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Chapter 10

V

Alec

Joder.

Joder, joder…

Joder con mi mejor amigo.

Joder con el inescrutable y misterioso George Graham III, marqués de Montrose y duque de Berwickshire.

¡Joder!

Ninguno de los cuatro hemos hablado después de lo sucedido, salvo unas tímidas risas cuando me he caído de culo hacia atrás al separarme de él.

Ahora comprendo a Laura. Comprendo cómo parece quedarse algo perdida después de que su marido le dé un rápido beso.

Joder, ¿esto es normal? ¿Es lógico que esté tardando tanto en recuperarme de un puto beso?

—Esto ha sido… —escucho hablar a Carol por fin. Me giro hacia ella justo cuando se echa a reír de nuevo—. Me habéis dejado sin palabras, lo siento.

—Estoy exactamente igual que tú, y eso que soy la que escribe libros —añade Laura sin apartar la vista de su marido y de mí, frotándose la frente con una sonrisa nerviosa.

—Ha sido un beso, nada más —nos dice George con una tranquilidad pasmosa.

—George, no ha sido sólo un beso —le responde Carol—. Todavía me queman las mejillas al recordarlo —comenta, girándose hacia Laura, que parece pensar lo mismo que mi mujer.

—No es por hacerme valer en esta situación, pero me parece que estás intentando disimular al decir que no fue más que un beso —le digo ahora.

—¿No ha sido un beso? —pregunta, dirigiendo su atención de nuevo a mí.

Por dios, el estómago se me ha volteado al sentir otra vez su mirada. ¿Cómo coño lo hace?

—Si realmente ha sido un beso y nada más, ponte de pie para repetirlo —le reto.

Y él entiende al instante. Entiende y sonríe, apartando sus ojos de los míos para echar un vistazo e intentar comprobar si a mí me ha pasado lo mismo.

Y vaya que sí.

Carol y Lau tardan un par de segundos más en darse cuenta de lo que estamos no hablando. Escuchamos que ríen en bajo antes de volver a hablar.

—Esto sí que no me lo esperaba —asegura Laura—. ¿Contento ahora con la dirección que ha tomado todo este jueguecito tuyo, George?

Mi mejor amigo aún espera un par de segundos más en desviar su mirada hacia ella.

—Sigo sin saber qué es lo que tiene de malo todo esto —le responde.

—Venga ya, George —se queja Carol mientras Laura ríe—. Ahora mismo mi marido tiene más ganas de irse a la cama contigo que conmigo. Si es no te…

— Babe ! —exclamo, provocando una nueva ronda de risas a mi costa.

—¿Vas a decirme que no lo pensaste durante ese beso? —dice ella, retándome, porque sabe que jamás la mentiría.

—Eso lo dices alegremente porque tú no has besado a Laura —le respondo.

Y las dos parecen enmudecer.

Y ahora somos George y yo los que reímos.

—A nosotras no nos metáis en vuestros extraños jueguecitos —nos dice mi mujer, que no es capaz de evitar que se le note que empieza a enrojecer de forma alarmante.

—¿No hemos venido aquí a desconectar y divertirnos un rato? —les recuerda George.

—Pero no a crear problemas en un futuro cercano —le dice su mujer.

Él se ríe tranquilamente con aquella afirmación.

—¿Qué problemas puede crear un beso? Aquí nadie se va a enamorar o desenamorar de nadie por esto —le dice él. Y me mira—. ¿Ya no estás enamorado de tu mujer?

Me río ahora yo con ganas.

—Eso jamás va a pasar —aseguro.

—Yo tampoco me he replanteado mi vida contigo por este beso, princesa —le dice después a Laura—. Sigo igual de enamorado de ti y no voy a enamorarme de Alex por haberlo besado.

—Bueno, George, no des eso último por sentado, porque ha sido un buen beso —intervengo.

Los tres ríen, algo más tranquilos que hace un momento.

—Entonces, qué —dice al cabo de unos segundos George, mirando hacia las dos.

—¿Qué? —repite Lau, dejando de reír poco a poco.

—Os habéis quedado con ganas de hacer lo mismo que nosotros.

Pero en cuanto van a volver a protestar, intervengo yo.

—Venga ya, babe , pero si llevas años diciéndome lo guapa y maravillosa que es tu mejor amiga.

Recibo un merecido cojinazo de mi hermosa y sonrojada mujer, volviéndonos a hacer reír a todos.

—Los hombres tenéis una extraña fijación con eso de los besos entre mujeres —nos dice Lau.

—Vosotras no habéis perdido detalle con el nuestro —le recuerdo yo, ganándome que me saque la lengua a modo de castigo—. Merecemos estar en igualdad de condiciones.

—Estáis presionando a Lau para que haga algo que no quiere y eso es injusto por vuestra…

—¿Tú entonces quieres? —le pregunta ella, cortando su tímida frase.

—Bueno, a ver, no es que yo… —Y se medio ríe, intentando disimular la vergüenza de esa forma—. Alex y yo somos actores, y puede que por eso vemos más normal ciertas cosas que… No es que sean cosas raras, claro, pero no es lo más lógico entre amigos que…

—Yo no tengo ningún problema en besarte, Carol.

