Enter (Crossing 1) Chapter 13 #3
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Chapter 13 #3

—Vale —contesta brevemente, besándome a continuación con una mezcla de determinación y dulzura. Cuando se separa de mí, su sonrisa se agranda—. Es una buena forma de hablar, ¿verdad?

Sonrío con él por la picardía que siempre tiene en todo.

—Me encantará provocar que hables sin filtros cuando esté dentro de ti.

Sus ojos se mueven con rapidez y casi puedo intuir cómo están a punto de estallar en llamas por mis palabras.

Y eso me vuelve a excitar.

—No me extraña que Laura haya escrito las mejores escenas eróticas del puto milenio, joder.

Le contagio la risa casi al momento y froto su brazo antes de hablar de nuevo.

—¿Tenéis lubricantes aquí?

Vuelve a atragantarse con mi pregunta, riendo otra vez.

—¡Joder, George!

—¿Qué? Necesito saberlo para...

—No esperábamos un fin de semana así —me recuerda—. No tenemos nada de eso, no.

—Pues deberíais, pero en fin… ¿Y alguna crema neutra?

—¿Neutra? —pregunta—. Carol y yo usamos una que es muy suave, con olor a lavanda y…

—No nos sirve entonces eso tampoco —le corto y pienso con rapidez—. No es algo que deba usarse, pero tendrá que valernos hoy un poco de aceite de oliva.

—Dios mío, George —se vuelve a quejar, meneando la cabeza sin dejar de sonreír—. Vamos a tener sexo con un degenerado.

No puedo pasar por alto ese plural.

—¿También Carol entonces?

Asiente con fingida resignación.

—También Carol. ¿Y Laura...?

—No querría que perdiera la oportunidad de acostarse con dos Charles Green en la vida real.

Al menos parece que ya no le avergüenza tanto hablar de este tema y vuelve a estar tan animado como siempre.

—Sólo un degenerado tendría ese tipo de consideración —bromea, ya riéndose.

—Reza lo que sepas para que también la tenga cuando te esté lubricando.

Nuestras bromas siempre han sido muy subidas de tono, pero estamos alcanzando un nivel superior desde hace horas.

Y no tenía ni idea de lo mucho que eso me iba a gustar.

Carolina

—Entonces, anoche tampoco se lo contaste.

Niego con la cabeza, mirando de reojo hacia fuera de la piscina, en donde mi marido está hablando animadamente con George sin prestarnos atención.

—Sé que tendría que... Cuanto antes solucione todo...

—George puede encargarse de eso —me recuerda—. Sólo tienes que decirnos que nos pongamos a ello.

—Quiero hablar antes con Alex, pero me está costando mucho encontrar el momento.

Laura separa distraídamente un mechón de pelo mojado de mi mejilla y vuelve a hablar.

—A lo mejor después de lo de este fin de semana, se encuentra más receptivo.

Me hace reír su forma de decir aquello.

—Está emocionadísimo —reconozco.

—George no quiere reconocerlo, pero sé que también lo está.

—Y yo también —me atrevo a decir, cada vez más suelta con respecto a este tema.

Y su sonrisa provoca que tenga que agarrarme de nuevo al borde de la piscina, como si temiera hundirme en el agua si no lo hago.

—¿Tú sabes algo de...? ¿De lo que se supone que vamos a...?

—Yo nunca he hecho una orgía —me apresuro a decir—. ¿Tú...?

Ahoga una carcajada y se acerca más a mí, agarrando mi cintura con la mano que no tiene en el borde.

—Me refiero a mujeres en concreto. ¿Alguna vez has llegado a...? Si no querías hablarlo con ellos, a mí puedes contármelo.

—Lo sé —le aseguro con una sincera sonrisa, aprovechando para rodear su cintura también—, pero no he hecho nada así en mi vida. ¿Tú dijiste que...?

