Enigma En Maldon El Hombre de Londres
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El Hombre de Londres

Al día siguiente, el comando conjunto decidió que era hora de poner un pie en el Golden Lace , un club nocturno que por las noches se encendía con luces mortecinas y rojizas, pero que a la luz del día lucía deslucido y gris.

Arthur Wallace y Linda Simpson se ofrecieron para hacer la avanzada.

Al ingresar, los recibió un hombre delgado, alto y de rasgos orientales que se identificó como Yan, el encargado del local.

—Lamentamos profundamente lo que le sucedió a Anastasia. Fue un crimen espantoso —dijo Yan, con un tono de sincero lamento en su voz—. Ella era muy apreciada en el Golden Lace , pero un día, de la nada, decidió renunciar.

—¿Cuánto tiempo hace que presentó la renuncia, señor Yan? —indagó Arthur, cruzando los brazos.

—Hace poco más de un mes. Las compañeras del turno noche lo pueden corroborar perfectamente, oficial.

—¿Le dio algún motivo para irse? ¿Notó algo extraño o inusual en su comportamiento durante esos últimos días? —insistió Arthur.

Yan negó levemente con la cabeza. —No, para nada. En este negocio es normal que las chicas se vayan de un día para el otro; algunas simplemente dejan de venir sin avisar. Anastasia, en cambio, nos avisó unos días antes de su retiro, lo cual valoramos mucho.

—¿Cuál era su función exacta aquí dentro? —preguntó Linda, observando la pista de baile vacía.

—Ella trabajaba como mesera, pero también era bailarina —explicó el encargado—. Formaba un dúo en el escenario con Sonya, otra de nuestras chicas, pero Anastasia era diferente.

—¿A qué se refiere con que era diferente? —preguntó Arthur.

—En su elegancia, oficial. Su forma de expresarse y de moverse dejaba en claro que no era el tipo de mujer que termina trabajando en un club nocturno. Por eso mismo me sorprendió bastante cuando se postuló para el puesto.

Linda intercambió una mirada con Arthur.

—¿Se encuentra esa tal Sonya en el local en este momento? —preguntó la detective.

El oriental negó con la cabeza. —No a esta hora de la tarde. Ella toma el servicio después de las seis de la tarde.

—Bien, regresaremos más tarde para hablar con ella. Gracias por su cooperación —concluyó Arthur, haciendo un ademán para retirarse.

—Le avisaré a la chica que la policía quiere hacerle preguntas sobre Anastasia, oficiales —les aseguró el encargado en voz alta mientras caminaban hacia la salida.

Una vez en la vereda, alejados del club, Linda rompió el silencio: —El encargado actuó con total normalidad. O es un actor de primera categoría que sabe ocultar muy bien la información, o, simplemente, no tiene la menor idea de los motivos detrás del asesinato de Anastasia Ivanova.

—En este ambiente, todos ocultan algo cuando hay un crimen de por medio —sentenció Arthur, abriendo la puerta del auto—. Está en nuestras manos descubrir qué es.

Pasadas las seis de la tarde, los detectives regresaron para entrevistarse con Sonya.

La joven, de origen hispano y contextura mediana, lucía el cabello rizado y vestía una pollera floreada bastante ceñida con un escote profundo.

Aunque los recibió con una sonrisa visiblemente fingida, se mostró completamente dispuesta a colaborar.

—El día que me enteré de que se iba, le pregunté por qué quería dejar el club —relató Sonya, la voz quebrada por el recuerdo—. Ella se puso a llorar de inmediato. Me dijo: "Tengo que irme, Sonya, no quiero volver a verlos nunca más", mientras se secaba las lágrimas.

—¿De quiénes estaba hablando exactamente? —le preguntó Linda, tomando notas—. ¿Acaso se refería a Kevin Taylor? ¿La seguía acosando?

Sonya negó enérgicamente con la cabeza. —No, me aseguró que Kevin no tenía nada que ver con todo esto. Un par de días después de esa charla, no la volví a ver más por el club, pero siempre me quedó una duda rondando en la cabeza.

—¿Qué clase de duda? —inquirió Arthur.

—Que en las últimas semanas la visitaba un hombre mayor. Se sentaban en un rincón apartado y hablaban a solas durante un buen rato.

—¿Cuántas veces vio a ese hombre hablar con Anastasia aquí en el local? —intervino Linda.

