Capítulo 19
¿Jasper me dijo algo útil? Por supuesto que no.
¿Pasamos toda la noche follando, una y otra vez, y cada vez que uno de nosotros empezaba a quedarse dormido, el otro se despertaba solo para follar una vez más? Por supuesto que sí.
Solo volví a mi habitación a las seis de la mañana, después de oír ruido en el baño y asustarme pensando que no podría escabullirme sin que alguien me viera. Pero apenas pude echar una cabezada antes de que sonara la alarma y tuviera que levantarme, vestirme e ir al estudio del DJ en el centro.
¿Pasaré todo el trayecto intentando sacarle la verdad? Por supuesto que sí.
No pasaste por lo que yo pasé con Mila esta mañana. No sobreviviré mucho más a esta mierda.
Programé la reunión con el DJ para las 10 de la mañana, lo que significa que, a las 9:30 en punto, Jasper ya está esperando fuera junto al coche.
Asquerosamente atractivo. Ahí de pie con los brazos cruzados, una pierna apoyada contra la puerta, el pelo mojado, fresco como siempre y asquerosamente atractivo.
¿Ya he dicho que está asquerosamente atractivo?
Levanta la cabeza cuando me ve acercarme, pero nuestros ojos apenas se encuentran antes de que yo ya esté preguntando:
—¿Está metido en algo serio?
—Buenos días, Julie —es todo lo que dice.
—Quizá para ti, porque yo me desperté con pelo rubio en la cara y los ojos desorbitados de una psicópata total diciéndome que me levantara y fuera a averiguar si su relación se está yendo a la mierda.
—Yo pensaba que te habías despertado con una polla dura contra la espalda.
Imbécil.
Trago saliva con dificultad. Mis pensamientos se enredan, y por un momento ni siquiera recuerdo lo que estaba diciendo.
—La segunda vez que me desperté —murmuro mientras agito las manos torpemente en el aire, obligada a admitir la verdad—. Y me mentiste, por cierto.
—No mentí.
—Sí lo hiciste. Dijiste que encontraríamos una manera de resolver esto anoche.
—Lo hice. Y también dije que podías intentar sacarme la verdad usando los métodos que quisieras.
—Entonces... —lo insto a continuar, porque en mi cabeza, eso es exactamente lo que pasó: mintió.
—Entonces no lo hiciste. Te derretiste en cuanto mi mano llegó a tus bragas y te olvidaste del resto.
Dios mío, es demasiado temprano para este nivel de rabia. Ni siquiera he tomado café. Ya de por sí odio a todo el mundo cuando no he tomado mi café.
—¡Cerdo!
Jasper ni siquiera se mueve. Sus labios solo se curvan en una sonrisa torcida.
—Necesitas aprender a jugar sucio, nena. Llevo haciendo este tipo de cosas muchos, muchos años.
Porque soy un abogado de Stanford de la hostia, eso es lo que va a decir a continuación, estoy segura. Pero antes de que pueda presumir más, suelto:
—No me llames «nena». Tiraré este coche por un acantilado con los dos dentro.
Y lo digo en serio.
Ni siquiera sé si Cancún tiene acantilados lo bastante altos para eso. Pero si Jasper Hassmann empieza a llamarme nena, ya me encargaré de encontrar uno.
—En tus sueños vas a conducir —responde.
Levanto la llave para mostrársela.
Su sonrisa se ensancha.
Se mete la mano en el bolsillo y saca una llave idéntica a la mía. Luego presiona el botón. El coche pita, las luces delanteras parpadean, y siento la vibración de los seguros al abrirse detrás de él.
Presiono mi llave. Las luces de la furgoneta al otro lado del garaje parpadean. Joder.
Aunque quisiera... aunque fuera lo bastante terca como para conducir una furgoneta de nueve plazas cuando solo vamos los dos a ver al DJ, no podría. Porque el todoterreno está aparcado delante de la puerta, bloqueando la salida.
—Tienes la llave equivocada, nena —dice Jasper, dejando claro que quiere que lo oiga alto y claro.
¿Cómo? Que alguien me explique cómo se puede ser tan estúpido y aun así tan bueno en la cama.
Dios, ¡necesito café!
Necesito café o voy a matar a alguien hoy.
—Al menos podrías dejar de ser inútil y, en lugar de quedarte ahí esperando, haberme traído un café.
—¿Café? —Sus brazos siguen cruzados, pero su cuerpo gira para quedar frente a mí.
Y obviamente para recordarme lo pequeña e inofensiva que parezco a su lado.
—¿Querías que entrara en la cocina, delante de todos, y luego esperara aquí fuera con un café para ti? —pregunta.
Me encojo de hombros como si no viera dónde está el problema. Sí, Assman, exactamente eso.
—¿Y por qué no entramos ahí ahora mismo y nos enrollamos en la encimera? Eso será mucho menos impactante que yo esperándote con un café.
Me río, pero es pura contradicción, porque me río y estoy furiosa al mismo tiempo.
¿Qué sería más impactante? ¿Que nos enrolláramos delante de todos en la cocina? ¿O que él cometiera un solo acto de amabilidad y me trajera café?
Ni siquiera yo estoy segura.
—¿Qué crees que dirá Mila? —sigue provocando.
—No dirá nada, porque nada de eso va a pasar y nunca se enterará. Compraré mi café por el camino.
Ya me estoy preparando para irme y dar por terminada la conversación cuando noto que su expresión vacila, así que me giro de inmediato, un paso más cerca que antes, lo justo para que se sienta amenazado antes de que intente algo estúpido.
—Quizá no hoy, pero algún día lo hará. Porque vas a seguir volviendo a por más.
