Enemigos en el paraíso Capítulo 18
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Capítulo 18

Lo último que quería era salir de la habitación de Jasper por una reunión urgente —y completamente innecesaria— de damas de honor.

Las siete estamos apiñadas en una habitación diminuta en la parte trasera de la casa, bajo el nivel del suelo, rodeadas de barriles metálicos, conductos y cables enredados.

Una tubería gotea en la esquina a intervalos irregulares, y la cosa debe de ser grave de verdad porque Mila tiene sus sandalias Dior colocadas justo sobre el charco fangoso que se forma en el suelo de hormigón bajo la fuga.

El lugar huele a cerrado y a metal, como a óxido húmedo, y el único sonido aparte de las gotas viene del enorme panel que controla el sistema eléctrico de la casa, que emite esos pequeños chasquidos que a veces hacen las neveras en mitad de la noche.

Una luz de emergencia rojiza se refleja en el rostro de Mila de forma inquietante cuando por fin declara, tras demasiado suspense:

—Robbie tiene otra mujer.

Y lo dice con tanta certeza que ni siquiera parece una sospecha.

Parece un simple hecho que ha decidido compartir en este momento.

Cinco pares de ojos se abren de par en par a mi alrededor. Yo pongo los míos en blanco.

—¿Qué quieres decir, Mila? —pregunto, al parecer la única aquí con algo de sentido común.

Bueno, hace solo unas horas estaba de rodillas en el suelo del baño con el pene de Jasper en la boca, así que de sentido común nada, pero vamos, esto es demasiado incluso para mí.

Mila se vuelve hacia mí, exasperada, como si yo fuera la única en la habitación incapaz de atar cabos.

—Robbie tiene otra mujer —repite lentamente, sin darse cuenta, al parecer, de que el problema no es que no la haya entendido. El problema es que debe de estar perdiendo la cabeza—. ¡Y todas tenéis que ayudarme a descubrir quién es antes de que me case con ese bastardo mentiroso!

—Mila —digo, igual de despacio que ella—. Robbie está obsesionado contigo. Si tuviera otra mujer, sería una estatua tuya que guarda en una habitación oscura para arrodillarse ante ella cada noche y dar gracias al universo por tu existencia.

Eso arranca algunas risas nerviosas a las damas de honor, pero Mila se queda inmóvil, con una expresión aún más aterradora ahora que la luz de emergencia empieza a parpadear como si tuviera un mal contacto.

—¡No lo estás entendiendo! —espeta Mila con un gesto desdeñoso en mi dirección—.

Lleva toda la semana actuando raro, desaparece de la nada, cuchichea con los padrinos en las esquinas de la casa…

¡Hoy estaba en la ducha cuando le sonó el teléfono y salió corriendo, chorreando, para contestar, Julie! ¡Desnudo!

Suspiro y me cruzo de brazos.

Antes de que pueda decir nada, Suzi pregunta:

—¿Y si solo está preparando una sorpresa?

Mila le hace el mismo gesto desdeñoso con la mano.

—¡Robbie no da sorpresas! Es aburrido y predecible. Por eso me caso con él.

—Bueno, si eso es verdad, no tienes de qué preocuparte. Ningún hombre aburrido y predecible tiene una aventura la semana de su propia boda —dice Gemma.

Mila resopla impaciente. No hay esperanza. Cuando a mi amiga se le mete algo en la cabeza, no hay lógica que valga.

—¡Y estoy casi segura de que anoche fueron a un club de striptease!

Me vienen a la cabeza los destellos de purpurina en la cara de Jasper. Sí, estoy convencida de que anoche fueron a un club de striptease, pero tampoco estaba prohibido.

Contratamos a Jack el poli para que esposara a la novia y le hiciera un baile erótico, así que a estas alturas nadie puede quejarse de purpurina pegada en la cara.

—¡Eso es una tontería, Mila! —dice Victoria, que claramente también recuerda lo que hicimos. Y aprovecha para recordar el resto de la noche, sobre todo la parte en que la psíquica loca le dijo que fuera a comprar un test de embarazo—. Además, acuérdate de lo que te dijo Madame Ximena.

—Sí, pero también dijo que Jasper sentía algo, ¡así que está claro que la vieja bruja no tenía ni idea de lo que decía!

Asiento de inmediato. Cordelia y yo cruzamos una mirada.

Pero la estoy ignorando.

¿Solo por ahora o para siempre? Quién sabe.

—Bueno, ¿viste el nombre de alguien en su teléfono? ¿Cuando sonó? —pregunta Elise, que se suma emocionada a la teoría demente de Mila.

Ella no conoce tan bien a Robbie. Puede permitirse pensar que esto aún es posible.

—No. De camino a los cenotes, compró en una tienda sospechosa uno de esos protectores de pantalla que lo oscurecen todo.

¡Maldita sea, Robbie!

Aunque quisiera defenderlo ahora, no podría. Primero, porque me he quedado sin argumentos. Segundo, porque un murmullo zumbante se extiende por la habitación sofocante.

Las chicas barajan posibilidades absurdas. Una dice que podría ser un lío del pasado. Otra sugiere un problema con el juego. Pronto sugerirán que tiene una familia secreta en Escocia o algo por el estilo.

—Tienes que buscar la forma de mirarle el teléfono y salir de dudas —dice Gemma.

—No puedes casarte con él si no estás segura, prima —añade Elise.

—Que estamos hablando de mi hermano, ¿eh? —murmura Cordelia.

