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Chapter 9 #2

La miro y a ella sí que la sonrío; nunca he podido evitar sentirme inmensamente feliz al mirarla, por muchos años que hayan pasado desde que la conocí.

—Si os hace sentir mejor, podéis cambiar cuando queráis de tema —les digo.

Pero entonces se hace el silencio de nuevo.

Alex abre la boca para decir algo, vuelve a cerrarla y después de nuevo toma la palabra, como si se hubiera dicho a sí mismo ¿por qué no?

—¿Por qué dices que soy atractivo?

Carol y Lau se quejan entre risas, viendo que mi mejor amigo no quiere dejar el tema.

—Objetivamente, tus características físicas y tu forma de ser hacen que…

—No —me corta—. Me refiero a… ¿Por qué me dices eso? ¿Quieres burlarte de mí o…?

—No haría algo así nunca —le aseguro.

—Lo haces muchas veces —me recuerda, sonriendo.

—En situaciones en las que ambos estamos bromeando.

—Y ahora no bromeas —afirma, aunque claramente lo está preguntando.

—No, no lo hago.

Parece ponerse nervioso de nuevo por cómo se atusa el pelo.

—No sé cómo se supone que tengo que creer algo así, la verdad.

—Seguro que algo tienes en mente.

Enrojece al instante, y me parece que es la primera vez que le veo hacerlo.

—George, estás jugando con fuego… —me advierte, medio riendo por los nervios.

Sonrío con él mientras nos sostenemos la mirada mutuamente. Sí, sé perfectamente lo que está pensando ahora mismo; no es difícil de adivinar.

—Muy bien, entonces, cambiemos de tema —le propongo una vez más.

Pero, por supuesto…

—Si tuvieras que demostrarme de alguna forma que…

Nuestras chicas se echan a reír en mitad de la frase de mi amigo.

—Alex, ¿intentas pedirle un beso a mi marido? —le pregunta Laura, todavía riéndose.

Pero él no contesta. Se limita a reír y me mira de reojo, creo que intentando captar mi opinión de alguna forma.

Alcanzo mi vaso y vierto de mi garganta el escaso contenido que quedaba todavía dentro.

—¿Quieres un beso, Alex? —le pregunto directamente mientras poso el vaso de nuevo.

Cambio de postura las piernas y espero paciente a que responda.

—No te atreverías.

Me río un momento antes de contestar.

—¿Por qué crees que no me iba a atrever a algo tan nimio como un beso?

—Porque eres… Bueno, eres… Eres George Graham —repite una vez más, agravando la voz con sorna.

—Entonces, ¿quieres un beso o no lo quieres? —insisto por el placer de ver cómo se pone cada vez más nervioso.

—¿Me lo estás preguntando de verdad? —dice, evitando tener que ser claro y responder con un rotundo sí.

Desvío la mirada hacia Laura, que está expectante ante todo este espectáculo. Y en cuestión de segundos veo en sus ojos que no va a decir que no a nada de lo que le pregunte a continuación.

—Si mi mujer no se opone a que…

—No me opongo en absoluto a que os beséis —se apresura a responder, agarrando con emoción el brazo de Carol, que le hace indicaciones a su marido con el mismo mensaje que el de su amiga.

Vuelvo a mirar a Alex entonces. Siempre me ha resultado curiosa la forma que tiene la gente de reaccionar cuando miro a alguien.

Hay personas que apartan la mirada y salen huyendo, otras no pueden por cualquier circunstancia, pero se les nota que desearían hacerlo.

Alex no. En este momento, lo que mi mejor amigo está deseando es que yo vuelva a hablar y diga algo para poder tener la excusa perfecta para continuar con el tema que a ninguno parece gustarle, pero con el que todos están más que encantados en realidad.

—Muy bien. —Y le hago un gesto con los dedos—. Acércate.

—De acuerdo —dice con extraña y repentina decisión.