—¡Sigue soñando, Jasper! Estás como una cabra si crees que voy a perder la cabeza así en ningún otro momento de mi vida y acabar haciendo algo como esto otra vez.
Arquea una ceja de la manera más sexy que puede y se inclina aún más sobre el coche, agachándose hasta acercar su cara a la mía para susurrar con voz grave y petulante:
—Oh, Julie, nadie te va a follar como yo. En algún momento vas a caer. Ya sea de vuelta en mi cama, o algún día, después de demasiadas margaritas, se te va a escapar la historia de cómo, una vez en México, tú y yo hicimos temblar las paredes.
Le sostengo la mirada, intentando enfadarme, pero no puedo.
No en el sentido estricto de la palabra, me refiero. Siempre es una mezcla de enfado y unas ganas locas de besarlo. Y por supuesto hace estas cosas a propósito porque, al parecer, dejarme así se ha convertido en su nuevo deporte favorito.
Mi mirada se demora en la suya demasiado tiempo, y es como si ambos estuviéramos diciendo cosas que las palabras jamás podrían expresar.
Casi estoy convencida de que el DJ va a tener que esperar, porque esto va a retrasarse si seguimos mirándonos así, pero de repente los dos oímos pasos que se acercan, y lo que fuera que estaba pasando deja de pasar.
Jasper se endereza de inmediato y se aparta del coche. Su expresión cambia: de burla descarada pasa a frialdad e indiferencia.
Un momento después, Cordelia aparece de detrás de la furgoneta y viene hacia nosotros.
—¿Queréis compañía para el viaje?
—¿Viaje? —pregunta Jasper, y no sé por qué suena un poco aturdido. Quizás por la interrupción. O por el hecho de que solo vamos al centro a ver al DJ, que está a unos quince kilómetros como mucho.
—Tengo algunas canciones que pedirle al DJ —dice ella.
—¡Yo también! —Suzi aparece por el mismo lado, y trago saliva mientras se acerca.
—No os importa, ¿verdad? —insiste Cordelia, fingiendo que no sabe nada de lo que está pasando aquí. Y no sé si quiero matarla a ella o matarme yo ahora mismo—. De verdad que no queremos pasarnos toda la noche bailando Y.M.C.A. y la Macarena.
—No creo que... —empieza Jasper, pero hasta su labia de abogado parece haberse tomado la mañana libre.
Pasan junto a nosotros, rodean el coche y se suben, mientras Cordelia ordena:
—Ve delante, Suzi. Yo me siento atrás con Julie.
Suzi obedece, pero Cordelia viene directa hacia nosotros.
—¿Qué está pasando? —logro preguntar.
—Mila ha mandado a Suzi a sonsacarle información, porque cree que una cara bonita lo conseguirá mucho mejor que tú.
Jasper se encoge de hombros, como dándole la razón a medias, pero aun así entrecierra los ojos con suspicacia y pregunta:
—¿Y tú?
Cordelia esboza una sonrisa maliciosa, mirándolo a él, luego a mí, y otra vez a él.
—Yo he venido solo a mirar.
Jasper gira la cabeza bruscamente hacia mí. Y aquí estamos otra vez, hablando sin palabras. Solo cuando Suzi abre la puerta del coche y se mete dentro es cuando él pregunta, aunque estoy segura de que ya sabe la respuesta:
—¿Se lo contaste?
—Nos oyó hablando junto a la piscina —respondo, encogiéndome de hombros.
—Primero Tony, ahora ella —murmura, señalando a Cordelia—. Por el amor de Dios, Julie, a este paso la gente va a empezar a pensar que estoy disfrutando de esto.
Mi primer impulso es mandarlo a la mierda otra vez, pero Cordelia se me adelanta:
—Todavía me parece fascinante cómo dos personas pasaron de esto... —Nos señala—. A esto... —Levanta las manos: la izquierda formando un círculo con el pulgar y el índice, la derecha metiendo el índice dentro con un movimiento de vaivén—... tan rápido.
—Nosotros también llegamos a esto en la universidad, Cordelia —le espeta Jasper. Y luego amenaza—: A lo mejor deberías preguntarle a Robbie qué le parece.
Estoy tan sorprendida que ni siquiera me importa lo que está insinuando. Dentro del coche, Suzi mira a su alrededor, intentando averiguar por qué tardamos tanto, así que susurro:
—¿Vosotros qué?
—Se hace la dulce e inocente, como si se hubiera enamorado de Tony sin querer, pero antes se tiró a todos los amigos de Robbie.
La hermana de Robbie se encoge de hombros, completamente imperturbable.
—Con todos menos con Connor.
Uf.
—Todo el mundo tiene un límite, Cordelia.
Precisamente porque es Jasper, me niego a dejar pasar eso. Así que le digo:
—Vete a la mierda.
—¿A qué estamos esperando? —grita Suzi desde dentro, con la voz amortiguada por las ventanillas cerradas.
Cordelia sale disparada hacia el otro lado del coche, abre su puerta y grita:
—¡Pon algo divertido, DJ!
Suzi enciende la radio.
Vuelvo a mirar a Jasper. Señalo el coche.
—Cuanto antes me digas qué está pasando, antes termina esto.
El reguetón revienta en los altavoces. Luego Rihanna. Jasper tuerce el gesto ante el volumen.
—¡Súbelo, perra! —grita Cordelia desde dentro.
Inspira hondo y luego suelta un largo suspiro de fastidio, claramente irritado por el ruido, el caos y el hecho de que nuestro viaje rápido al estudio de música se ha convertido en una excursión.
Así que, supongo que con profundo y sincero pesar, me dice:
—No puedo.
Y solo entonces decide meterse en el coche.