Sonya se tomó unos segundos antes de responder, mordiéndose el labio inferior con evidente nerviosismo.

—Creo que vino dos veces. Cuando le pregunté directamente quién era ese señor, ella esquivó el tema, pero me llegó a decir que lo conocía de su época en Londres y que la había ayudado muchísimo cuando llegó por primera vez al Reino Unido.

—¿Podrías identificar a ese hombre si te mostráramos fotografías? —preguntó Arthur.

La bailarina volvió a negar con la cabeza. —Ya se lo dije, era un hombre mayor, y Anastasia jamás me lo presentó formalmente.

—¿Hay algún otro detalle físico o de su vestimenta que recuerdes? —presionó Arthur.

Sonya se tomó unos segundos para hacer memoria. —Recuerdo que tenía el cabello completamente blanco, usaba lentes oscuros incluso de noche dentro del club, y vestía ropa de muy buena calidad, muy elegante.

—¿Qué crees que pudo haberle pasado a Anastasia, Sonya? —le preguntó Linda con suavidad.

—No lo sé, de verdad que no lo sé.

—En el tiempo que compartieron, ¿Anastasia te habló alguna vez de su pasado en Polonia? —indagó Arthur.

—Se lo pregunté un par de veces, oficial, pero siempre eludía hablar de su vida allá. Lo único que recuerdo es que una vez me dijo que había venido al Reino Unido a trabajar con el único propósito de enviarle dinero a su familia.

—¿Y qué te decía sobre su relación con Kevin Taylor? ¿Se llevaban bien o mal? —insistió Linda.

Sonya volvió a negar con la cabeza. —Casi nunca lo mencionaba.

Cuando entró a trabajar al Golden Lace , según ella, esa relación ya estaba completamente terminada.

Lo vi un par de noches acá en la zona de la cafetería hablando con ella, pero nada más que eso.

—A Sonya finalmente le brotaron las lágrimas y tuvo que hacer una pausa—.

Fue horrible lo que le pasó... No merecía un final tan espantoso.

Era muy joven, estaba llena de sueños y era una excelente compañera.

Linda le dio un momento antes de hacer una última pregunta de rutina: —Una última cosa, Sonya: cuando el club cierra por las noches, ¿cómo se vuelven ustedes a sus casas?

—La empresa nos fleta una combi privada a todas, oficial.

—¿Recordás si alguna vez vino alguien de forma particular a buscar a Anastasia al cierre? —indagó Linda.

—No, ella siempre se iba con el grupo en la combi. No recuerdo a nadie que la haya venido a buscar de manera independiente.

—¿Estás completamente segura? —reiteró la detective, buscando cualquier grieta en su memoria.

Sonya la miró con seriedad y se limitó a asentir con la cabeza.

—Muchas gracias por tu testimonio, Sonya. Si en algún momento recordás algo más vinculado a ella, por mínimo que sea, o si volvés a ver a ese hombre elegante por la zona, llamanos de inmediato. Todo suma para la investigación —le dijo Arthur, tendiéndole una tarjeta con sus datos.

La joven asintió con la cabeza gacha, secándose el rostro con el dorso del brazo mientras los detectives se retiraban.

De regreso en la jefatura de Colchester, Arthur y Linda le comunicaron al resto del grupo los hallazgos del Golden Lace .

Tras debatir el testimonio de Sonya, todos coincidieron en que la investigación debía abrir una nueva línea de juego, apuntando directamente hacia la identidad de ese misterioso hombre maduro que visitaba a la víctima.

James Gorman dejó escapar un suspiro frustrado. —Hay demasiadas cosas que Kevin Taylor se está guardando para sí mismo en el calabozo. Tendríamos que volver a presionarlo en el interrogatorio.

—Iríamos en contra del reglamento policial, James —le advirtió Grace Bennett de inmediato—. El superintendente nos autorizó la extensión, pero si no presentamos pruebas contundentes y físicas ante el fiscal Woods en las próximas horas, vamos a tener que dejarlo en libertad.

—Es cierto, pero el tipo nos mintió desde el primer día.

Sabemos perfectamente que oculta algo que podría ser la punta del ovillo para dar con los verdaderos culpables.

Yo tampoco creo que él haya empuñado el arma, pero que está metido en esto hasta el cuello, no tengo la menor duda —aportó Linda, cruzando los brazos.