—¡Exacto! —exclama Mila, a quien parece ocurrírsele otra idea demente—. Es tu hermano. Tienes que hablar con él, Cordelia. Intenta averiguar qué pasa.

Luego se vuelve hacia Victoria.

—Y tú puedes sonsacarle algo a Brad, ¿no?

—¿De verdad crees que si te estuviera engañando, los padrinos apoyarían esta locura?

—No todos —me dice Mila—, ¡pero hoy vi a Jasper discutiendo con él debajo de la escalera!

Cordelia vuelve a mirarme.

Por desgracia, Mila también.

—Mañana por la mañana vas a ver al DJ con él, ¿no?

¿Voy a hacerlo?

Mierda, se me había olvidado por completo.

—¡No pienso preguntarle a Jasper si Robbie te está poniendo los cuernos, Mila!

—¿Por qué no?

¿De verdad tengo que enumerar las razones?

—Porque no quiero hablar con él más de lo estrictamente necesario. Cordelia entrecierra los ojos. —Porque me odia. Ahora los abre de par en par e intenta no reírse. —Y porque retorcerá todo lo que le pregunte solo para torturarme el resto de mi vida.

—Qué bien saber que eres tan buena dama de honor que lo harás por mí de todos modos, ¿verdad, Jules? —canturrea Mila, usando sus habituales trucos de niña rica y mimada.

Y así, sin más, sé que estoy jodida.

—¿Y qué vas a hacer tú , Mila? —pregunto.

Quiero sugerirle que actúe como una persona normal y hable con Robbie, pero debería haber sido más clara, porque su respuesta es todo lo contrario de lo que esperaba.

—Voy a robarle el móvil, por supuesto.

Me froto los ojos, visiblemente cansada. Dios mío, allá vamos otra vez.

Cuatro días. Cuatro días para la boda de mi mejor amiga con el amor de su vida. Una boda con la que lleva soñando desde su primera cita, tan desastrosa, en aquel bar cutre de Harlem. Una boda en la que ya se ha gastado una pequeña fortuna en vuelos y arreglos florales.

Cuatro días para el momento más importante de los últimos diez años de su vida con Robbie.

Y están a punto de tener una pelea monumental.

Las damas de honor están tramando planes para sonsacar información a los padrinos mientras deciden a la vez la mejor manera de averiguar la contraseña del móvil de Robbie sin que se dé cuenta.

Gemma prometió seguirlo de cerca durante toda la cena de esta noche.

Elise sugirió que consiguiéramos otra vez el té de Madame Ximena para dejarlo inconsciente y que Mila pueda desbloquear su móvil mientras duerme.

Yo sí entiendo la preocupación, lo juro, porque Robbie no se lo está poniendo fácil. Pero Mila pasó años presumiendo de que ella y Robbie confiaban ciegamente el uno en el otro y no necesitaban saber las contraseñas ni nada de esas cosas que hacen las parejas desconfiadas.

Y ahora está dispuesta a tirarlo todo por la borda porque se ha convertido en una novia histérica de manual.

Como era de esperar, la cena empieza a desmoronarse antes de que siquiera sirvan el plato principal. Empezamos con vino y queso, y ahora Mila está sentada junto a Robbie con una sonrisa falsa y tensa, tan forzada que puedo ver cómo se le tensan los músculos del cuello desde el otro lado de la sala.

Gemma sigue paseándose detrás de ellos con su misión de espionaje para pillarlo tecleando su contraseña. Elise se está pasando con la cháchara, intentando llevar la conversación hacia cualquier tema sospechoso.

—Entonces, Robbie, ¿qué tal tu último mes como hombre soltero? —pregunta con dulzura mientras bebe su vino.

Robbie se limita a devolverle la sonrisa, completamente ajeno, sin darse cuenta de que está cayendo de lleno en una trampa.

—Hace diez años que no sé lo que es eso, Elise.

—Sí, pero ahora te vas a casar de verdad… —insiste ella—. Antes tenías mucha más libertad.

—¿Con Mila?

Robbie suelta una carcajada.

Mi amiga suspira impaciente y hunde la cara en su copa de vino al darse cuenta de que esto no lleva a ninguna parte.

Aun así, Victoria sigue pegada a Brad, y Cordelia analiza cada mínima expresión de Tony como si fuera una agente de la CIA en una misión ultrasecreta, a la caza de palabras o miradas sospechosas entre él y Robbie.

Cuando Mila intenta birlar el móvil de Robbie del bolsillo delantero de su pantalón y luego finge que le acaricia el muslo de una forma totalmente inapropiada para una cena familiar, tengo claro que alguien va a acabar tirándole una copa de vino a alguien antes del postre.

Aun así, me niego a participar en este circo, pase lo que pase. A estas alturas de mi vida, no puedo cuestionar, investigar ni juzgar a nadie que le oculte secretos a Mila.

Vamos, ¡mírame! Escondida en la cocina, copa de vino en mano, observando el caos e ignorando deliberadamente la presencia de Jasper justo a mi lado, apoyado en la encimera.

No puedo ser yo quien investigue mentiras cuando soy la mayor mentirosa de todas.

Fingiendo que Jasper y yo todavía nos odiamos con la intensidad de mil volcanes (aunque no estoy segura de que sea fingir, probablemente sí nos odiamos).

Fingiendo que no estuve en su cama toda la tarde, para nada.

Fingiendo que su presencia a mi lado no le hace nada a mi cuerpo, a mi mente y a mis... partes.

Fingiendo, fingiendo, fingiendo ante todos.