Se levanta y comienza a caminar hacia mí con aire chulesco, como si no se creyera todavía que soy más abierto de mente de lo que en realidad creo que piensa. Y en cuanto llega hasta mí, se agacha frente a la butaca, poniéndose de cuclillas, mirándome fijamente sin perder la sonrisa.

¿Por qué me está pareciendo tan excitante todo esto?

Me inclino hacia él y le agarro la barbilla para acercar su rostro un poco más al mío. Sigue sonriendo. ¿No se lo cree todavía?

Me detengo justo antes de que nuestros labios se rocen.

Le noto la respiración alterada y sus ojos parecen vibrar al mirarme.

Hago el amago de acercarme algo más a él, retirándome después un poco.

La estancia está en completo silencio, tanto que puedo escuchar la respiración entrecortada de mi amigo con claridad.

Ya no hay bromas ni risas. Tampoco peticiones para que cambiemos de tema y, menos aún, para que detengamos lo que está a punto de pasar.

Porque creo que después de esto, de un sencillo gesto que podría no ser significativo para mucha gente, la relación entre los cuatro cambiará.

Depende de nosotros entonces la forma en la que lo haga.

Arrastro su barbilla de nuevo hacia mí, tirando de su labio inferior hacia abajo con mi dedo pulgar.

Se siente jugoso y tierno, y está más abultado de lo que suele parecer normalmente.

Después de ese roce, Alex instintivamente se muerde aquella zona.

Veo que observa mis labios sin perder detalle, esperando el momento en el que me decida a hacer esto o a mandarle de vuelta al sillón.

Creo que todavía piensa que no soy capaz de algo así.

Pero voy a sacarle de dudas ahora mismo.

Recorro los últimos milímetros hasta que mis labios finalmente llegan a los suyos, pegándome a ellos. Tanteo la situación, quedándome inmóvil de esta forma durante un par de segundos hasta que siento que sus labios se mueven.

Vaya, mi mejor amigo quiere algo en condiciones y no este amago de beso.

Entreabro la boca y agarro su labio inferior, el que tengo más a mano, con los míos.

Él también lo hace. Y un instante después nuestras bocas consideran oportuno abrirse para albergar la lengua del otro en un excitante juego de nuevos sabores que siento que recorren mi cuerpo entero.

La mano de Alex se posa en mi nuca y tira de mí hacia abajo para continuar besándome.

Lo hace ahora con urgencia, como si creyera que es la única oportunidad que tiene de hacer algo así y que, cuando estos segundos terminen, nunca volverá a suceder.

Su incipiente gemido me contagia y tengo que hacer un último esfuerzo para no dejarme llevar por la situación.

Logro separarme de sus labios, volviendo a acariciarlos con el pulgar.

Su acelerada respiración va calmándose a la vez que la mía hasta que ambos conseguimos recuperar algo de la compostura que segundos antes estábamos a punto de perder por completo.

—La próxima vez, tendrás que ser tú quien tome la iniciativa, ¿entendido? —le susurro en bajo, sólo para él.

Podría haber reaccionado a esas palabras riéndose o haciendo un comentario jocoso, pero se limita a asentir levemente sin apartar su mirada de la mía.

Después de mis palabras, su mano abandona mi nuca y me echo hacia atrás en la butaca, dando por concluido el momento que creo que ha sido excitante para los cuatro, no sólo para los dos que lo hemos vivido en propias carnes.

Alex, cómo no, consigue sacarnos a todos del éxtasis compartido cuando cae sobre sus nalgas, quedándose sentado en el suelo frente a mí, dando un sonoro suspiro mientras se echa hacia atrás el pelo.

Reímos con él, porque preferimos retrasar las primeras palabras que diremos después de lo que acaba de pasar.

Creo que mi cerebro necesita unos segundos más para procesar lo que ha sucedido, pero mi entrepierna se ha adelantado; no me esperaba que mi cuerpo reaccionara por completo a un simple beso.

Y ahora me parece que él no se levanta del suelo por el mismo motivo por el que yo he colocado una de mis piernas por encima de la otra de nuevo.