Enemigos en el paraíso Capítulo 14
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Capítulo 14

LAS CINCO ETAPAS DEL TÉ DE MADAME XIMENA

Primera Etapa del Té de Madame Ximena: EUFORIA

—¡Soy la reina del mundo! —grito con los brazos abiertos mientras la fresca brisa del Caribe me da en la cara y convierte mi pelo en un desastre de nudos del que seguro me arrepentiré mañana.

—¡Mira mis tetas, Cancún! —Gemma asoma a mi lado por el techo solar y se sube la camiseta de la brigada de la novia, la misma que llevamos todas.

Todavía lleva sujetador, pero eso dura unos dos segundos antes de quitárselo de un tirón y hacerlo girar por encima de su cabeza como un látigo.

La limusina frena en seco en un semáforo y el frenazo hace que el sujetador salga volando de su mano y aterrice en una acera mexicana cualquiera.

Debería preocuparme por la situación, quizás incluso pedirle al conductor que pare.

Pero lo único que hago es estallar en carcajadas incontrolables.

Gemma se une al instante y luego se mete de nuevo en la limusina a rastras para gritarle toda la historia al resto del grupo como si estuvieran a kilómetros.

Ninguna de ellas, y me refiero a ninguna de nosotras, está lo bastante sobria ni para intentar resolver el problema.

Y ahora aquí estamos, completamente borrachas y colocadas con el té, llegando al club con camisetas a juego, velos y pulseras fluorescentes, después de perder a casi la mitad de la brigada de la novia.

Victoria y Brenda salieron a comprar el test de embarazo, Lianne se quedó en casa cuidando a las abuelas. Elise fue la quinta guerrera en caer cuando, en lugar de pagarle a Jack El Stripper, le metió la lengua hasta la garganta y los dos se liaron como adolescentes salidos.

Por no hablar del sujetador perdido de Gemma, el tacón roto de Cordelia, la tía Abby llorando sin motivo durante treinta minutos seguidos y la novia vomitando por el techo de la limusina.

Y una pensaría que cuando por fin nos encontramos con la brigada del novio, ellos estarían peor. Pero no. Claro que no. Comparados con nosotras, parecen un grupo de monjes célibes.

— ¿Qué demonios ...? —articula Robbie sin voz cuando nos encontramos en la pista de baile.

Una pista de electrónica retumba por los altavoces y el ritmo de Drum & Bass vibra tan fuerte en mi pecho que no sé si me lo estoy pasando en grande o me está dando un infarto en toda regla.

Mila salta sobre Robbie y le rodea la cintura con las piernas como un mono bebé. Luego le lame la cara.

Me dan ganas de decirle a Robbie que ella vomitó toda la cena hace unos minutos, pero mi capacidad de atención es inexistente ahora mismo, así que me distraigo viendo a Suzi y Cordelia bailar el cancán por alguna razón, hasta que una cae encima de la otra.

Los padrinos se apresuran a ayudar. Tony, por supuesto. Luego Jasper.

Mierda. Jasper.

¿Por qué está aquí? Solo pensar en su nombre me da ganas de vomitar otra vez. Y ningún techo de limusina en el mundo bastaría para contener todo el vómito que generarían las náuseas que llevo sintiendo desde que Madame Ximena dijo todo lo que dijo.

Y por culpa del té.

Especialmente por culpa del té.

Mierda, ¡el té! Está volviendo, ¿verdad?

Oh, sí. Está volviendo exactamente de la misma manera que entró.

Se me abren los ojos de par en par, me llevo la mano a la boca y apenas registro los labios de Robbie formar un claro «¡Joder!» antes de salir corriendo hacia el baño.

Segunda Etapa del Té de Madame Ximena: EL ELIXIR DE LA VERDAD

Ni siquiera sé si hemos arruinado la fiesta o si, en realidad, es una fiesta increíble precisamente por el caos que estamos causando.

Gemma ha encontrado a una chica que le gusta y ahora las dos se restriegan al ritmo del reggaetón en medio de la pista.

La tía Abby lleva un rato intercambiando miradas con lo que parece un jefe mafioso sospechoso trajeado, y el tío ha mandado a un guardia de seguridad a buscarla entre la multitud y escoltarla hasta su reservado VIP en el segundo piso.

Sí. Oficialmente hemos perdido a la guerrera número seis.

Mila y Robbie ya llevan unas quince declaraciones de amor a gritos, obligando a todos los que están cerca a aplaudir y felicitarlos una y otra vez.

Cordelia y Suzi siguen tomando chupitos en la barra. Pienso en el olor a alcohol y vuelvo corriendo al baño.

Esta vez, cuando salgo, Connor me está esperando fuera.

Joder.

—¿Estás bien, Julie? —pregunta con cara de preocupación.

Oh, por favor. No caigas en esto. Ni en la preocupación, ni en la cara de perrito triste. La única razón por la que está aquí es porque quiere pillar esta noche y seguramente no ha encontrado a nadie más en la fiesta.

Y como ya sé esto, mi respuesta está lista.

—¡Estoy fatal!

Entrecierra los ojos.

—Y me siento como basura.

Vuelve a entrecerrar los ojos.

—Ni siquiera recuerdo haber comido chili hoy... pero hay chili saliendo por ambos extremos.

—Oh —murmura, buscando algo que decir.

Sí, Connor. Oh.

—Bueno, aun así estás deliciosa —¿Va en serio?—. ¿Quieres irte a casa? Puedo llamar un taxi para los dos.

Va en serio.

