Chapter 12 #2
—Tú también con George, así que no te metas conmigo —protesta.
Y me mira con excesiva atención, aunque esté intentando disimularlo.
—Reconozco que sí —le digo sin rodeos—. Es un hombre que siempre me ha llamado la atención por lo atractivo que es. No parece de este mundo. Joder, y sobre todo después de aquella enfermedad. ¿Qué coño pasó en esa habitación para que se viera veinte años más joven de repente?
Siempre me lo he preguntado. Cuando cayó tan enfermo y el cáncer estaba terminando con su vida, todos estábamos en ese hospital, esperando lo peor.
Sucedió aquel terrible problema con Diana y luego la llegada precipitada de Damica al mundo, y Carol y yo estuvimos un rato largo sin poder volver a su habitación, pero cuando regresamos, George estaba como nuevo.
Tenía un color excelente, un ánimo inmejorable.
Reía a carcajadas y bromeaba con cualquier cosa.
Ni rastro de la respiración débil, la piel cetrina o el sonido aterrador de aquella máquina a la que estaba conectado y que indicaba la poca vida que quedaba dentro de él.
Todo había cambiado en el lapso de tiempo que estuvimos fuera de allí.
¡Incluso sus patillas canosas volvían a lucir un color caoba resplandeciente!
No hemos vuelto a hablar de ello, porque siempre que le intento sacar el tema, él sonríe y comienza a hablar de otra cosa, pero desde entonces parece que su vida dio un giro radical.
Es cierto que me gustaría saber qué sucedió en esa habitación de hospital, pero no perdimos a nuestro amigo, y eso es con lo que me voy a quedar.
—Antes de aquello también te gustaba —oigo que dice mi mujer.
Me lanzo encima de ella para hacerla cosquillas y sus risas inundan de alegría mi corazón una vez más.
—Entonces, ¿lo hacemos? —le pregunto, deteniendo mi tortura para dejar que tome aire y conteste.
Y su sonrisa me anticipa todo lo bueno que puede haber en este mundo.
—Pero no metas la pata de alguna forma —me amenaza, dejando implícito un sí rotundo a mi pregunta.
—¿Yo? Si se me da genial hacer estas cosas —me defiendo, comenzando a acariciar su cuerpo.
El suyo al momento reacciona y se aproxima al mío de forma instintiva.
—Siempre metes la pata —me recuerda aun así.
—Son nuestros mejores amigos —le recuerdo, quitándole la poca ropa con la que se había metido a la cama—. Ellos saben que soy así y no me lo tienen nunca en cuenta.
—Pero esto es diferente, Alex.
Detengo mis manos para centrarme en mirarla con atención.
—¿Tan importante es para ti hacer una orgía con nuestros amigos?
Golpea mi pecho, pero con suavidad, haciéndome reír de nuevo.
—No lo estropees, por favor —me pide muy en serio.
Me acerco a sus labios y deposito en ellos un breve beso antes de responder.
—Jamás haría eso, te lo prometo. —Sonríe, dándose por satisfecha—. Tengo ganas de saber qué pasa con los besos de Laura, que os tienen como locos a George y a ti.
Cuando empieza a revolverse entre risas, agarro su cuerpo entre mis brazos y ella se detiene, volviendo a mirarme a los ojos.
—Yo también quiero saber cómo besa George para que Laura y tú no queráis dejar de hacerlo.
Sonrío con ella, porque me encanta que podamos hablar de algo así sin un atisbo de enfado.
—¿Seguiremos igual que antes? —pregunto, pero ella no comprende—. Aunque tengamos sexo con nuestros amigos, prométeme tú a mí ahora que eso no nos afectará a nosotros.
—¿Por qué iba a hacerlo? —dice con tono de no comprender—. Nos queremos de una forma que va más allá de todos los inconvenientes que nos puedan surgir. Hacer un upgrade en cuanto al sexo no va a...
—¿Hacer un upgrade ? —parafraseo—. Ya somos como Laura y George, hablándose mitad en un idioma y mitad en otro.
Sus risas vuelven, aunque son silenciadas por los leves gemidos que escuchamos que provienen de la habitación de nuestros amigos.
Por el amor de dios, que sea ya por la mañana.
—Te has excitado.
