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Chapter 16 #2

Levanto la vista hacia Alex y compruebo que está igual de ensimismado que yo, observando desde el otro lado a nuestras chicas hacer algo que las está proporcionando un placer que se siente en constante crecimiento.

Y me gusta lo que veo. Él está mirando a ambas arrodillado a su lado.

Su mano acaricia de forma automática su propio sexo, dándome cuenta de que yo estaba haciendo exactamente lo mismo que él.

Está extremadamente seductor con ese cuerpo inmaculado y atlético, sintiéndose siempre cómodo sabiéndose admirado.

Hay una extraña mezcla de calma y excitación en su rostro.

Se muerde un labio sin perder detalle y luego se echa hacia atrás el pelo todavía mojado que le cae de forma seductora por la frente y a un lado de la misma.

Joder, es un hombre que lleva el atractivo un paso más allá que el resto de los mortales y va a poder ser mío dentro de muy poco.

Aunque por primera vez en mi vida también espero poder disfrutar de lo que se siente que un hombre me haga suyo física y emocionalmente.

No un hombre cualquiera. En realidad, lo quiero con él, con el imposible y testarudo Alex, que no cejó en su empeño de acercarse a mí hasta que consiguió derribar todas las barreras que yo había levantado alrededor de mi familia y de mí mismo.

No dejó de intentar ser mi amigo hasta convertirse en el mejor.

Es al único al que he dejado que me conozca de verdad, con el que río con ganas mil veces mientras estamos juntos.

La unión emocional que ambos hemos desarrollado ha sido tan fuerte y especial que ha desembocado en una atracción que me lleva de cabeza desde antes de que yo mismo lo reconociera siquiera.

Mi amigo se gira hacia mí al sentir que lo observo. Me mira con rapidez de punta a punta y sonríe, puede que al ver que estoy haciendo lo mismo que él. Entonces se da cuenta de algo y suelta su ya considerable erección de forma graciosa, levantando las palmas de sus manos a modo de rendición.

—Todo para ti, lo prometo —me dice, recordando la promesa que me hizo en las duchas.

Dios mío, sólo Alec podría hacerme reír en un momento así; tiene un gran mérito.

—Ellas no nos necesitan ahora. —Primero me mira con el ceño fruncido, sin entender, y casi al segundo abre la boca en exceso, comprendiendo lo que le estaba queriendo decir. De nuevo me echo a reír, pero avanzo hacia él, agarrando su barbilla entre mis dedos—. ¿Confías en mí, Alex?

—Con mi vida —pronuncia sin habérselo tenido que pensar ni un solo segundo.

Aquellas tres palabras golpean mi pecho de forma especial y de repente necesito demostrarle lo mucho que significa él en mi vida.

Y creo saber la forma de hacerlo.

Hago que se tumbe junto a Laura sin rechistar, apoyando mi mano en su pecho para indicarle dónde quiero que se quede exactamente.

Él se deja hacer de manera obediente y mi erección crece por ello hasta sentir incluso un pequeño pinchazo.

Cuando está colocado al lado de mi mujer, agarra su mano y se la lleva a los labios, besándosela con cariño.

Me derrite ver con qué amor tratan nuestros amigos a Laura y cómo esta sonríe ante aquella espontánea muestra de afecto.

Y ya sólo por eso, querría devolverles con creces el cariño que demuestran tener con ella.

Repto sobre Alex, dejando que sienta el contacto de mi piel en la suya. Su respiración se acelera por ello, pero sigue con sus ojos clavados en los míos, muy atento a cualquier movimiento.

—Voy a empezar primero con mis dedos—le explico sobre sus labios—. Usaré nada más que unas gotas de aceite para lubricarte, pero tienes que prometerme que no te correrás.

—Te prometo que voy a intentarlo, pero ya me está costando si dices esas cosas con la puta voz de Charles Green.

Las chicas ríen a nuestro lado y ahora es Laura la que besa la mano de Alex. Atrae el rostro de este con su mano hacia ella y besa sus labios con dulzura.

—A lo mejor George no sabe hacer eso —le dice—. Como nunca ha probado con un hombre...

Alex ríe socarronamente mientras le hago un gesto de burla a mi mujer, aunque ella no puede mantener mucho tiempo la compostura; su amiga reclama toda su atención.

Creo que están muy cerca de llegar a un segundo orgasmo en lo que va de tarde y la respiración de mi amigo y la mía propia parecen detenerse para no interrumpir un momento que se siente de otro mundo.

Mi mujer está llegando al clímax gracias a otra y yo tengo la inmensa suerte de poder presenciarlo y vivirlo junto a ella.

