cuatro de la tarde.
—No me gusta lo de ese chico —le digo yo ahora, hablando de ese supuesto hermano.
Ella se encoge de hombros y se acurruca en mis brazos, apoyándose en mi hombro.
—Alex quiere ir ya a la policía —me cuenta—.
Yo al principio quería saber si realmente era mi hermano.
—Y levanta la vista para mirarme a los ojos—.
Pensé que a lo mejor alguien de mi familia era.
.. No sé, alguien que pudiera tener cerca de mí, ya sabes.
Pero después de estas semanas, ya no me importa si es hermano de verdad o no, sólo quiero que me deje en paz. Empieza a darme algo de miedo.
Abrazo más a mi amiga, apretándola contra mí, como si con eso fueran a desaparecer todas las preocupaciones. Y no lo harán de esta forma, pero entre todos conseguiremos que las cosas se solucionen.
—Si te encuentras mejor, retrasaré el rodaje para...
—¡No! —exclama ella, casi molesta—. Ya has pedido más seguridad y Cris está en contacto con todo el equipo. Incluso quería venir en esta ocasión para estar ella presente mientras trabajamos, pero también le dije que acabara con la mudanza, que yo estaría bien.
Suspiro, sabiendo que no puedo encerrar a mi amiga en una urna de cristal para que nada le pase.
Es cierto que he solicitado intensificar toda la seguridad alrededor de Danger , la nueva película que está a punto de empezarse a rodar, pero aun así, me parece insuficiente.
Puedo entender a Cristina, su representante de toda la vida, queriendo pegarse a ella para protegerla.
Yo misma he adelantado al resto de productores que estaré muy atenta a este rodaje.
—No tenéis muchas escenas —comento entonces—. Podemos dejarlas para el final y así Alex también puede centrarse en el script de Doctor Who .
Alex cada vez está más emocionado con su nuevo papel. En unos días van a hacer el anuncio oficial y sus vidas volverán a cambiar, tanto o más que cuando se anunció lo de Coincidence .
Pero por la cara que pone Carol, algo con ese tema tampoco anda bien.
—Ayer me dijo que quería renunciar —anuncia.
—¿Cómo que...? —exclamo sin poder creérmelo.
—Me lo planteó, pero le dije que no se lo iba a permitir.
—Pero, ¿por esto de tu hermano o...?
Hace una pausa, suspirando.
—Hacía ya días que estaba dejándolo caer, pero después de lo de ayer...
Me da hasta miedo preguntar.
—¿Qué pasó ayer?
Un nombre se pasa por mi cabeza antes incluso de que Carol responda.
—Diana.
Y aquella losa que creíamos que había quedado en el pasado, vuelve a caer con más fuerza que hace años.
Alec
—Prefiero usar la peluca rubia —le digo—. Aunque tú tendrías un punto también de rubito, ¿eh?
Despeino durante la desorbitada cifra de tres segundos el pelo de mi mejor amigo hasta que retira su cabeza con rapidez. Trata de no sonreír, pero no cuela.
—También había pensado pedir que se cerraran los sex shops para que pudiéramos ir sin necesidad de disfrazarnos, pero Laura opina que eso es demasiado...
—De marqueses.
Sonríe por fin.
—Le parece más divertido hacerlo así —continúa hablando—, y seguramente Carol opine como ella.
—Así que estamos vendidos, amigo mío. Nos va a tocar llevar bigote y peluca.
Se encoge de hombros y se recuesta más cómodamente en su sillón, en esta enorme sala que hace las veces de despacho y a la que me ha traído para contarme que el fin de semana que viene viajaremos a París.
—Bueno, ahora cuéntame qué te pasa a ti —me dice, señalándome con una leve inclinación de cabeza.
—¿A mí?
—Sabes que sé que te sucede algo, Alex. ¿Es por lo del hermano de Carol? Porque conozco gente que acabaría con el problema en cuestión de segundos.
—Uy, aquí, el matón de los Graham pensando en sicarios —respondo, pinchándole el pecho con mi dedo.