Enter (Crossing 1) Chapter 15 #2
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Chapter 15 #2

Se ríe de forma deliciosa al entender lo que estoy queriendo decirle y acaricia un segundo mi mejilla con aquella mano tan suave. Mi mujer besa mi hombro a la vez y veo a Alex reír un instante también.

—Tengo muchísimas ganas —me confiesa Carol en un susurro que casi tengo que intuir por el movimiento de sus labios.

Nuestras bocas entonces recorren el escaso espacio que quedaba entre ambos y terminan rozándose primero levemente y luego en calmada profundidad.

Me tomo mi tiempo para explorar aquel nuevo lugar que mi amigo y mi mujer conocen ya.

A Carol no parece desagradarle lo que está encontrando en la mía.

La noto cada vez más ansiosa, como si quisiera soltarse de alguna atadura que la oprime y no la dejara actuar de la manera que querría.

Hace años, muchos años ya, sabía perfectamente cuándo una mujer sentía deseos hacia mí con una simple mirada.

Podía captar detalles en ellas que me conducían a satisfacer sus deseos con el mío propio.

Cuando Laura y yo comenzamos una relación, mi cuerpo olvidó todo aquello y se centró única y exclusivamente en ella, pero ahora es mi mujer la que me está pidiendo que haga esto.

Como si pudiera leerme el pensamiento, agarra el brazo que tenía en su cintura y lo coloca con delicadeza sobre la de Carol, lanzándome una petición muy concreta que yo pienso concederle.

Es en ese momento cuando arrastro hacia mí a nuestra amiga, pegando su cuerpo al mío, haciéndola gemir.

Sus besos se vuelven más apasionados a partir de entonces, como si me estuviera diciendo que ya no quiere dar marcha atrás; yo tampoco quiero, menos aún, cuando Laura comienza a acariciar mi sexo por encima del bañador.

Por el amor de dios…

Mi mano es conducida a la nalga de Carol por el propio Alex, que se pega al cuerpo de ella.

Siento su propia erección justo cuando mi mujer cuela su mano por dentro de la endeble tela que contiene la mía.

Comienza a masturbarme con una excitante confianza frente a nuestros amigos.

Es entonces cuando noto que Alex está haciendo lo mismo con Carol.

No, ya no hay marcha atrás para ninguno de los cuatro.

Carolina

Besar a George mientras Alex me masturba está siendo la experiencia más excitante de mi vida junto a la de la piscina con Laura de hace un rato.

Creo que todos nos estamos dando cuenta de que esto es lo que queremos que pase; puede que lo hayamos estado deseando desde hace años.

Y por fin estamos aquí, los cuatro juntos, bajo el agua de la ducha, excitados y excitándonos los unos a los otros, sabiendo que esta es sólo la antesala de lo que está por venir.

No sé si seré capaz de soportar tanto placer sin colapsar.

— Babe… —escucho a mi espalda a mi marido.

¿Por qué sé lo que me está queriendo decir con una sola palabra?

—Hazlo —le pido con urgencia entre los besos de George.

—¿Seguro?

—Hazlo ya, por favor —vuelvo a insistir, cada vez más excitada.

Y por si no le queda todavía clara mi petición, comienzo a quitarme yo misma el bañador que aprisionaba mi cuerpo de tal forma que empezaba a no ser capaz de respirar.

Lo empujo con el pie hacia un lado y me quedo desnuda por completo ante los tres.

Siento en mi boca un gemido de George más que sensual y veo que Lau me observa desde la espalda de él con curiosidad.

No es la primera vez que ambos me ven casi sin ropa; en Coincidence tuve que rodar varias escenas así.

Sin embargo, en esas ocasiones, ellos estaban lejos, de espectadores, y no podían participar en lo que sucedía en las escenas.

Ahora, por el contrario, estamos viviendo una mucho mejor que todas las que rodamos.

La mano de Laura guía la de George hacia uno de mis pechos.