Por nada del mundo interrumpiría algo así.

Carolina

Pensé que sería más difícil, pero está claro que en la vida hay que probarlo todo para saber.

La verdad es que mis nervios fueron por una parte en aumento con la breve experiencia dentro de la piscina, pero también descendieron un poco al comprobar que éramos capaces de excitarnos mutuamente de esa forma tan nueva para ambas.

Ninguna de las dos teníamos experiencia en algo así y no creí que pudiera llegar a sentir un inminente orgasmo en cuestión de pocos minutos.

Laura sabe, por cómo incido sobre su cuerpo, que va a suceder ya, pero quiero asegurarme de que ella llegue conmigo; tiene que ser una sensación doblemente intensa y quiero vivirla con ella.

—¿Estás lista? —le digo con voz decidida, no importándome ya que nuestros maridos estén inmóviles al lado, observando con deleite absoluto cómo ambas tenemos un sexo tan bueno que nos ha encendido de forma enloquecedora en pocos minutos.

—Más que eso —responde, apretando mis manos, que tengo entrelazadas en las suyas desde hace rato.

Dejo que mi cuerpo tome el control por completo después de las palabras de Laura.

Ya no soy yo la que pienso cómo tendría que moverme, porque estoy justo en el punto exacto en el que ambas notamos una fricción maravillosa en nuestros clítoris.

Suelto una de sus manos para poder sentir su piel suave bajo la palma.

Acaricio su pecho, deteniéndome un instante para pellizcar su pezón izquierdo, pasando luego al derecho.

Querría que este momento durara varios minutos más, pero me decido a dejar que suceda, prometiéndome a mí misma una maravillosa recompensa: volver a repetirlo una y otra vez hasta el desmayo.

El orgasmo llega de forma intensa, como si me estuviera abrasando la piel por dentro de punta a punta del cuerpo; no recuerdo haber sentido algo así en mi vida.

Todo dentro de mí reacciona ante esa sacudida y siento que Laura tira de mí para que no me caiga hacia atrás, aunque alguien ha sostenido mi cuerpo cuando mi orgasmo estaba empezando.

Consigo recuperarme lo suficiente como para ver que es George quien me sostiene, sonriendo con cariño.

Sin dejar de mirarme a los ojos, se agacha sobre mí y lame mi pezón derecho, el que tiene más cerca de su boca, depositando después de aquello un dulce beso sobre él.

Y mi cuerpo pide más.

—Sigue —le pido a George, agarrando su cabeza por la nuca y acercándolo de nuevo a mí.

Veo cómo sonríe, complacido con aquello.

Me siento más desinhibida con todo esto porque he comprendido que los cuatro estamos más que de acuerdo con lo que sea que hagamos entre nosotros sin que eso vaya a molestarnos de alguna forma, así que no he tenido la necesidad de pedir antes permiso a Laura.

Es más, cuando su marido vuelve a acariciar mi pecho con su lengua, veo más allá a mi amiga observando todo, con la respiración acelerada mientras mi chico hace lo mismo con ella que George está haciendo conmigo.

Es un momento que se siente ardiente, tanto que las caderas de Laura se elevan para pedirme que vuelva a moverme como hasta hace un instante.

Y yo estoy encantada de cumplir con aquella petición, por supuesto.

Laura

Creo que voy a volver a correrme en cuestión de segundos, y sería la tercera vez en un corto período de tiempo. Aun así, sé que quiero más; no puedo parar. Es todo tan nuevo y ardiente que creo que podría seguir así lo que queda de día.

¿Hay un límite de orgasmos que el cuerpo puede manejar hasta que colapse? Porque me parece que hoy entre los cuatro vamos a descubrirlo.

Nuestros chicos están esmerándose en provocarnos otro ahora mismo.

Ponen atención en acariciar con sus lenguas nuestra piel.

En concreto, George está atendiendo diligentemente uno de los pezones de Carol mientras la sostiene para que se encuentre más cómoda y Alex acaricia mi pelo con sus dedos y mi pezón izquierdo con su lengua.

Es cuidadoso y atento, y podría decir que es tal y como pensaba que sería o lo contrario, pero es algo en lo que nunca había pensado.

No me imaginé pudiendo ser capaces de hacer esto entre los cuatro, por muy amigos que fuéramos.

Al principio simplemente quise ayudar a Carol y Alex, ya que tenían al resto de productores, y prácticamente a medio mundo, en contra.

Me caían bien y me recordaban un poco a Jorge y a mí en su día, queriendo ser felices juntos y no pudiendo pasar más de unas horas sin que un tercero intentara de cualquier forma que nos alejáramos para siempre.

