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Chapter 5

II

Carolina

—Pero en unos días sí podemos ir, ¿verdad? Un fin de semana los cinco juntos, ¿qué te parece?

—Niño, deja que se aclimate a…

—Shhh… —me pide mi marido, levantando un dedo en mi dirección y volviendo a hablar con Noe al teléfono—. Te juro que iré disfrazado y nadie podrá reconocerme.

Frunce el ceño cuando me escucha ahogar una carcajada por su insistencia.

—Mami, ¿podemos ver otro capítulo ahora?

Me giro hacia la izquierda y veo sentados en el sofá a Robert y a Damica, ambos con rostro tranquilo, esperando mi contestación como buenos hermanos.

—¿Por cuál vais? —pregunto, echando un vistazo a la televisión.

—Ha salido el nuevo Doctor y quiero que Damie conozca a mi favorito —me pide Robert, juntando sus manitas a modo de plegaria.

Su padre hace días recibió la increíble noticia de que sería el nuevo Doctor en la serie británica por excelencia Doctor Who y nuestros hijos llevan desde entonces como locos viendo la serie.

Robert ya la conocía, pero Damie sólo había visto capítulos sueltos, así que su hermano mayor ha querido ponerla al día con algo tan británico como esta serie y llevan desde entonces viviendo por y para el Doctor.

—Sólo un capítulo más —les concedo—. Luego tenemos que cenar, ¿de acuerdo?

Ambos gritan de emoción y Robert le da al play para comenzar con la segunda temporada de la nueva generación.

—¿Ahora? —escucho quejarse a Alex de nuevo—. Pero si acabo de llamarte, ¿cómo vas a tener que irte ya a cenar?

—Niño, llevas hablando con ella quince minutos y puede que…

—Shhh —vuelve a chistarme y a dirigirse a Noe—. Pues diles que esperen un momento más y…

Se acabó.

Agarro el móvil con rapidez para que él no se lo vea venir y me pongo yo al teléfono con Noe.

La pobre lleva un rato largo aguantando los lamentos de Alex por no haber podido ir hoy a acompañarla a Cambridge junto al resto de la familia y seguro que tiene que ir a cenar con sus nuevos compañeros, pero aquí el dramaking no está considerando siquiera esa posibilidad.

—Noe, cariño, Alex dice que te quiere y que deja que vayas a cenar —le digo ahora, alejando a mi marido como puedo del teléfono.

Escucho la risa de ella al otro lado antes de contestarme.

—Está un poco triste por no haber venido hoy, pero habría sido un lío de seguridad para el campus y… —intenta excusarse.

—Lo sé, no te preocupes —contesto—. Además, él todavía tiene que ponerse al día con unos cuantos proyectos, pero iremos en cuanto nos digas que te viene bien.

—¡La estaba convenciendo para que fuera el próximo fin de semana! —se queja Alex a mi lado, cual niño pequeño.

Ahora soy yo la que levanto mi dedo y lo poso sobre sus labios directamente para hacerlo callar. Él sonríe con ese gesto y hace el amago de mordérmelo, aunque soy más rápida que él y lo alejo de su boca a tiempo.

—Carol, podéis venir cuando queráis —me asegura Noe—, pero hoy era imposible con tanta gente.

—Tú no te preocupes por eso. Ya sabes cómo es Alex de dramático, pero estaremos encantados de ir una vez te hayas instalado del todo. —Y miro a mi marido—. Así nos puedes enseñar cada rincón de Cambridge durante un finde entero.

Alex hace un gesto de triunfo, apretando un puño mientras exclama ¡genial!, provocándonos la risa a ambas.

—Tengo ganas de veros —reconoce ella con algo de pena.

—Nos tendrás ahí siempre que nos necesites —le aseguro—. Bueno, puede que cuando no lo hagas, también, porque no sé cuánto tiempo podré retener a Alex sin pasarse por Cambridge a verte. Espero que aguante más de dos semanas seguidas, pero no prometo nada.

Las dos volvemos a reírnos mientras Alex hace graciosos gestos de burla e intenta que no se le noten las ganas que tiene de reírse él también.

Colgamos por fin y voy hacia el sillón en donde sigue sentado mi marido con cara mustia porque no le he dejado hablar más con la hija de su mejor amigo.

Noe y Alex son en realidad como buenos amigos, aunque ella sea una adolescente y él ya tenga más de cuarenta, pero adora a los hijos de Laura y George como si fuéramos todos de la misma familia en vez de amigos de ellos.

Me siento encima de sus piernas y él me abraza, tirándome hacia él para que me apoye en su pecho. Rodea mi cuerpo con sus brazos y le oigo suspirar.

—¿Qué tal estará George con todo esto?

No…

—No vas a llamarlo, Alex; ya es tarde —le advierto.

—Pero yo…

—No, ahora no —le corto—. Estará con su familia descansando.

—¡No con nosotros!

¿Veis a lo que me refiero?

—Podemos cenar algo ya, ¿no crees? Se nos ha hecho muy tarde.

—Eres española; para ti es pronto.

—¿No dices siempre que la hora es para todos igual y que…?

—¡No escucho nada de lo que estás diciendo! —me corta ahora él a mí, alzando la voz de forma graciosa, haciéndome reír por ello.

—Estoy segura de que George está bien, ya sabes cómo es —insisto cuando se calma.

Acaricio su pelo castaño y lo echo hacia atrás, quedándome enganchada en aquellos ojos verdes que tanto enamoran a quien los observa más de medio segundo.