—¿Qué? —pregunto sin perder de vista sus labios sonrientes.
—Siento que te has excitado al escucharlos.
Y por si acaso protesto, su mano alcanza mi sexo.
—A ti también te pasa, desde hace mucho, además.
No lo niega, por supuesto.
Comienzo a besarla, puede que con demasiado ímpetu. Me falta el aire, pero no dejo de hacerlo, comenzando a moverme para colocarme de forma que pueda entrar en ella sin mayor esfuerzo.
—Así que mañana... —oigo que dice.
—Mañana, sexo con nuestros mejores amigos.
Ríe y gime cuando siente que estoy colándome dentro de ella.
—Tengo ganas de veros a George y a ti...
—Eres una pervertida y sabes que eso me excita —le susurro con voz ronca, la misma que uso para interpretar a Charles Green, algo que sé que la vuelve loca.
—No sé si sabré hacer algo así y seré yo la que meta la pata.
La miro con sorpresa.
—¿A qué te refieres?
Intenta explicármelo sin palabras, pero sabe que esa es una batalla perdida de antemano.
—A… ya sabes, la logística del asunto.
Dios mío, cómo adoro a mi mujer.
—Seguro que George nos organiza sin problema.
—Va a ser como tener a dos Charles —dice, volviendo a centrarse en mis movimientos, echando la cabeza hacia atrás.
Y sé por qué lo dice. Laura nos ha reconocido que escribió Coincidence , la saga de libros que hemos protagonizado Carol y yo, gracias a la cual nos conocimos hace ya años, pensando en su marido y en ella misma, a pesar de no haberlo hecho de forma consciente.
Puede que por eso también nos hayamos hecho tan amigos.
Somos ambas parejas como una sola desde el principio. Un espejo la una de la otra.
Creo que George de nuevo tenía mucha razón y lo que va a suceder mañana es algo que lleva siendo inevitable desde el principio.
—Y a dos Adrianas —le recuerdo yo ahora.
—Creo que va a gustarme ver que te excitamos las dos —susurra, agarrando mis nalgas para que me clave de forma más profunda en ella. Pero entonces se detiene de golpe—. Vamos a tener que ampliar nuestro paraguas para que ellos puedan entrar.
Adoro desde ya mismo lo que acaba de decir.
Nuestra forma de comunicarnos al principio tenía que ser casi criptica para que nadie supiera que nos queríamos y solíamos hablar de paraguas en ese sentido.
Una de las primeras cosas que le dije, en aquella tarde lluviosa sobre el Millennium Bridge de Londres, fue que podía refugiarse bajo mi paraguas hasta llegar a una zona segura.
Desde entonces, ese ha sido nuestro rincón favorito del mundo y ahora siente que quiere agrandarlo y compartirlo, imagino que porque sabe que todo esto nadie más que nosotros podrá saberlo.
—No sé si habrá paraguas tan grandes —me hago de rogar.
—Pues esmérate en encontrarlo —responde, aparentando enfado.
La beso profundamente y al separarme de sus labios veo que le cuesta abrir los ojos de nuevo.
—Lo haré —le prometo con voz solemne un instante—. Lo fabricaré yo mismo si hace falta.
—Con muchos siempres —dice ella, haciendo alusión a la palabra que se repite tanto en Coincidence y que Laura y George también suelen decirse a menudo.
Mi cuerpo empieza a moverse dentro de ella, acomodándose por completo.
—Te prometo que haré incluso más de lo que esté en mis manos para seguir haciéndote inmensamente feliz. Umbrella, babe .
Y su gemido aumenta de intensidad con mi promesa.
— Always umbrella —reza ella sobre mis labios.
E intuyo que esta noche será demasiado corta, como todas las que paso a su lado.
Carolina
Se lo tendría que contar, pero todo se complicaría.
Sé que en cuanto le hable de ese tema, nuestra vida podría volver a tomar un rumbo crítico y eso no es lo que quiero ahora.
Necesito vivir lo que acaba de surgir sin haberlo planeado, disfrutar de algo ardiente y nuevo, y dejar de lado todo lo demás.
Y sí, sé que tengo que hablar con él antes de que todo pueda estallar, pero no puedo; todavía no, al menos.
Los problemas van a tener que esperar un poco más.