Aquellos primeros tiempos fueron muy duros para ambos y no podía quedarme de brazos cruzados al ver que otra pareja estaba frente a mí en la misma situación.

Es cierto que luego fuimos acercándonos cada vez más.

Confiaba en ellos y ellos también en mí.

Jorge quería mantenerse al margen, como siempre intenta con el resto de la humanidad, pero yo sabía que ellos le caían especialmente bien.

Ayudó lo indecible para que sus problemas legales se resolvieran lo antes posible y puso todo de su parte para verlos juntos.

Incluso en aquel duro momento, cuando no le quedaban muchos días de vida, insistió en ir a un evento y poner en juego nuestra propia estabilidad económica para así evitar que nuestros amigos siguieran sufriendo.

En esa ocasión demostró que consideraba a Carol y a Alex como de su propia familia.

Quería a ambos de una forma que no le había pasado con más gente aparte de los más cercanos a él.

Nadie más hasta ese momento había conseguido fulminar de esa manera las barreras que Jorge siempre se había autoimpuesto para evitar que nadie llegara a él.

Es por eso que en parte no me extraña todo lo que estamos viviendo ahora.

Nuestra familia se ha agrandado hace tiempo para recibir a la suya y formamos un núcleo homogéneo y feliz desde que todos estamos más unidos.

Y no es que por ello hayamos terminado así.

Sí, hay más, lo reconozco. Paula, por ejemplo, es de mis mejores amigas y no pude verla jamás como veo a Carol.

Jorge tiene amigos, pocos, pero los tiene, y tampoco se ha planteado nunca nada de esto; ni siquiera bromea con ellos como lo hace con Alex.

Sé que, por ejemplo, a Toño en su momento se le notaba que le atraía mi entonces todavía novio.

Él mismo me lo reconoció, aunque era algo evidente para mí.

A veces se le escapaba algún comentario y su forma de actuar dejaba en evidencia lo que realmente estaba pasando.

Tuve que hablar con Jorge cuando este empezó a estar molesto con esa actitud; trabajaban juntos y confiaba en su profesionalidad, aparte de que yo sabía que se caían realmente bien, así que no podía permitir que algo así se rompiera.

Le pedí permiso a Toño para hablar con Jorge del tema y en cuanto este me lo dio, tuvimos una conversación.

Él comprendió la situación al momento, sin tener que entrar en mayores detalles, pero continuamos con el tema y acabó derivando en confidencias mayores.

Jorge parecía haber tenido ese tipo de conflictos con otros hombres que también se sentían atraídos por él, aunque él nunca sintió nada similar.

No conocí a todos, pero sí a algunos de ellos.

He de decir que eran hombres sumamente atractivos que podrían haber hecho dudar a cualquiera.

No a Jorge. Es por eso que siempre me sorprendió que con Alex se comportara de una forma diferente, bromeara desde el principio conmigo sobre el tema y luego le siguiera las bromas a nuestro amigo de una forma tan natural.

No le frenaba, le animaba con su actitud a que continuara de esa manera su relación de amistad.

Mi cuerpo reclama una liberación urgente.

Aprieto con más fuerza la mano de Carol y ella gime junto a mí mientras nos dejamos llevar de nuevo por un sonoro orgasmo que nos llega al tiempo.

Sigo sintiendo la lengua de Alex en mi pezón izquierdo, ahora succionándolo con énfasis hasta que mi cuerpo va calmándose por fin.

Mi visión se llena de luces de colores, a pesar de haber cerrado los ojos hace un instante por la intensidad de todas las sensaciones que estaban embargándome.

Cuando vuelvo a abrirlos, es únicamente porque siento que el cuerpo de Carol cambia de postura y se tumba sobre mí, besando mis labios.

Nos quedamos unos segundos mirándonos y veo en sus ojos la misma satisfacción que serpentea por todo mi cuerpo ahora mismo.

—Esto es increíble —pronuncia emocionada, aguantando la risa.

Agarro su cabeza y vuelvo a besarla con más ímpetu que hace un momento mientras las fuerzas vuelven a mi cuerpo.

—Como para repetir mil veces más —respondo después, observando su hermoso rostro sonreírme.

Me besa de nuevo, aunque de pasada. Algo nos llama la atención a nuestro lado. Alec está tumbado a mi lado y George espera arrodillado frente a él, hablándole de manera pausada.

Carol y yo nos incorporamos y nos sentamos a su lado, dispuestas a disfrutar de una nueva experiencia que estoy segura de que va a conducirnos a otro orgasmo.

En serio, ¿cuál puede ser el límite antes de necesitar ayuda médica?