Chapter 5 #2
—No te voy a…
—Un poquito al menos.
—Alex…
—Bueno, vale, me da igual que no me lo reconozcas, porque soy tu amigo y sé que te ha dado pena y has querido llorar. Incluso juraría que alguna lágrima se te ha escapado cuando nadie te estaba… Oh, dios mío, ¿estás llorando ahora?
Le escucho reír, pero no demasiado: sí, está llorando.
—¿Me has llamado porque quieres hacerme llorar o porque quieres no llorar tú?
Vamos que si está llorando…
—¿Estáis en Londres?
—Sí.
—¿En la casucha de Mayfair?
Vuelve a reír, algo más animado.
—En esa misma, sí.
—Y, ¿mañana os vais a Escocia?
—Alex, por dios…
—¿Por qué no nos escapamos unos días?
—¿Tú y yo? —dice con voz aguda.
Ahora soy yo quien se ríe.
—Me refiero a los cuatro. Nos podemos ir a Lyme, no sé. Dejamos a todos los niños con nuestros padres en Brighton y nos damos unos días para tomar el sol y no hacer nada.
—¿No teníais muchos proyectos que preparar?
—Espero que Lau deje que nos retrasemos en la lectura de los suyos.
Nos llegaron ya los papeles para el rodaje de Fate y Danger hace unos días.
Y, ya que no tenemos mucho peso en la trama, porque otros son los protagonistas, querían rodar nuestras escenas con antelación y dejarlo hecho para ir rápido con el resto del equipo.
Hace poco se publicaron las primeras partes de ambas historias y no han esperado mucho a tener listo el script para rodar cuanto antes.
—A Lyme, ¿eh?
Creo que le he convencido.
—Y prometo hacer mis famosas tortitas especiales.
—Mejor promete no hacerlas.
—No hagas que trate de inventarme nuevas recetas.
Me río con él, recordando los días del confinamiento, cuando me dio por innovar en la cocina.
Y sé que a George le gustaba todo lo que preparaba, pero a veces me toma el pelo con esas cosas.
Ambos llevamos una dinámica diferente que podría chocarle a mucha gente, pero a nosotros nos encanta: él se hace el duro y el borde porque yo adoro que sea así para poder meterme con él.
—Hablaré con Laura, si es que me permites volver con ella.
—¿Qué es lo que estabas haciendo, que tienes tantas ganas de seguir con ello? —pregunto con tono curioso.
—Creo que tú mejor que nadie puedes hacerte una idea.
—George, ¡me ofendes! Yo jamás pensaría nada sobre ella que tuviera que ver con…
—Me refiero a sus historias, degenerado —dice, echándose a reír de nuevo—. ¿De qué coño pensabas que estaba hablando?
—Joder, qué susto. Pensé que creías que yo tenía pensamientos sobre Lau, y te aseguro que en mi vida…
—Ya, ya lo sé, Alex —me corta con voz comprensiva, creo que pensando que así me rendiré y colgaré.
Ja.
—Esos pensamientos sólo los tengo contigo, George.
Intento que no me escuche reír, pero no aguanto más cuando él mismo se ríe.
—Eso seguro que es algo que has visto en redes.
—Es de cosecha propia —le aseguro.
—Eres peor que todos ellos —se vuelve a quejar, como buen escocés que es.
Hay gente, mucha gente en realidad, que nos empareja a ambos en redes sociales.
Incluso por la calle nos suelen preguntar al uno por el otro y en promos vemos carteles con frases sobre el bromance que se ha generado alrededor de ambos.
A nuestras chicas les hace gracia todo aquello, igual que a mí, y sé que a George, por mucho que frunza su atractivo ceño, también le parece gracioso.
—¿Mañana a Brighton y luego a Lyme? —insisto.
—Tengo que comentárselo a Laura —me recuerda.
—¿Es significa que en un ratito vas a llamarme tú a mí?
—Un mensaje, voy a enviarte un mensaje —aclara entre risas.
—Pero me quieres igual.
Vuelve a reír.
—Alex, no seas niño, que ya tienes una edad…
—Y tú también tienes edad de decirle a la gente que te importa que la quieres.
Venga, dilo…
—Te lo voy a decir porque necesito colgar, nada más: Te quiero.
No puedo evitar emocionarme como cada vez que me lo dice. Y en realidad lo dice mucho, pero me encanta picarle con ello y él lo sabe.
Colgamos un momento después y yo salgo del dormitorio, encontrándome a mi mujer y a mis hijos en el sofá, viendo la serie que dentro de poco tiempo protagonizaré.
¡Voy a ser el Doctor! Es algo así como un sueño para todo británico.
Es el culmen de los sueños de cualquiera.
Por supuesto, te piden que no lo comentes a nadie hasta que se haga el anuncio oficial, por lo que solamente lo sabe mi familia más cercana: mi mujer, mis hijos, mis padres y hermanas, Laura y George, sus padres, sus hijos… Sí, familia cercana.
No tengo la culpa de tener tanta.
—¿Por dónde vais? —les pregunto todavía de pie, girándome hacia la televisión.
—Empezando con el décimo Doctor —me explica Carol, poniendo acento escocés con una sonrisa, y me mira entonces—. ¿Todo bien con George? ¿Más a gusto ahora?
—Niños, ¿mañana os apetece ir a Brighton con todos los abuelos y los primos para quedaros unos días allí?
Robert y Damie se giran hacia mí con rapidez y empiezan a aplaudir, emocionados por los planes, mientras Carol frunce el ceño de forma graciosa.
Y sé que le ha encantado el plan, porque imagina lo que viene a continuación.
—¿Y nosotros? —pregunta por si acaso.
—Unos días en Lyme con Lau y George.
Menea la cabeza, sonriente, mientras me encojo de hombros.
—¿Cuántos días? —pregunta ahora.
Vuelvo a encogerme de hombros y ella comienza a reírse.
—¿Quién quiere unas palomitas para seguir viendo al Doctor favorito de toda la familia?
Robert y Damie continúan gritando y saltando en el sofá.
Carol sigue sonriendo cuando me giro hacia la cocina para preparar las prometidas palomitas.
Va a ser una noche larga, enseñándoles cómo el Doctor usa su destornillador sónico y cómo se maneja una TARDIS que es incontrolable.
Esta velada será divertida, pero no lo va a ser menos el rodaje.
Dos temporadas mínimo. Cris ha conseguido dos temporadas para empezar, por si luego quiero renunciar para dedicarme a otros proyectos.
¿Está loca? Quiero ser el Doctor por siempre jamás para jugar eternamente a viajar por el tiempo, ayudar a toda la raza humana y luchar junto a mis amigos contra monstruos.
Pero mientras tanto, unos días de descanso en Lyme con mis humanos favoritos no me vendrán nada mal.