Él se deja hacer y lo observa con nueva curiosidad hasta que nuestra piel vuelve a rozarse, esta vez, de una manera diferente.

Alex sigue masturbándome mientras ahora George se agacha para lamer uno de mis pezones, tirando acto seguido de él con sus dientes suavemente.

Agarro su cabeza para no permitir que deje de hacer eso mientras echo la mía hacia atrás, apoyándome en el hombro de mi marido.

Y no tengo necesidad de abrir los ojos para comprobar qué está pasando cuando siento que mis dos pezones son mordisqueados a la vez, pero quiero verlo y aumentar de esa forma una excitación que ya se siente a rebosar.

Laura y George dándome placer a la vez que mi marido, que continúa con sus dedos dentro de mi sexo y alrededor de él.

Me siento húmeda, excitada y con fuerzas para cometer una locura, aunque no se me ocurre ninguna mayor que en la que estoy ahora mismo.

Los cuerpos de los cuatro quedan desnudos por fin.

Al mío le ha seguido el de Laura, que a su vez ha ayudado a su marido.

Cuando Alex intentaba deshacerse de su bañador sin dejar de masturbarme, ella misma ha sido quien se ha acercado a él y se lo ha quitado.

Nada, no he sentido nada con ese gesto salvo más ardor.

No hay ni una pequeña sombra de celos, ni una ínfima duda que pudiera instalarse en mi cabeza. Y eso consigue excitarme mucho más.

No siento vergüenza cuando Alex comienza a entrar en mí. Se siente como la sucesión normal de acontecimientos que se están dando este fin de semana. Tener sexo abiertamente con mi marido junto a nuestros amigos no es algo que soñara hacer y, sin embargo, desde ahora me gustaría repetirlo a menudo.

Por supuesto, ellos saben lo que estamos haciendo.

Lo ven, lo sienten, lo escuchan aunque los gemidos puedan mitigarse un poco con el ruido del agua cayendo todavía sobre el empedrado suelo.

Creo que nunca había notado tan duro el sexo de mi marido dentro de mí.

Me parece sentir su piel venosa rasgar mi interior cada vez con más rapidez.

George sigue besándome mientras Alex me penetra.

Veo entonces a mi amiga ponerse de rodillas junto al primero.

No puedo evitar que mis ojos se desvíen hacia abajo en el momento en el que su boca rodea el sexo de su marido, haciéndole gritar de pura pasión.

La boca de este busca ahora la mía con más intensidad y Alex detrás de mí se queda quieto sobre mi espalda, acercándose a mi oído.

—¿No quieres probar?

Desde que todo esto ha comenzado de verdad, mi mente está más abierta que nunca y comprendo con tres palabras lo que me está sugiriendo.

Y claro que quiero.

Me inclino hacia abajo, siendo sujetada por Alex para no perder el equilibrio.

Laura ve que mi boca busca lo mismo que la suya y sonríe al apartarse un instante.

Al momento comienza a lamerlo de punta a punta, como si me estuviera mostrando lo que más le gusta a su marido.

Y al ver de cerca aquel miembro tan bien proporcionado y erecto, siento cada vez más ganas de llevármelo a la boca.

George acaricia mi barbilla un segundo, a la vez que hace lo mismo con la de Lau.

Escucho un beso apasionado sobre nosotras y los movimientos de Alex comienzan a ser de nuevo contundentes.

Laura y yo nos miramos un instante antes de que mi boca se llene del sexo de George, del codiciado marqués de Montrose que tantas pasiones levanta en todo tipo de personas.

Ahora mismo tengo a Charles Green y al modelo que lo inspiró dándome y recibiendo placer a partes iguales, dentro de mí los dos de formas diferentes.

No sé cómo estoy consiguiendo contener mi orgasmo.

—Joder, Carol —oigo que dice George, agarrando mi pelo con una delicadeza que no pensaba que tuviera en un momento así.

