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Chapter 7

IV

Jorge

—Me gustaría quedarme más de tres días —escucho decir a Laura a mi lado.

—¿Podrías pasar tanto tiempo con el móvil del trabajo apagado?

Ella sonríe, empujándome y haciéndome reír. Vuelvo a incorporarme y me tumbo en la confortable y amplia tumbona junto a ella. Las risas de nuestros amigos, todavía en el agua, parecen hacer de perfecta banda sonora para este momento.

Risas y cloro en nuestro primer día de descanso; no está nada mal.

—Si no empezaran los niños el colegio la semana que viene…

—¿Me estás pidiendo hacer un viaje o me lo está pareciendo a mí?

Sonríe otra vez, pero ahora me adelanto a sus movimientos y me separo a tiempo, evitando que vuelva a empujarme.

—Es pensar en todo lo que hay que hacer al volver a trabajar que me tomaría dos años de descanso por lo menos —confiesa.

Acaricio su barbilla y separo después el pelo mojado de su mejilla.

—¿No te cansarías de no hacer nada en tanto tiempo?

Se encoge de hombros y, por el gesto que pone, sé que la respuesta es que sí que lo haría.

No hacer absolutamente nada es agotador.

Además, a Laura le encanta su trabajo. Puede que le vengan bien unas vacaciones de vez en cuando para desconectar, pero no creo que soportara pasar mucho tiempo sin todo eso.

—Cuando los niños ya estén adaptados al nuevo curso, sí que podíamos hacer un viaje rápido a alguna parte —me propone.

—Elige un sitio.

Su sonrisa, esa preciosa sonrisa que lleva luciendo toda su vida en mi presencia, podría convencerme incluso de ir a la guerra por ella.

—Creo que todavía no conocemos Hungría.

Responde tan rápido que me hace gracia su determinación.

—Es como si llevaras tiempo pensándolo.

—Un fin de semana rápido… —sigue insistiendo.

—Si vamos a ir a Hungría, tiene que ser para conocerla a fondo. Cinco días como mínimo, si no son siete.

Se acerca a mí y deposita un casto beso en mis labios, apoyando una mano en mi pecho para ello.

—No sé si ya te he dicho hoy lo mucho que te quiero.

—No las veces suficientes —bromeo, queriendo siempre más.

Vuelve a besarme repetidas veces entre risas hasta que agarro su barbilla, mirándola un segundo antes de besarla en profundidad.

—Madre de dios, George —escuchamos a Alex desde la piscina.

Le miramos y vemos que está observándonos con la boca abierta. No entiendo su frase ni por qué Carol le está moviendo para que deje de mirarnos.

—¿Qué le pasa a mi mejor amigo? —pregunto.

—No sé cómo Laura no se derrite cada vez que la besas así —me explica.

Me echo a reír con su sinceridad, al igual que Laura y Carol, aunque esta última le vuelve a agarrar del brazo y a zarandearlo, intentando parecer molesta.

—¿Me estás queriendo decir que tienes envidia de mi mujer? —le pregunto, siguiéndole el juego.

—¿A lo que te estás refiriendo tú es a que quieres que te diga que sí? —contraataca él.

Siempre ha sido de esta forma con Alex: él suelta una frase que dejaría descolocado a cualquiera, yo le contesto algo que nadie diría como respuesta y él empieza a crecerse.

Por lo general, el juego termina de forma natural, por alguna interrupción o cambio de tema.

Claro que ahora tampoco hay nada que detenga nuestro peculiar humor.

—Si te contesto afirmativamente, te ahogas ahí mismo.

Las chicas se ríen mientras Alex sopesa mi respuesta, como si estuviera pensando qué tiene que decir a continuación.

— Babe , no me frenes porque soy capaz de contestar —le dice a su mujer.

Ahogo una carcajada como puedo con aquella ocurrencia.

—No te freno —le responde ella, alejándose unos centímetros de él—. Contesta lo que quieras.