—Es mi mejor amigo y te digo que seguro que no está tan bien como todos creéis que está.

—Quieres llamarlo y no vas a parar hasta que lo consigas, ¿verdad? —Comienza a asentir con tanta rapidez que me provoca la risa una vez más. Me levanto de encima de sus piernas y le paso su móvil, sabiéndome derrotada—. Pero después cenamos.

A veces Alex es como un niño. Creo que es porque con los más cercanos a él sigue actuando de forma natural.

Cuando está con familia, y a George y a Laura les considera como tal, es alguien muy diferente a como es, por ejemplo, cuando trabaja o como cuando está haciendo algún tipo de promoción.

Sí, es simpático en esos momentos, y te puedes reír muchísimo con él, pero en familia…

Alex en familia es como un osito de peluche al que no quieres dejar de abrazar.

Tengo una increíble suerte por poder disfrutar de él de esa forma, y es algo que no esperaba que sucediera, después de todo lo que tuvimos que vivir en su momento.

Porque nuestra situación era complicada, tanto por nuestras vidas personales como profesionales.

Dos actores que se conocen al rodar una película como Coincidence , con escenas eróticas subidas de tono, con fans y prensa encima de nosotros de manera constante.

En aquel entonces yo tenía pareja y él estaba casado, a la espera de que naciera Robert todavía.

Y todo habría podido salir fatal, porque había pocas posibilidades de conseguirlo, pero aquí estamos años después, igual de enamorados que el primer día, viviendo la vida que ni siquiera nos atrevíamos a soñar tener.

Es sumamente difícil ir contra el destino o tratar de contener el corazón de las personas enamoradas, porque sucede y no hay nada que hacer, pero a nuestro alrededor hubo mucha gente que intentó que lo que tenemos no funcionara.

Salvo Laura y George, que nos apoyaron desde el principio sin tener que pedírselo, sin ser siquiera amigos todavía.

Me siento junto a nuestros hijos en el sofá, dejando a Alex que llame a su mejor amigo del alma para lamentarse juntos por la ausencia de Noelia.

Todavía tengo que echarle un vistazo a todo lo que Cristina, nuestra representante, nos ha enviado para los rodajes de los nuevos proyectos, pero esas cosas pueden esperar.

—¡ Mida , mami! ¡Me guzta el nuevo Doctó !

Sonrío con las palabras de Damie, atusándola el pelo un instante mientras suspiro de pura felicidad.

Sí, todo puede esperar, porque lo importante siempre seremos nosotros.

Alec

—Alex, ¿qué coño quieres?

La voz de George al otro lado de la línea suena apremiante y cansada a partes iguales.

—Quería hablar con mi mejor amigo, ¿qué hay de malo en ello? —me quejo.

—No me jodas, Alex… —Estoy seguro de que se está frotando la cara, porque nos conocemos muy bien; somos mejores amigos, claro—. Vamos a ver, ¿es muy urgente lo que te sucede?

—¡Pues claro que sí!

—¿Urgente de, si te cuelgo, irte a morir por causas médicas o por drama?

Escucho a Laura al fondo riéndose por lo que su marido acaba de decirme.

—¿Está Lau ahí contigo? ¡Hola, Lau! —exclamo con emoción.

George suspira con agotamiento, no sé por qué, y tendría que saberlo por esto de que somos mejores amigos, pero a veces hay detalles que se me escapan.

—Sí, está aquí conmigo y estamos ocupados, Alex.

—Bueno, no muy ocupados, porque entonces no me habrías cogido el teléfono.

¿Por qué suspira otra vez y luego se ríe? Esto demuestra que necesitamos hablar más para fortalecer nuestra amistad.

—Alex, me has llamado cinco putas veces seguidas. Laura pensaba que te podría pasar algo y tuve que cogértelo.

—¿Tú no pensabas que podía pasarme algo? —pregunto, un poco ofendido.

—Si te pasara algo, la que llamaría sería Carol, no tú, porque estarías haciendo drama por las esquinas.

—Ay, lo bien que me conoces, mejor amigo —le respondo con emoción de nuevo.

—¿Me puedes decir de una vez qué coño pasa para que…? —insiste, empezando a enfadarse.

—Estoy triste, ¿de acuerdo? Y necesitaba a mi mejor amigo.

Este nuevo suspiro sí que sé lo que significa: se ha rendido y por fin va a hacerme caso. Le pide a Laura aparte que le espere y escucho movimiento al otro lado. No pasan más de unos segundos hasta que vuelvo a escuchar su grave voz.

—Bueno, a ver, ¿por qué estás triste?

—Es por Noelia. Se nos ha ido a Cambridge y bueno… Se nos hace mayor, no sé.

Siento un repentino alivio al contárselo, porque sé que, en breve, me encontraré mucho mejor. George es genial dando buenos consejos.

—Alex, es mi hija, no la tuya. ¿De qué coño hablas?

Bueno, a veces le cuesta un poco entrar en materia, pero seguro que en cuanto se deje de reír…

—No me digas que a ti no te ha dado pena dejarla hoy allí.

Se hace un momentáneo silencio al otro lado de la línea.

Bingo.

—Es lo que tiene que pasar, que crezcan y sigan adelante con sus vidas. Es algo bueno.

—Pero te ha dado pena —insisto.

—A ver…

—¡Te ha dado pena! —exclamo con emoción—. Reconoce que has querido llorar.