Chapter 12
VII
Laura
No voy a poder parar. No voy a ser capaz, y eso es algo que he comprendido en cuanto Carol se subió encima de mí, comenzando a moverse de tal forma que hizo que perdiera el control sobre mi propio cuerpo; ella ahora mismo podría hacer lo que quisiera con él y yo estaría más que encantada con eso.
—Princesa, ¿quieres que continuemos? —escucho que me dice mi marido al oído, volviendo a besar mi cuello a continuación.
Algo parecido oigo que Alex le dice a su mujer, pero la reacción de ella es frotar con más ímpetu su cuerpo al mío. Maldigo el momento en el que esta mañana decidimos ambas ponernos vaqueros. Si llegamos a tener un vestido, la fricción sería de locura absoluta.
—¿Seguimos? —me pregunta Carol entre besos.
Ambas nos detenemos en ese punto, esperando que la decisión se tome sola. Los ojos de Alex rezuman pasión, mirándonos a los tres de forma alternativa.
—¿Preferís que nos tomemos todos unas horas para pensarlo? —propone Jorge, besando con ternura mi sien.
—Pero ya que estamos, si los cuatro... —comienza a decir Alex con tono frustrado, siendo silenciado al instante por una caricia rápida de su amigo.
—Para que no haya ningún problema, es mejor que nos vayamos a descansar y pensemos cómo queremos hacer esto —continúa diciendo Jorge mientras Carol asiente, levantándose y dejando mi cuerpo sediento de ella y de sus increíbles movimientos.
—Espera —le susurro a mi amiga, agarrando su mano y tirando para acercarla aunque esté ya de pie. Carol se agacha y vuelvo a besar esos jugosos labios que empiezo a imaginar de mil maneras distintas sobre mi cuerpo.
—Princesa, si preferís que...
—No, lo siento, tienes razón —admito ante Jorge, soltando a Carol, que vuelve a erguirse, esta vez, con una sonrisa mayor que la de antes, llevándose un par de dedos a los labios mientras tanto—. Hoy descansamos y nos lo pensamos, estoy de acuerdo.
—Mañana podemos hablar las cosas —añade él, ofreciéndome su mano para que me levante yo también.
—Después de desayunar —propone Carol mientras salimos del salón.
—Y después de un baño en la piscina —añade Alex, poniendo morritos y haciéndonos reír a todos, algo que agradezco en mi actual estado de turbación.
—Nos veremos entonces los cuatro en la cocina para el desayuno —dice Jorge con su mano en mi cintura, besando después mi sien de nuevo con tranquilidad antes de empezar a subir las escaleras a la planta en donde están las habitaciones.
—Y después nos vamos a la piscina —insiste Alex.
—Dios mío, niño, qué pesadilla con esa puñetera piscina —se queja Carol, haciéndonos reír a todos con aquello.
En cuanto tenemos que tomar caminos diferentes, se hace el silencio más absoluto, no sabiendo ni cómo decirnos buenas noches. ¿Podríamos normalizar esta situación si llegáramos a más? ¿Cómo serían entonces las cosas?
Jorge es el que, de nuevo, toma la iniciativa.
Se acerca a Alex y le da un breve beso en los labios, acariciando con su pulgar la barbilla de nuestro amigo.
Él veo que tiene que hacer un pequeño movimiento de cabeza para despertar del ensimismamiento por aquel cariñoso y ardiente gesto.
Carol me mira con ojos suplicantes, aunque puede que los míos muestren lo mismo que los de ella.
Nos aproximamos ambas, tratando de que nuestro beso dure lo mismo que el de nuestros maridos. A duras penas lo conseguimos.
Es todo tan extraño y natural a la vez...
—Te daría un beso de buenas noches también a ti, pero creo que es uno de los puntos que tendríamos que tratar primero en pareja —le dice Jorge con una sonrisa a Carolina.
Y creo que ha estado muy acertado al proponer que nos tomemos unas horas para pensar en todo esto.
Jorge
Trato de actuar lo más tranquilo que puedo, pero mi inquietud no ha hecho más que aumentar desde aquel primer beso de Alex.
Y sí, es cierto que yo he sacado un tema que puede que tendría que haber muerto en el silencio más absoluto, pero desde hace tiempo creo que la vida hay que vivirla con intensidad, porque se nos puede esfumar sin darnos cuenta.
Y lo que los cuatro tenemos desde hace mucho es algo tan evidente que teníamos que tratarlo algún día.
Mi mujer está muy callada desde que entramos a solas en nuestro dormitorio. Me mira de reojo cada poco mientras nos cambiamos, pero no abre la boca para reprocharme nada, puede que porque ella está igual de encantada que yo con todo lo que ha sucedido en aquel salón.
Nos metemos en la cama, ambos con una vieja camiseta y poco más. La miro y veo cómo suspira, girándose después hacia mí. Menea la cabeza antes de hablar.
—A gusto te habrás quedado con la que has preparado ahí abajo.
—Ni te imaginas cuánto.
Trata de no reírse, pero sé que está disfrutando de todo esto como yo mismo lo hago.
—Y ahora, ¿qué se supone que vamos a hacer?
—¿Dejarnos llevar? ¿Elegir posturas imposibles para probar lo que...?
Me da un codazo entre risas.
—Son nuestros amigos, George —me recuerda por algún motivo—. ¿Y si ellos ahora se lo piensan y consideran que todo esto está mal y no quieren volver a saber nada de nosotros?