James se giró hacia Joseph Miller, que permanecía en silencio frente a su computadora. —Joseph, tendríamos que volver a revisar los archivos de las cámaras de seguridad de la escollera. Quizá se nos pasó algo por alto en el análisis rápido.

El sargento de informática se quedó pensativo unos instantes antes de responder: —De acuerdo, inspector. Vamos a ir cuadro por cuadro, porque a decir verdad, en la última revisión general me quedó una pequeña duda rondando.

—¿Qué clase de duda? —preguntó Arthur, acercándose al monitor.

—Hay una mancha, una sombra extraña entre el follaje de los árboles que se encuentra un poco más allá de la cafetería de Thomás. Podría tratarse de un automóvil camuflado por la vegetación.

—Entonces no perdamos tiempo, abrí el archivo y revisémoslo ahora mismo —le ordenó Arthur, mientras Joseph ejecutaba los comandos en el teclado.

—Aumentá el contraste e intentá encuadrar esa sección de la arboleda, Joseph —indicó James, inclinándose sobre el hombro del sargento.

—Sí, jefe, en eso estoy —respondió Miller, procesando el fragmento de video. El software de edición tardó unos segundos en limpiar los pixeles debido a la lluvia y la densa niebla de aquella mañana—. Ahí está... observen. Ahí está la sombra de la que les hablé.

—¿A cuántos metros aproximadamente calculás que estaba de la estatua de Byrhtnoth? —preguntó Grace, aguzando la vista hacia la pantalla.

Joseph contuvo el aliento, midiendo las proporciones visuales. —A mitad de camino entre la estatua y la Cafetería del Río, seguramente.

—Si eso es un auto, significa que lo acercaron todo lo que pudieron hacia la orilla aprovechando los árboles, bajaron la cabeza de la chica y la depositaron directamente en el bote —dedujo Grace, uniendo los puntos con lógica implacable.

—Pero es casi imposible que desde la cafetería no hayan visto pasar ese coche o notar cómo se metía en el follaje —aclaró James, recordando la posición del edificio.

—No solo eso, James —añadió Linda, señalando un punto en el monitor—. Quien haya manejado ese vehículo tuvo que haber salido marcha atrás volviendo a pasar frente a la cafetería hasta encontrar el camino principal de escape.

Aunque las imágenes distaban mucho de ser nítidas por culpa del clima adverso de esa mañana, los cálculos del sargento Miller encajaban a la perfección: la silueta oscura atrapada entre las ramas confirmaba que un coche había estado oculto allí.

James se puso de pie. —Volvamos al Promenade Park de Maldon ahora mismo, justo al sector que señalan las cámaras. Tengo un presentimiento.

Minutos después, el equipo dejó los patrulleros estacionados junto a la cafetería y caminó en fila por un sendero estrecho, alejándose del camino principal para internarse en el monte espeso, directo hacia la zona donde la sombra del video había sido detectada.

De repente, Miller se detuvo en seco y señaló el suelo húmedo. —Miren acá... en este sector de la gramilla hay marcas evidentes de un vehículo.

Grace se agachó y tocó el pasto con la yema de los dedos. —Es verdad. El pasto está completamente aplastado bajo este colchón de hojas marchitas.

—¡Acá fue! —exclamó James un poco más adelante, descubriendo el claro principal—. Acá estuvo estacionado el automóvil, observen la profundidad de las huellas que dejó en el barro. Excelente trabajo de observación, sargento.

—Aunque están un poco borrosas por el agua, todavía se divisan con claridad los dibujos de las cubiertas —añadió Grace, arrodillándose para examinar el suelo húmedo.

—Joseph, llamá de inmediato a los peritos forenses de la científica para que vengan a tomar moldes de yeso de estas marcas e identificar el fabricante de los neumáticos —ordenó James con entusiasmo, y luego miró al grupo—.

¿El auto que le secuestramos a Kevin Taylor en Deal sigue en el playón de la comisaría?

—Sí, por supuesto. Mientras dure la medida de demora, el vehículo no se mueve de ahí —respondió Arthur.

—Perfecto. Vamos a hacer que cotejen estas huellas del parque con el dibujo exacto de las cubiertas del coche de Taylor —sentenció James, de pie junto a la orilla, observando la costanera durante unos segundos—.

Puede que haya muchos modelos con el mismo rodado en el condado, pero si los dibujos coinciden al cien por ciento, tendremos una prueba muy importante para mantenerlo como principal sospechoso.