Capítulo 10
Nate
Con el móvil encajado entre la oreja y el hombro, abro el frigorífico y el aire fresco me roza la cara mientras digo:
—Hola, hermano.
—Nate. ¿Cómo estás? —dice mi hermano, King.
—Me resulta raro que me hayas llamado. No hemos hablado desde… deben de hacer meses. ¿Cómo está la familia?
—Todos están muy bien. Gracias por preguntar.
Las palabras de King tienen un deje sutil, y sé que esta no es una simple llamada para saber de mí.
Me gruñe el estómago y se me escapa un suspiro mientras espero el verdadero motivo de su llamada.
—Es muy raro que me llames.
—Lo es. Acabo de comprar dos cuadros preciosos.
Busco algo rápido para calmar el hambre, pero no hay nada que me llame la atención.
—Qué bien… no estoy seguro de que sea un buen motivo para llamarme.
Aparto los huevos a un lado con la esperanza de encontrar algo más apetecible.
—Necesito ir a comprar.
—Son de una artista nueva. Me gustan mucho. Le encargué que pintara más.
—Qué bien para ella, que le hagan un encargo.
King paga bien por cualquier cosa que le guste. Sé que no regateará.
Con un movimiento rápido, agarro la botella de agua del estante y desenrosco el tapón. El sonido del precinto al romperse llena la habitación. Me bebo un largo trago para saciar la sed.
—Sí, lo es. Acaba de empezar a exponer su obra en la galería del Hunter Valley. Se llama Chloe French.
Me atraganto y el agua me entra en los pulmones, lo que me hace toser y escupir líquido sobre el suelo de baldosas. Me llevo la mano a la boca para ahogar el sonido.
—Willow me estaba contando que su hermano trabaja contigo.
—¿Cómo sabe Willow eso?
Entrecierro los ojos, miro al frente y espero su respuesta.
—La esposa de Adam Turner, Mia, es la mejor amiga de Daisy, Lexi y Willow. Y su nueva amiga es esta artista. Se la presentó a tus cuñadas mientras tomaban un café.
Se me escapa un suspiro, dejo con cuidado la botella de agua sobre la encimera y cojo un taburete para sentarme. Una vez sentado, pregunto:
—¿Cómo está ella?
—La conocí en su casa. Bueno, es más bien una habitación, en realidad. En fin, es muy agradable, y su trabajo es justo lo que Willow y yo buscábamos desde que redecoramos.
King hace una pausa.
—Lexi está pensando en presentarla a su primo, Blake. Es médico y trabaja con tu hermano Rafe en el hospital.
Cuanto más me cuenta, más crece mi rabia, a punto de estallar.
—¿Sabe Chloe lo de Blake?
—Ni idea. Willow lo mencionó después de una de sus reuniones.
King vacila un momento; el silencio se alarga mientras espero cualquier otra cosa que pueda contarme.
—Probablemente volverán a hablar en el evento de esta noche. Quizá Lexi lleve a su primo.
El corazón me late frenético en los oídos; mi mente se dispara con la imagen de Chloe feliz en los brazos de otro.
—¿Qué evento?
—La galería de arte tiene una inauguración nocturna. Un artista llamado Ewan Morris expone su obra allí durante un mes. Esta noche estará presente.
—Nunca he oído hablar de él —murmuro.
—Es arte, Nate. No me extraña que no lo conozcas.
—¿Y vas a ir?
Apenas me sale la voz:
—¿Por qué?
—Me gusta el arte.
King se ríe.
—Y Willow quiere apoyar a Chloe porque el director artístico le ha permitido exponer dos de sus piezas. En fin, debería irme. Tenemos que prepararnos. Pero me ha gustado charlar contigo. Deberías pasarte por casa. Mamá y papá estarían encantados si vinieras un fin de semana.
—Tengo un partido cada fin de semana. Ya lo sabes.
—Tu hermano Seb tiene reuniones por todo el mundo, y aun así consigue volver una vez al mes para visitarlos —dice King—. No dejes que el deporte te impida vivir. El deporte seguirá mucho después de que te retires. Pero mientras tanto, puedes perder todo lo que podrías tener.
Suspiro.
—Sé lo que intentas decirme. Sé que sabes lo mío con Chloe, pero es complicado. Y tú tenías treinta y tantos cuando te enamoraste de Willow.
—Y Willow fue la primera mujer de la que me enamoré. La única mujer con la que quería casarme y tener hijos. No tuve la suerte de conocerla cuando era más joven.
Se me escapa una tos que resuena en el aire.
—Menos mal. Eso habría sido ilegal.