—Eso no va a suceder —le aseguro—, porque los cuatro nos tenemos las mismas ganas, seguramente, desde hace años.
Ríe tapándose la boca un instante sin dejar de mirarme a los ojos.
—Perdona, pero todavía no me puedo creer que tú y Alex... Joder, George, creí que explotaba.
—¿Por qué?
—Fue... Excitante —reconoce en bajo—. Cuando Carol y yo...
—Fue también excitante —me adelanto a responder—. Sobre todo, cuando ella se te subió a horcajadas. Alex y yo no pudimos evitar acabar yendo hacia vosotras. Por un momento pensé que no podríamos pararos.
Se tapa la cara un segundo y vuelve a mirarme. Sigue sonriendo, demasiado emocionada como para poder disimularlo.
—Carol es... Aquello fue... Joder, yo...
Me acerco más a ella y la rodeo con mi brazo, atrayéndola hacia mí.
—Sé que estabas excitada y, por cómo se te sonrojaron las mejillas, juraría que estuviste muy cerca de tener un orgasmo incluso.
Se lo he susurrado, porque sé que Laura se siente más cómoda tratando por primera vez ciertos temas con un tono de voz más bajo. Y así es. Asiente lentamente y muerde sus labios a la vez, escondiéndolos hacia dentro de la boca, como si quisiera guardar al fondo aquellos besos con su amiga.
—Reconozco que me gustaría seguir mañana —dice por fin—, pero también por veros a vosotros dos besándoos.
—Y, ¿Carol y yo? —pregunto ahora—. ¿O Alex y tú? ¿Qué haremos con eso?
Y sorprendentemente, no frunce el ceño siquiera a modo de malestar.
—Sé que me adoras, George, y que jamás dejarías de hacerlo por algo así. No me importaría ver que besas a Carol, si es lo que me estás queriendo preguntar.
—¿Estás segura de que no te importaría? ¿No pensarías que podría sentir algo más fuerte por ella que por ti al ir más allá?
Niega con la cabeza, besándome después.
—¿Pensarías que podría amar más a Alex que a ti por besarlo? —pregunta ella después.
—Jamás —le aseguro, no teniendo que pensarlo ni un solo instante.
—Lo mismo me pasaría a mí. Puede que incluso ver eso también me excite —confiesa, observándome de reojo, intentando desviar la mirada con algo de vergüenza.
Atrapo su barbilla con mis dedos y hago que vuelva a mirarme. Sus oscuros y apacibles ojos brillan con intensidad desde que todo este juego comenzó y soy feliz pensando que yo he tenido que ver algo en cómo se siente mi mujer con todo esto.
—Entonces, ¿querrías...?
Dejo la frase a medias al ver la pícara sonrisa de ella.
—Dilo —me pide.
Y sé lo que ese tono significa.
Y me encanta.
Me coloco sobre ella y beso sus labios con calma antes de volver a hablar encima de ellos.
—¿Vas a querer que hagamos una orgía con nuestros amigos?
Mi mujer se está divirtiendo con este novedoso tipo de excitación.
—Sólo si me prometes que estás seguro de que no vamos a perderlos.
—Te prometo que me esmeraré a fondo para que eso no pase —le aseguro, colando mi mano por dentro de su tanga, haciéndola reír por el doble sentido de mi frase.
—Entonces, de acuerdo —susurra excitada por mis dedos, que acarician su clítoris de forma tranquila pero decidida.
—¿Querrás hacerlo una sola vez o desde mañana para el resto de nuestra existencia?
Sonríe antes de contestar.
—Eso depende de cómo salga.
Río con ella mientras la escasa ropa que tenemos desaparece de nuestros cuerpos.
—Y, ¿querrás quedarte primero a solas con Carol o prefieres que esté yo también? —pregunto con mi sexo a las puertas del suyo.
—Tú siempre conmigo, George —reza para mí con nuestra frase, la que tantas veces nos hemos dicho.
Y comprendo que sus palabras van mucho más allá de una declaración de intenciones o de una sencilla respuesta.
—Yo siempre contigo, princesa —respondo, comenzando a moverme y entrar en ella, prometiéndole con mis palabras mi propia vida si hiciera falta.
Laura sabe que jamás faltaré a mi palabra y juro que ciertos asuntos que tengo entre manos y que involucran a nuestros mejores amigos, fuera del ámbito que parece que vamos a traspasar este fin de semana, formarán parte desde hoy mismo de mis prioridades.
Alec
—Pero podríamos perderlos —insiste Carol, algo agobiada—. Y Laura para mí es...
—Ya he visto lo importante que es, babe .
Me da un codazo, seguramente merecido, pero al menos he conseguido que sonría de nuevo. Se frota la cara y suspira, colocando después las sábanas encima de nuestro regazo distraídamente.
—Nunca pensé que estuviéramos hablando de un tema así —confiesa.
—¿De hacer una orgía con nuestros mejores amigos?
Vuelvo a ganarme otro codazo que va acompañado de más risas, así que me parece más que perfecto.
—Reconozco que me encantó besar a Laura —me dice, mirándome con esos ojos color mar, de belleza infinita.
—Parecía que lo llevaras haciendo toda la vida. —No contesta y me aventuro a continuar hablando—. Has estado fantaseando con eso, ¿verdad?
Se encoge de hombros y me echo a reír, contagiándola en cuestión de segundos.