—No llegué a tanto, pero sí que me explicaron cómo era todo aquello —me cuenta—, aunque nunca imaginé que estuviera a punto de llevarlo a cabo.

Su tono algo nervioso sorprendentemente me calma, como si notar que ambas nos sentimos igual fuera un alivio.

Y, en cierto modo, sí que lo es.

—Dicen que no es tan sencillo como parece —me atrevo a exponer.

—Hay que encajar como si fuera una especie de puzle y depende de la constitución y la maña de ambas, pero seguro que lo conseguimos.

—¿Un puzle? —digo en alto mientras en mi cabeza se forman diferentes combinaciones, tratando de comprender.

Ella hace un movimiento con los ojos hacia abajo y luego vuelve a mirarme.

—¿Puedo...? —pregunta, creo que queriendo saber si no me importa que probemos algo.

Asiento, dándole permiso para que haga lo que quiera.

Al momento, Laura se agarra con más fuerza al borde de la piscina, colocando una de sus piernas entre las mías y elevando medio cuerpo dentro del agua.

Imito sus movimientos hasta quedar ambas unidas de forma extraña pero asombrosamente natural.

Es entonces cuando su mano atrapa una de mis nalgas, acomodándome mejor frente a ella, y yo engancho su cuerpo con mis piernas como hace también mi amiga.

Comienzo a notar que se mueve levemente, impulsándome con su mano.

Recuerdo al instante lo bien que me sentí ayer encima de sus piernas.

Esto es mucho mejor; menos ropa y más contacto. Más soltura y atrevimiento también.

Mis mejillas arden y seguro que ella lo nota por cómo sonríe al mirarlas. Sigue moviéndose de forma casi imperceptible pero excitante hasta el exceso. Si esto es así con un bañador de por medio, ¿cómo será cuando...?

—Por dios, Lau —le pido en cuanto siento algo diferente, un roce en un lugar muy concreto con esa misma parte de su propio cuerpo.

Ella se queda inmóvil ante mis palabras.

—Creo que deberíamos parar —susurra.

—Creo que sí —digo, echando un vistazo a nuestros maridos, todavía hablando entre ellos.

Pero ninguna hace amago de separarse de la otra.

—Sólo con sentirte así, sin movernos siquiera...

—Joder, lo sé —aseguro con la respiración cada vez más acelerada.

—No nos ha costado mucho encajar —dice ahora, haciéndome sonreír—. Aunque creo que sin bañador, será mejor.

—No tenía ni idea de que este puzle fuera tan sencillo.

—Si no nos separamos ya, no sé lo que...

—Si te alejas, me voy a sentir más que frustrada —reconozco.

—Carol, estoy a punto y ni siquiera estoy moviéndome —me advierte.

Me acerco a su oído y me atrevo a hablar claro de una vez.

—Necesito correrme así, contigo, enredada en tus piernas.

Cuando vuelvo a mirarla a los ojos, veo que brillan con una intensidad inusual. Todavía está quieta, como si estuviera procesando lo que le acabo de decir. Y por un instante temo haberla molestado, hasta que comienzo a observar cómo las comisuras de sus labios se arquean hacia arriba.

Dios mío, ¿en serio va a provocarme un orgasmo aquí y ahora mi mejor amiga, la que para todos es la inalcanzable Laura Sánchez?

—Chicas, ¿podéis salir para que hablemos?

La voz de mi marido se queda unos segundos al margen de nuestra burbuja hasta que consigue colarse por un resquicio, haciendo que se disuelva este momento en un instante.

Ambas nos separamos a la vez, aunque sin dejar de sonreír. Salimos en silencio de la piscina para acercarnos a nuestros maridos, que nos esperan ajenos a lo que estaba a punto de suceder.

Miro de reojo a Laura y veo que ella también estaba mirándome.

—Luego —promete con una voz tan armoniosa que podría hacerme bailar.

Y yo asiento ante aquella promesa, deseando que muy pronto se haga realidad.