—Hmm... —lo medito, aunque la respuesta lleva siglos dolorosamente clara en mi cabeza—. Preferiría que alguien me clavara algo en el ojo antes que irme a casa contigo, Connor.

Sus ojos se abren de par en par.

Mierda. ¿Dije eso en voz alta?

—Lo siento, Connor —corrijo rápidamente—, lo que quería decir es que preferiría que alguien me sacara el ojo con un cuchillo antes que salir de este club contigo.

Lo cual... no arregló nada.

En absoluto.

¿Qué demonios está pasando?

—Lo pillé a la primera —responde él. Cualquiera pensaría que se ofendería y se largaría, ¿no? Pero no. Solo sonríe con pereza y dice—: Pensé que teníamos algo bueno, princesa.

—¡Para ti, quizá! —suelto. Y me rindo, dejo de corregirme—. Encontraste a una idiota solitaria e ingenua que no tuvo las agallas de decirte que el placer se supone que es mutuo. Se llama reciprocidad.

—Oh.

Sí. Eso es, Connor. Oh otra vez.

—Sobre eso —dice—, te dije que no me gustaba hacerlo, y dijiste que no pasaba nada.

—¡Pues mentí! —le respondo. Y la verdad, esa ni siquiera es tan mala como las cosas que estoy intentando no decir—.

Antes pensaba que era porque eras un egoísta, pero Mila dijo que lo más probable era que simplemente no supieras cómo, porque no enseñan ese tipo de cosas en el porno misógino con el que te has estado pajeando toda tu vida.

Aunque, pensándolo bien, todo el porno es un poco misógino, ¿no? ¿O no? Tendré que investigar...

Estoy divagando, apenas lo oigo cuando pregunta, con la mandíbula por el suelo:

—¿Se lo contaste a Mila?

Sigo perdida en mis pensamientos, pero mi boca responde sin pedirme permiso:

—Sí. Se lo conté a todo el mundo. Pero tranquilo, solo lo hice después de enterarme de que le dijiste a Robbie que era una fiera en la cama y que me había enamorado perdidamente de tu polla mágica.

Se le pone la cara roja. Está buscando algo que decir, quizá una disculpa, quizá algo peor que lo que le contó a Robbie después de que nos acostáramos. Con Connor, nunca se sabe.

¿Y la verdad? Con despertar espiritual provocado por el té o sin él, me sorprende lo mucho que me da igual cualquiera de las dos opciones.

Miro alrededor, aburrida, buscando a alguien de la brigada de la novia. Pero ninguna de las chicas que quedan está en condiciones de rescatarme de esta tortura.

Y entonces, como si las cosas no fueran ya bastante malas, Jasper desvía oportunamente la atención de lo que sea que esté diciendo el tío Henry, y sus ojos se clavan en los míos.

Durante, como, un cuarto de segundo.

Algo en la postura rayando lo psicótico de Connor y mi expresión de aburrimiento mortal debe de haber captado la atención de Jasper. Mira. Parpadea.

Dios mío, no. No hagas lo que creo que vas a hacer. No—

Sus ojos vuelven a encontrar los míos y da el primer paso.

No puedo hablar con él ahora mismo.

No.puedo.hablar.con.él.ahora.mismo.

La voz en mi cabeza grita más fuerte con cada paso que da, dejando atrás a los supervivientes de ambas despedidas.

Joder, ¡es que no puedo!

Pero es demasiado tarde. Jasper está justo delante de mí, y tanto Connor como yo lo miramos, esperando lo que viene.

Él parece curioso.

Yo parezco congelada.

Mi cuerpo se niega a moverse y lo único que consigo es apretar los labios para que no se me escape nada catastrófico mientras él está aquí.

Con suerte, solo va a coger a Connor y largarse.

—Oye, tío —le dice Jasper, sin apenas reconocer mi existencia—. Andrew te estaba buscando.

Andrew no estaba buscando a nadie. Andrew se largó hace quince minutos con un grupo de universitarias en tops de neón.

—Dice que hay una tía buenísima tumbada en la barra cobrando cinco pavos a quien quiera lamerle tequila del ombligo —continúa Jasper, impasible.

A Connor le brillan los ojos al oír eso. Me lanza una última mirada, sopesando sus posibilidades después de todo lo que le he dicho, preguntándose si todavía merece la pena intentar algo conmigo, toda asquerosa y cubierta de vómito, en lugar de lamer tequila de alguna tía buenorra al azar.

La respuesta es obvia.

Se bebe la copa de un trago, tira el vaso a la basura con un eructo y dice:

—¡Nos vemos luego, Julie!

Y se larga sin mirar atrás.

Jasper pone los ojos en blanco, aparentemente tan harto de Connor como yo, pero también aburrido, como si ni siquiera le sorprendiera que su plan haya funcionado tan fácilmente.

Todos sabemos de sobra qué tipo de tío es Connor.

—De nada —dice por fin Jasper, esta vez mirándome.

¿De nada por qué ? Si estaba disfrutando —quiere decir mi cerebro.

Pero es mentira. Y como las mentiras no son una opción ahora mismo, lo único que puedo hacer es levantarme y correr hacia la mesa alta donde está el resto.

Porque si estoy rodeada de gente, quizá Jasper no tenga la cara de hablarme de ese pequeño tema prohibido.

Probablemente ni me mire.

Me subo a un taburete, viendo a Mila hacer twerking en el suelo mientras Robbie finge darle nalgadas, y apoyo los codos en la mesa. Tony está peleándose con Cordelia por su copa, diciéndole que ya ha bebido bastante y que se lo agradecerá mañana.