Capítulo 9
Chloe
—Qué imbécil —suelta Mia con incredulidad mientras observa mi expresión—. Si tu hermano era más importante para él que tú, entonces no te merece.
Asiento con un gesto de comprensión y alzo ligeramente las cejas.
—Ya superé a Nate Sinclair.
—¿Quién? —pregunta Willow, frunciendo el ceño.
—Nate Sinclair. Juega en el equipo de hockey de Nueva York…
Willow mira directamente a Lexi y afirma con seguridad:
—Sé perfectamente quién es Nate.
Luego se vuelve hacia mí con una sonrisa cálida.
Noto que Mia lanza miradas furtivas a Willow y Lexi; está claro que están decidiendo si contarme algo.
Respiro hondo y finalmente pregunto:
—¿Qué pasa?
—Nate es nuestro cuñado, de Lexi y mío —dice Willow.
Su rostro se ilumina con una cálida sonrisa mientras mira a Lexi.
Lexi asiente con una leve sonrisa en los labios.
—Estoy casada con el Dr. Gabe Sinclair, y Willow está casada con King Sinclair. Con el tiempo conocerás a Daisy, pero está a punto de dar a luz y su marido, el Dr. Rafe Sinclair, no la pierde de vista.
—¿Y todos son hermanos de Nate? —susurro.
La risa de Mia resuena y alegra el ambiente.
—Sí, son una familia numerosa. Probablemente te libraste de una buena. Sospecho que Nate será como el resto de los Sinclair y querrá tener muchos hijos.
—Adam es igual de pesado —le dice Lexi a Mia, poniendo los ojos en blanco.
Me concentro y estudio a Mia con los ojos entrecerrados.
—¿Sabías quién era?
Mia niega con la cabeza, el pelo moviéndose con el gesto.
—Te juro que no lo sabía en la boda de Oliver y Taylor. Conozco a Oliver, pero no sigo al equipo de Nueva York.
Suspiro, y el sonido resuena suavemente en la habitación.
—No importa. Nunca llegó a empezar realmente. Es demasiado mayor para mí.
Al pasar la mirada de Lexi a Willow, una sensación de incomodidad me dice que he metido la pata.
—Lo siento, supongo que vuestros maridos también son mayores.
Con un brillo travieso en los ojos, Lexi esboza una amplia sonrisa.
—Mucho mayores que Nate. Nate es uno de los hijos menores. Tiene veintitantos. Gabe está más cerca de los cuarenta que de los treinta, igual que King. El marido de Daisy, Rafe, es el mayor.
—Lo siento —gimo con voz temblorosa.
Lexi sonríe.
—No lo sientas. Yo no.
Willow niega con la cabeza.
—Yo tampoco. Prefiero a mi hombre mayor. Me trata como a una princesa.
—No importa.
Hago una pausa, intentando creérmelo.
—Se acabó. Con diferencia de edad o sin ella.
Lexi entrecierra los ojos con escepticismo, como si dudara de mis palabras, pero enseguida una sonrisa juguetona asoma a sus labios.
—Es un Sinclair. Todos los Sinclair que conozco luchan por lo que quieren, cueste lo que cueste.
Le lanzo una mirada elocuente.
—Pues parece que Nate ha roto el molde, porque mi hermano es más importante que yo.
—Ya veremos.
Mete la mano en el bolsillo, saca el móvil y, con unos toques, abre la cámara.
—Sonríe. Quiero enseñarle a mi marido quién será su nueva cuñada.
No puedo evitar reírme de lo absurdo de la situación, y ella se apresura a sacar un montón de fotos.
Los ojos de Willow se iluminan mientras se asoma por encima de su taza de café y declara:
—¡King estará encantado de que Nate haya encontrado a su verdadero amor!
Gimo.
—No sé qué os habéis tomado, chicas, pero ¿qué parte no entendisteis cuando os dije que fue un romance fugaz? Ni siquiera llegamos a tener una cita de verdad.
Lexi asiente con una sonrisa soñadora.
—Es un Sinclair. Eso cambiará.
Siento una opresión en el pecho. Sé que lo de Nate y yo nunca va a pasar, por mucho que estas chicas lo insinúen.
—Mientras tanto, nos tienes a nosotras para apoyarte. Quedamos los miércoles y viernes después del trabajo, a las seis en la ciudad, para una clase de pilates, y los fines de semana paseamos a los bebés por el parque.
La risa de Mia nos hace sonreír a todas.
—No te preocupes por el pilates. Nos pasamos el rato hablando.
—Me viene bien. Los jueves termino tarde y algunas noches habrá exposiciones privadas, pero la mayoría de las veces podré salir a tiempo. No me apetecerá pasar demasiado tiempo en mi pequeño estudio, a menos que esté pintando.
—¿Vives solo en un estudio? —pregunta Lexi.
Asiento.
—Es de la galería de arte. Puedo usarlo hasta que encuentre algo más permanente.
—Podrías mudarte a Hunter Beach. Me vendría bien una vecina.
Mia lanza una mirada a Lexi y Willow.
—Estas dos viven en The Gables. Hace falta mucho dinero para vivir allí.
—Con mi sueldo no me da para Hunter Beach ni para The Gables. Viviré en el estudio hasta que venda algunos cuadros.
—¿Vendes tus cuadros? —pregunta Willow—. ¿Puedo ver tu porfolio? Llevamos meses buscando obras de arte.
Ladeo la cabeza y sonrío. Agradezco su amabilidad, pero no quiero que nadie compre por lástima.
—Gracias, pero no hace falta.
Sin inmutarse, Willow arquea las cejas con determinación.
—¿Preferirías que te las comprara directamente a ti o a través de la galería, donde tendrás que pagar comisión?
—Puede que no te guste mi trabajo —susurro con un deje de nerviosismo—. O a tu marido.
—Le encantará. Si la novia de Nate es la artista, seguro que querrá apoyarte. Prácticamente eres de la familia.
Exhalo un largo suspiro por la nariz mientras un nudo se me forma en el estómago, cada vez más tenso.
—No soy su novia. Me dejó por mi hermano.
Las risas de Lexi y Willow resuenan en el ambiente.
—Si Daisy estuviera aquí, también se partiría de risa. Has llamado la atención de un Sinclair. Ahora mismo está haciendo todo lo posible por recuperarte. Eres suya... ¿Te lo dijo?
Eres mía.
Me muerdo el labio inferior, tratando de contener mis emociones mientras pienso en lo que ella dijo. En lo que Nate dijo. El recuerdo de su cálido abrazo permanece en mi mente, junto con el hormigueo que dejó su contacto.
—Sí.
Lexi deja escapar una risita.
—Qué emocionante.