—Jugáis demasiado —nos dice Laura sin mirarnos siquiera, tumbada en su lado de la confortable hamaca—. Si Carol y yo hiciéramos eso…

—Qué, a ver —le pregunta Alex, encantado con el cambio de tema.

—Nos habríamos besado haría rato, niño, que todo hay que decírtelo —le explica Carol, provocando que mi mujer ría de nuevo.

—¿En serio? ¿Vosotras? —pregunto.

Ambas me miran con asombrosa tranquilidad.

—Carol es atractiva y me encanta todo de ella —dice Laura—. Por supuesto que sí.

—Sin ningún problema, además —corrobora nuestra amiga.

Alex me mira estupefacto y se echa a reír.

—Mi mujer quiere engañarme con mi mejor amiga —se queja.

Ella se vuelve a acercar a Alex, tirándosele encima mientras ambos se ríen.

—¿Eso te gustaría? —me atrevo a preguntarle a Laura, que sigue tumbada sin inmutarse por nada.

Se encoge de hombros y vuelve a girar la cabeza para mirarme.

—¿Quieres que te diga que sí por algo?

Me echo a reír con ella, comprendiendo que me está haciendo lo mismo que solemos hacer Alex y yo.

—Tendríamos que ir a comer algo —le escuchamos decir a Carol mientras sale de la piscina, seguida por su marido—. Empiezo a sentir demasiada hambre.

—Siempre tienes hambre, babe —le dice él, agarrándola por detrás y volviendo a reírse los dos.

—Yo también tengo algo de hambre —comento, mirando a Laura.

Ella comprende a lo que me refiero sin tener que darle ninguna explicación más. Se cerciora de que nuestros amigos nos están dando la espalda, caminando hacia la puerta, y se incorpora, acercándose a mi oído.

—Si quieres, luego podemos comer un rico postre.

Posa su mano en mi entrepierna antes de levantarse y la veo sonreír al hacerlo, sabiendo lo que va a provocar con ese gesto. Tengo que ponerme una toalla por encima aunque ya esté más que seco, y eso le llama la atención al metomentodo de mi mejor amigo, que me mira con los ojos demasiado abiertos.

—Por tu culpa ahora George cree que tiene que taparse delante de mí —se lamenta con su mujer, que también me mira.

Pero esta, acto seguido, se gira hacia Laura y sonríe con ella.

—Tranquilo, no tiene nada que ver con eso —le asegura, empujándolo para que vuelva a moverse y deje de mirarme de una vez.

Sigue lamentándose con ella por algo inexistente y yo aprovecho para acercarme a mi mujer y agarrar su cintura.

—No podemos tomarnos ese postre antes de comer, ¿no? —le pregunto con pocas esperanzas.

Se limita a sonreír y a darme un beso demasiado casto para lo que ahora mismo necesitaría.

—Ahora no —me confirma por desgracia—. Pero luego… Ya veremos.

Acaricia mi incipiente barba y sigue sonriendo mientras se une a la charla de nuestros amigos, entrando en los vestuarios.

Muy bien, me aferraré a esa promesa.

Alec

Sigue lloviendo. En cuanto nos tomamos unos días libres, no falla: lluvia permanente. Y no tiene pinta de parar en todo el fin de semana, por lo que vamos a tener que descartar excursiones por la zona o baño en la playa.

Menudo final del verano que estamos teniendo.

—Ya sabe que tiene que dejar que salgamos en algún capítulo, porque no pienso desaprovechar la ocasión.

Carol me mira al decir aquello para recordarme la promesa que le hice en cuanto me confirmaron que sería el próximo Doctor. Y sí, lo recuerdo. Y lo cumpliré.

—Son ellos los que no van a desaprovechar la ocasión para hacer mil chistes sobre Coincidence y todo lo que tenga que ver con eso, así que seguro que están encantados cuando les proponga que aparezcáis.