Las palabras de Lau dejan sin aliento a mi chica, que detiene las suyas al instante y se la queda mirando con sorpresa.

—¿En serio que tú…? —Se recompone al momento, intentando disimular de nuevo; qué mal se le da eso a Carol, con lo buena actriz que es—. Tampoco tiene nada de malo, la verdad.

—¿Un beso entonces para callarles la boca a estos dos idiotas?

—¿Qué hemos hecho ahora nosotros para…?

Pero Laura me levanta el dedo y detengo mis palabras como si me hubiera puesto un esparadrapo en los labios.

—Chico obediente; me gusta —le oigo decir a George.

Un intenso calor vuelve a subir hasta mis mejillas con esas palabras. Me giro hacia él y veo esa media sonrisa de la que siempre habla la gente a la que vuelve loca.

No se imaginan cómo les comprendo.

—George, si dices esas…

Pero mi amigo se lleva un dedo a los labios, silenciándome él también, y luego señala con ese mismo dedo a nuestras chicas, que están hablando ya demasiado juntas. No puedo creerme que esto esté pasando. Acabo de besar a mi mejor amigo, y ahora mi mujer…

¿Mi mujer va a besar a su mejor amiga?

¿En qué momento hemos provocado todo esto?

Laura

—Es algo así como un juego.

—Sí, un juego —repite ella, como si necesitara autoconfirmarse aquello de alguna forma.

Puede que no le esté haciendo ninguna gracia todo esto. A lo mejor estaba bromeando y ahora siente que no sabe cómo pararlo.

Le daré una salida fácil por si acaso.

—Y si no queremos, no jugamos a él.

—Pero si queremos…

Muy bien, sí que quiere.

Vaya, mi mejor amiga quiere que hagamos esto. Mi atractiva, dulce y atrevida amiga quiere que nos besemos.

—Entonces…

—Entonces, podemos besarnos, ¿no? —pregunta—. No va a pasar nada. Es sólo un juego.

—Sí, claro. Puede ser divertido probar.

—Como quedarse bajo la lluvia, babe —escuchamos comentar a Alex, que continúa sentado en el suelo, cerca de mi marido.

Este le acerca el pie hasta rozar su pierna, moviéndole un poco para indicarle de nuevo que se calle.

Les dejo jugando a darse toques con el pie y la mano indistintamente, y Carol y yo volvemos a mirarnos.

Suspiramos ambas al tiempo y, también a la vez, sonreímos.

Siempre me ha llamado la atención su forma de expresarse, tan gestual, tan actriz.

Es innato en ella, no como con otros actores y actrices, los cuales necesitan años de práctica para llegar a lo que Carol hace sin darse cuenta.

Porque ahora mismo, con un sencillo parpadeo mientras se retira el pelo por detrás de la oreja, me hace ver que quiere acercarse a mí, que está cómoda con todo esto, aunque no sé bien por qué.

¿Hemos tomado algo en mal estado y de ahí que los cuatro estemos tan desinhibidos?

—¿Has leído alguna escena así en uno de esos fanfics sobre nosotras? —le pregunto.

Ahoga una carcajada y aprovecha para posar su mano sobre la mía, la cual reposa en el sofá, a un lado de ambas. Su pulgar me acaricia y echa un vistazo rápido a mis labios, volviendo a mirarme a los ojos después, desbocando mi corazón en el acto.

Y es cierto que en alguna ocasión me imaginé cómo sería algo así.

De hecho, lo intenté. Quise en su momento…

La época universitaria es fascinante porque quieres probar mil cosas y crees que todo está a tu alcance, pero no todo resulta como piensas.

Y sí, lo intenté. Lo intenté con ganas, con otra de mis mejores amigas curiosamente, aunque fue diferente.

Ella estaba enamorada de mí y yo… Yo no sentía lo mismo por ella, lo supe en cuanto estuve en una situación similar a esta.

La quería, y la quiero, muchísimo, pero…

Pero no. Y la besé. Lo hice porque se presentó la ocasión y parecía que todo fluía con normalidad, y yo quería saber si aquella chica tan decidida que llevaba de calle a media ciudad era por algún motivo que pudiera descubrir en sus labios.

Lo hice, sí, nos besamos. Y seguí sin sentir atracción hacia ella más allá del profundo cariño que le tengo como amiga.

Sé que eso le dolió, porque vio en mis ojos que algo no iba bien o, al menos, no como ella pensaba que iría.

Desde ese momento creí que aquello no era para mí. Podía ver atractiva a una mujer, pero sin sentir que eso me haría querer acercarme a ella en ningún otro sentido más que en el de una amistad en la que elogiar lo bella que era, nada más.

Hasta que vi a Carol por primera vez.

De entre todas aquellas actrices y actores que se presentaban al casting de Coincidence , ella tenía algo que provocaba que todo el mundo se quedara mirándola unos segundos de más.

Supe en un instante que tenía que ser Adriana Soto, mi protagonista, cuando vi el enfrentamiento verbal que ella y Alex estaban teniendo en la sala de espera, lanzándose a recitar parte de un diálogo de una comedia shakesperiana.

Fue divertido y excitante presenciar aquello. Ambos eran perfectos para el papel.

Y, por suerte, el resto de productores me hicieron caso con aquella elección.