Juguetea con un mechón de mi pelo y luego masajea mi nuca, provocando que mi cabeza empiece a chisporrotear con pequeñas descargas eléctricas que ya no sé ni de dónde salen—.

Si sigues, vas a provocarme un puto orgasmo —susurra, e intuyo en su tono una especie de sonrisa.

Abro los ojos un instante y veo a mi lado a Laura, de pie ante mí, y a George dándole placer con sus dedos.

Aquello me descoloca y me encanta, ambas cosas a la vez.

Y quiero de repente hacer todo aquello y más, y que a su vez me lo hagan a mí.

Creo que me acabaré volviendo loca, pero qué locura tan excitante, joder.

Me sorprende el movimiento de George cuando vuelve a agarrarme la barbilla, esta vez, con prisa.

Separa mi rostro de su miembro y me mira con ojos ardientes y agradecidos; me tiemblan las rodillas y no sé ni cómo consigo erguirme a su altura.

Me besa en profundidad, aunque durante escasos segundos, dirigiéndose seguidamente a su mujer, a la que también besa de la misma forma.

Tengo que apoyar mis manos en la pared frontal de la ducha para sostenerme; mi cabeza sigue dando vueltas, completamente turbada por todo lo que estamos haciendo.

Y casi al momento, Laura se coloca en la misma postura que yo, rozándonos los brazos y agarrando mi mano.

Ambas estamos disfrutando de esta manera de nuestros maridos y me doy cuenta de lo mucho que me provoca verlos de esa forma.

Es todo tan nuevo y apasionante que no sé a qué prestar más atención.

Sin tener necesidad de preguntarnos si queremos, Laura y yo nos besamos, todavía con una mano sobre la pared.

Su otra mano comienza a acariciar mi cintura, subiendo por el costado hasta alcanzar uno de mis pechos, el cual ahora recibe toda su atención.

Atrapo entonces uno suyo con mi mano y siento la calidez de su tersa piel, a pesar de la humedad refrescante del agua.

Decido no esperar más y probarlos por mí misma, así que ahora soy yo la que enfoco todos mis sentidos en saborear aquella novedosa parte de su cuerpo, la cual también me gusta desde antes de poder tocarla siquiera.

Alex me sigue penetrando en profundidad mientras me masturba con sus dedos. Estoy haciendo serios esfuerzos por no correrme; quiero saber hasta dónde puedo llegar.

—Estás a punto —le oigo decir a mi marido, esmerándose más en sus movimientos.

—A ti, ni se te ocurra —dice George. Me giro para ver a quién se refiere y observo un nuevo beso entre ellos, aunque de corta duración—. Quiero que la primera vez que te corras hoy, sea mientras esté dentro de ti, ¿de acuerdo?

—Sí, milord —le responde con un tono ardiente.

Y me parece que voy a ser incapaz de aguantar mucho más.

Laura ha gemido a la vez que yo al escuchar aquel intercambio de palabras entre ambos. Me mira y veo en sus ojos lo mismo que seguramente está ella viendo en los míos. Vuelve a besarme con urgencia, como si de esto dependieran los siguientes segundos de nuestra existencia.

—¿Juntas? —pregunta sobre mis labios.

Por el amor de dios, creo que me voy a desmayar.

No tengo siquiera que responderle; sabe que mi respuesta es sí en cuanto la beso yo esta vez.

Desde que estoy con Alex, mis orgasmos son espectaculares.

A veces intensos, otros tranquilos y extremadamente largos, pero nunca he disfrutado tanto con nadie como con él.

Y sí, el orgasmo al que llego en esta ocasión es estando dentro de mí, pero sé que lo que estoy sintiendo es por Laura y George también, porque correrme junto a ella mientras ambos nos están dando tanto placer es algo que no pensé que viviría cuando llegamos ayer a Lyme y que no creo que pueda dejar de hacer en cuanto nos vayamos de aquí.

Desde ya mismo sé que voy a querer esto con ellos cada día de mi vida.

Esto y más.

Muchísimo más.