Enigma En Maldon Maldon en shock #2
16%

Maldon en shock #2

—Taylor mintió en todo —sentenció Grace, visiblemente molesta—. Es muy probable que esa tía ni siquiera exista.

—Tendremos que ir a buscarlo directamente a Colchester, Grace. Va a tener que darnos una muy buena explicación sobre todas estas falsedades que lo colocan en una posición sumamente comprometida —respondió James.

—Las apariencias engañan —añadió la inspectora—. Se presentó ante nosotros con modales de niño bien, fingiendo una angustia y un shock terribles por el hallazgo, dignos del mejor actor de teatro, y todo era una farsa.

—Existe la remota posibilidad de que Taylor se haya confundido de altura o de número de calle —sugirió Miller, tratando de agotar las opciones—. Podríamos registrar el vecindario para ver si alguien conoce a una mujer con las características que describió.

James asintió y bajó del coche, seguido por sus compañeros. Sin embargo, las pesquisas puerta por puerta en ambos lados de la calzada resultaron negativas; nadie en la cuadra conocía a ninguna mujer que encajara con el perfil.

Grace exhaló un suspiro de exasperación. —No queda espacio para la duda: Taylor nos plantó una coartada falsa. Y me juego lo que sea a que en Colchester ya debe estar sobre aviso de que sabemos dónde vive.

El comisario de la departamental de Colchester, Burt Fischer, los recibió en su despacho.

Vestía un traje oscuro de corte impecable y se mantía erguido, alto y delgado, con la rigidez y el porte de un militar británico.

Tras darles la bienvenida, les presentó a los inspectores de homicidios locales que se integrarían a la mesa de trabajo para la resolución del caso de Anastasia Ivanova.

El primero era el inspector Arthur Wallace, un detective de cuarenta y cinco años, imponente y de cabeza rapada. Lo acompañaba la detective Linda Simpson, una joven de veintinueve años de intensos ojos azules.

Arthur se mantuvo con los brazos cruzados, observando un punto fijo en la pared sin pronunciar palabra, mientras Linda se limitaba a asentir formalmente a modo de saludo.

—Las fiscalías de los condados de Essex y Cheshire han autorizado la unificación de ambas fuerzas especiales —explicó el comisario Fischer—.

La investigación apunta de forma prioritaria a Maldon por el hallazgo de los restos, pero el origen del entramado está aquí, donde la víctima residía.

Actualmente estamos peinando la zona en busca del resto del cadáver, de momento con resultados negativos.

No estamos teniendo una buena racha últimamente en Colchester; en lo que va del año arrastramos tres muertes sospechosas que siguen sin esclarecerse.

Un matrimonio de odontólogos belgas que fueron envenenados, y un joven de nacionalidad irlandesa que trabajaba como traductor de ruso, cuyo cuerpo apareció con un disparo en la cabeza a orillas del río Colne.

Esos casos fueron absorbidos de inmediato por el MI5 bajo una estricta investigación de contrainteligencia, ya que se sospecha que están vinculados a redes de espionaje dentro del Reino Unido.

—¿El asesinato de Anastasia Ivanova podría tener algún punto de conexión con esos expedientes, señor? —preguntó James.

El comisario Fischer observó a los presentes antes de responder.

—Oficialmente no hay ningún vínculo y todo apunta a un móvil pasional por el entorno de la víctima...

Sin embargo, el MI5 ya ha solicitado acceso prioritario a nuestras diligencias y están vigilando de cerca los movimientos alrededor del Golden Lace .

No saquen conclusiones apresuradas, inspectores.

Tras un breve silencio, el comisario retomó el hilo: —Dispondrán de un ala exclusiva como comando de operaciones, equipada con todo el apoyo logístico y técnico que requieran.

Conociendo el profesionalismo de ambas delegaciones, no tengo dudas de que resolverán el caso en un plazo breve.

No habrá una cadena de mando vertical ni un jefe asignado entre ustedes, a menos que el propio grupo decida organizarse de ese modo.

El equipo conjunto operará bajo el nombre clave de Power —concluyó Fischer, despidiéndolos con un saludo formal.

Los cuatro inspectores se saludaron con un seco choque de manos, evidenciando cierta incomodidad mutua ante la obligación de trabajar integrados.

Para romper la tensión del ambiente, Linda ofreció preparar una ronda de café y Grace se dispuso a acompañarla a la cocina.

Mientras tanto, James de homicidios de Maldon aprovechó la oportunidad para abordar a Arthur Wallace en el despacho.

—¿Te suenan de algo los nombres de Kevin Taylor o el de la víctima, Anastasia Ivanova? —le preguntó.

Arthur negó con la cabeza mientras le daba un sorbo a su taza. —Colchester es una ciudad históricamente pequeña, y aunque la población ha crecido de forma notable en los últimos años, no tengo registros de ninguno de los dos en mis radares.

—¿Y respecto a las otras víctimas que mencionó Fischer? —insistió James.

—No eran residentes nativos de la ciudad. Llegué a tratar a los odontólogos belgas, eran una pareja excelente. Al traductor irlandés no lo conocí; el MI5 intervino el escenario de inmediato y congeló el acceso a los archivos locales, así que nos quedamos fuera de la jugada...

Linda regresó al espacio, interrumpiendo la conversación con una sonrisa ligera: —Mientras los oficiales de justicia terminan de tramitar la orden de allanamiento para el domicilio de la víctima, Grace y yo proponemos ir por una ronda de cervezas al pub de la esquina para romper el hielo.

—No es una mala estrategia para empezar —coincidió James, con un brillo de picardía en los ojos—. Pero propongo que la cuenta corra a cargo del sargento Miller, ya que hoy es su cumpleaños.