—Eso si antes no te dan la patada porque se filtre que eres el próximo Doctor —me dice George—. Se lo has contado a tanta gente que me extraña que no haya salido ya la noticia.

Qué gracioso se cree.

—Sólo os lo he contado a los más cercanos —le explico—. Tampoco he ido hablando de ello por todas partes.

—Eso es porque te estoy vigilando y evito que lo hagas —interviene de nuevo mi mujer.

—Dile a Cris que te consiga algo de comedia, que se te da fenomenal —le respondo.

Carol me saca la lengua y se echa a reír.

—¿Cuándo vais a empezar a rodar? —pregunta Laura, dejando la cucharilla del postre sobre su plato, habiendo acabado también el trozo de tarta de su marido.

—Están todavía cuadrando horarios con mis escenas de Fate y Danger —les cuento—. Pero ya me han adelantado que quieren comenzar en los estudios de Cardiff y luego ya pasar a exteriores.

—¿Ya os han mandado los guiones? —le oigo preguntar a George con un tono algo más exaltado que de costumbre.

Me giro hacia él y se da cuenta de que he notado esa variación de timbre en su voz por cómo sonríe, intuyendo lo que viene a continuación.

—¿Quieres saber qué es lo que pasará después del especial de Navidad?

Hace un gesto de cansancio, pero los tres hemos visto que le encantaría que le diera más detalles.

—Van a ir a…

—Shhh… —le corto a Carol, recostándome en mi silla y mirando a mi amigo—. Deja que me lo pida él.

George menea la cabeza, riéndose con el resto. Y creo que le pueden más las ganas de whovian por saber, que el recato de pijo aristócrata escocés.

—Mejor amigo, ¿te importaría compartir conmigo algún detalle en exclusiva sobre lo nuevo de la serie británica por excelencia? —me pide con un encanto muy propio de él y un acento que hace cosquillas en la nuca.

Y puede que me haya quedado en silencio más de lo socialmente previsto, porque siento un codazo de Carol para que conteste de una vez.

—¡Los daleks y los cybermen se alían con los ángeles llorosos durante tres episodios completos en donde viajamos a varios momentos del tiempo!

Y sí, me he ido emocionando a medida que avanzaba en la frase, pero por suerte George también, así que las exclamaciones finales de asombro han sido más por su parte que por la mía y las risas de Lau y Carol son repartidas entre los dos.

—Joder, necesito leer eso —dice George en cuanto se va calmando un poco, volviéndose a echar hacia atrás en su silla.

—¿Te había dicho que El Silencio y el Señor del Sueño aparecen después?

Con estas palabras vuelvo a emocionar a mi mejor amigo, que se echa a reír de pura excitación por saber más, volviéndose a inclinar sobre la mesa en mi dirección.

—Pero, ¿en esos dos capítulos también? —pregunta ahora Laura, que no puede evitar sentirse igual de emocionada como buena whovian que es.

—Es que, en realidad, tienen mucho que ver con la trama de esa historia —le explico sin desvelarle demasiado.

—Necesito robarte ese script y leerlo cuanto antes —afirma ella, cambiando de postura en su silla, mostrándose nerviosa.

—Pues no sé si enseñároslo, porque tu maridito dice que le he contado a mucha gente que…

—No se lo enseñes a él, enséñamelo a mí —me pide con ansiedad.

—¡Oye! —se queja George entre risas.

Ella le chista para que se calle mientras sigue mirándome, esperando a que le saque los guiones de la manga, no sé.

—En cuanto volvamos, os lo dejo leer, prometido.

Laura aplaude más que feliz, como si esta hubiera sido la noticia del año.

En realidad me encanta poder compartir algo así con mis mejores amigos, porque se emocionan tanto como yo.

El día que les conté la noticia, minutos después de colgar con Cris y dejar de hiperventilar, gritamos tanto entre todos que casi no nos entendíamos.

Jamás pensé que podría haber una amistad así entre nosotros y cada día que pasa me siento más afortunado por ello.