Engañada por Jack (Obsesiones estacionales nº 3) Capítulo 31 #2
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Capítulo 31 #2

—Puedes contarme lo que sea —le aseguro—. El bastardo me metió en una jaula. No te estoy juzgando.

Shelby respira hondo y entonces lo suelta todo. Explica que Jack me quería en el Santuario para obligarme a casarme con él, cosa que ya sabía. Pero lo que no sabía es que ella estaba jugando su propio juego paralelo.

—En cuanto me di cuenta de que había cambiado e incluso parecía que le gustabas, supe que tenía mi oportunidad.

—¿Para hacer qué? Esto no tiene ningún sentido, Shel. —Uso el apodo a propósito, para conseguir que me lo cuente todo en lugar de solo fragmentos sueltos con los que no sé qué hacer.

—Mira, has sido una gran amiga, Eve. Y he intentado devolvértelo.

—¿Qué quieres decir?

Se le escapa una risita. —Entré en casa de Jack mientras dormías y te traje café. Incluso te dejé notitas.

Jadeo. —¿Eras tú?

Seguimos hablando, y no duda en compartir sus planes, pensamientos e incluso sentimientos. Es una locura lo abierta que es. Y en mi opinión profesional, eso solo puede significar una de dos cosas: o va a matarme o me considera una aliada.

—Me alegro de que las cosas hayan salido así —admite Shelby cuando me levanto y me estiro—. Gracias a ti, por fin puedo vengarme de Jack. Está a punto de enfrentarse a su segunda peor pesadilla.

Se me seca la garganta. —¿Segunda?

La sonrisa de Shelby es afilada, cruel y radiante. —Perder a Ruby fue la primera. Él la mató, ¿recuerdas? Tú eres la siguiente. Y cuando te mate delante de él, como él hizo conmigo, no lo sobrevivirá. Me aseguraré de ello.

Mientras habla, se mueve de un lado a otro. Busca algo en el fregadero que no puedo ver. Intento asomarme por detrás de ella, pero es imposible.

—Me estarás ayudando a conseguir mi venganza —dice con alegría—. Debería darte las gracias. Eres la mejor amiga del mundo.

A pesar de repetirme una y otra vez que siga el juego, no puedo.

—¿Qué te hizo? —grito, levantándome de un salto.

Solo consigo dar dos pasos antes de que ella se dé la vuelta y me presione algo contra la boca. Abro los ojos de par en par mientras intento apartarle la mano de un manotazo, pero me hace una zancadilla y cae conmigo al suelo, sin dejar de presionarme la... tela contra la boca.

—Mató a mi amante. Mató a John Simmons.

John... qué demonios...

Mierda.

Todo se ralentiza y noto las extremidades pesadas. Mis ojos... se... cierran. Tengo que... mantenerme... despierta.

Alguien llama a la puerta. ¿O me lo estoy imaginando?

El Embaucador

Nick está de pie a la cabecera de la mesa, con las manos apoyadas en la madera pulida, la postura esculpida por la disciplina. Parece el heredero que lo criaron para ser: controlado, intocable, como si la rabia fuera algo que se traga y se entierra, que nunca aflora a la superficie.

Carolina observa desde su asiento junto a Nick. Pero no mira a su marido; tiene los ojos clavados en mí, como quien observa una granada a la que ya le han quitado la anilla.

Solo sé que es de mañana porque las persianas del despacho de Nick están entreabiertas lo justo para que el sol se cuele en franjas pálidas, pero no me alcanza. Nada me alcanza.

No me he sentado. No puedo. La silla frente a mí soporta el peso de mis manos, los nudillos blancos como el hueso, las venas tensas bajo la piel. Si las suelto, las estrellaré contra una pared. Contra un cráneo. Contra cualquier cosa que no sea ella.

Eve.

Su nombre palpita bajo mi piel, más fuerte que la sangre, más fuerte que la respiración. Mi esposa. Desaparecida, joder. ¿Y por qué? Porque confié en Shelby. Es mi puta culpa.

—Tienes que sentarte —dice Nick por fin. Su voz es acero afilado hasta cortar.

—Que te jodan. —Le hago una peineta y hago girar el cuchillo en la palma, atrapándolo con la facilidad de quien respira.

—Aún no sabemos dónde está. —Su mirada se dirige a Carolina y luego vuelve a mí—. Y con la desaparición de Ned, ¿cómo sabes que no está al lado de su hermana ahora mismo?

—No lo está —gruño. Sinceramente, no tengo ni idea de si lo está o no. Lo único que sé es que se largó después de nuestro viaje a Aces Fly. Y... lo dejé marchar.

—Si te lanzas a arrasar las calles sin más, te arriesgas a perder a Eve para siempre —continúa Nick.

Las palabras clavan sus garras en mí. Perderla. Otra pérdida por mi culpa. Otra persona que no pude mantener a salvo.

Enseño los dientes en algo que no es una sonrisa.

—Ya está en peligro. Cada segundo que no estoy con ella... —Se me contrae el pecho, la furia me ahoga antes de que pueda terminar.

—Jack...

—No —espeto, cortando a Carolina, lo que hace que mi hermano suelte un gruñido bajo de advertencia.

—Muéstrale un poco de puto respeto a mi esposa —gruñe—. Estás en nuestra casa.

—Solo porque no quieres salir de tu fortaleza —le escupo—. Que te jodan, Nick. Que te jodan por esconderte detrás de tus muros y tu seguridad mientras Shelby le pone las manos encima a mi esposa.

Mi hermano entrecierra los ojos; la cicatriz de su rostro se retuerce con el movimiento.

—¿Has terminado?

Suelto una risa hueca y violenta.

—¿Terminado? Sí, he terminado de estar aquí sentado con la polla en la mano mientras Shelby le hace vete a saber qué a Eve. Me está esperando. Cuenta conmigo. Puedo sentirlo.

Aprieto el cuchillo con más fuerza y lo paso por la cicatriz de la palma, la de mi noche de bodas. Se abre con facilidad, la sangre brota caliente y viscosa, goteando sobre el suelo de madera.

—¿Sabes cómo papá siempre decía que la sangre es más espesa que el agua? —Mi sonrisa es salvaje mientras levanto la mano—. La sangre de Eve corre por mis venas. ¿Te importa ahora, hermano?

La boca de Nick se tensa.

—No confundas mi deseo de mantenerte a salvo con no querer ayudar a tu esposa —sisea—. Si dejaras de embestir como un toro por un segundo y pensaras, no estaríamos perdiendo el tiempo discutiendo.

Vaya, eso sí capta mi atención.

—Esto es claramente personal, lo que significa que cada movimiento también lo es —continúa—. Y como Shelby ha tenido acceso prácticamente ilimitado a ti, y a nosotros, tiene mierda de sobra que usar.

Dejo que las palabras reboten en mi cabeza mientras las proceso. Joder. Lo he estado viendo todo mal, ¿no?

Shelby quiere hacerme daño, o hacernos daño. Eso significa que irá a por la maldita yugular. Y al llevarse a Eve, solo hay otra herida a la que puede aplicar presión.

—Ruby —susurro.

Asiente.

—Eso creo.

—¿Cómo? —exige Carolina.

—Aún no estoy seguro —responde Nick—. Pero necesitamos averiguarlo si queremos adelantarnos.