La risa de King resuena en el aire, seguida de una pausa fugaz que sugiere que quiere decir algo más. Finalmente, dice:
—No la dejes escapar si la quieres. Pero díselo si no la quieres.
—No lo entiendes. No quiero volver a ver ese dolor en sus ojos.
—Entonces no vuelvas a hacerle daño.
Mi hermano vacila y sé que quiere decirme algo.
—Ahora mismo, ella cree que no la quieres. No tiene ningún motivo para no salir con el primo de Lexi.
—¿Habló de mí?
—Sí. Les dijo a las chicas que lo vuestro se había acabado porque su hermano era más importante que ella.
—Eso no es jodidamente cierto.
—¿No lo es? —dice King con un deje de duda—. Entonces dile que no la quieres por ella misma.
—Sí la quiero —murmuro.
King dice: —Entonces, ¿quién es más importante? —Deja escapar el aire, creando un momento de anticipación—. ¿Ella o su hermano? ¿A quién estás dispuesto a perder?
Nuestra sesión de entrenamiento de esta noche es intensa, pero solo puedo pensar en Chloe mientras cruzo la línea azul a toda velocidad. Alan me pasa el disco. Se lo paso de un toque a nuestro extremo, que encuentra el hueco para lanzarlo a la red.
—¡Esta noche estás jugando de puta pena! —grita Connor.
Patino hacia el banquillo y Connor me sigue. Cojo mi botella de agua y nos tomamos un momento para observar el partido que se desarrolla ante nosotros.
—Tienes que centrarte. El entrenador está notando tu falta de entusiasmo.
Me vuelvo hacia él. —Seguro que tú le estás contando lo desconcentrado que estoy.
—Es la puta verdad. El hockey no es tu prioridad. Es obvio que tienes algo en la cabeza.
No me digas, Sherlock.
—He terminado.
—Pero qué coño —sisea Connor—. El entrenador te va a matar si te vas ahora.
—Ya no me importa. —Miro a Connor a los ojos—. Nada importa si no puedo tenerla.
Connor se pasa la lengua por los labios. —¿Quién?
Ya lo sabe, pero le daré lo que necesita oír. —Chloe.
Connor se inclina hacia mi oído y susurra: —Conseguiré que te echen del equipo.
Mientras me acerco a mis hermanos, Gabe, Rafe y King, oigo sus voces resonando por la sala, sus palabras salpicadas por el tintineo de las copas.
El rostro de Rafe se ilumina con una sonrisa mientras exclama: —¡Ah, la estrella del hockey! ¡Cuánto tiempo sin verte! —Me pone una mano en el hombro antes de atraerme hacia él para abrazarme—. ¿Qué te trae por casa?
Al girarme, cruzo la mirada con King, pero enseguida desvío la atención hacia Chloe, que está riendo con un cliente, y se me hace un nudo en el estómago. —Ella.
Gabe entrecierra los ojos al fijarse en mi ojo hinchado. —¿Qué ha pasado?
—Su hermano decidió usar mi cara como saco de boxeo.
—¿Y se lo permitiste? —Gabe me mira confundido.
Asiento. —Dejé que se desahogara.
—Debe de ser amor —Rafe me da una palmada en la espalda—. Los moratones sanarán, pero tu corazón nunca lo hará. Has tomado la decisión correcta.
—Y es ahora o nunca, Nate. Si es tuya, tienes que hacérselo creer —dice King, mirándome antes de volverse hacia Rafe y Gabe—. Todos hemos pasado por eso. Al diablo con las consecuencias. Si la quieres, hazla tuya.
—No me he enfrentado a su hermano ni he venido hasta aquí para irme sin ella —digo.
Chloe se gira y nuestras miradas se cruzan un instante antes de que vuelva a darse la vuelta para hablar con su cliente.
Espero a que esté libre y, cuando lo está, me apresuro hacia ella. Se da la vuelta al notar mi presencia. —¿Qué haces aquí?
—He venido a verte.
—¿Por qué? Dejaste muy claro lo que significo para ti.
—Siento mucho todo lo que ha pasado.
Niega con la cabeza. —No. No lo hagas. No puedo escuchar esto ahora.
—Chloe...
—No, Nate, no vengas a mi trabajo a hacerme esto. —Mira a alguien detrás de mí—. Tengo que irme. Mi jefe está mirando y no pienso perder mi trabajo porque estés montando una escena.
—No estoy montando ninguna escena. Solo estoy hablando contigo.
—Y yo estoy en el trabajo, Nate. Es importante para mí. Como el hockey lo es para ti.
—Nada es tan importante como nosotros.
—No hay ningún nosotros —dice ella. Se le llenan los ojos de lágrimas—. No puedo volver a pasar por esto.