Enemigos en el paraíso Capítulo 14 #2
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Capítulo 14 #2

Tras una larga pelea, ella por fin la suelta, y Tony se desploma en el asiento a mi lado, agotado. Cordelia vuelve a bailar, los rizos rojos sudorosos pegados a la frente, como si nada.

—¡Hola, Tony! —digo, y él suspira como respuesta.

Me mira otra vez, probablemente sorprendido de que esté tan... callada .

Él no tiene ni idea de que la locura está pasando enteramente dentro de mi cabeza ahora mismo.

—¿Estás bien?

—Depende. ¿Están temblando las luces?

Tony levanta la cabeza y mira a su alrededor.

—¿Te refieres a que parpadean?

Hay un montón de luces parpadeantes, obviamente. Estamos en un club. Pero no, eso no es lo que pregunté.

—No, me refiero a si tiemblan.

—Aquí no, Julie.

—Entonces no, no estoy bien —digo con resignación trágica—. El té de Madame Ximena me está matando.

—¡Por lo visto, está matando a todo el mundo! —Señala a Cordelia justo cuando los dos nos damos cuenta de que ya no está a nuestro lado. En vez de eso, va corriendo hacia otra mesa, restregándole a todo el mundo en la cara el pene inflable que le compramos a Mila.

—Mierda.

Tony se levanta de un salto para detenerla, pero le agarro la mano antes de que escape y me deje sola otra vez.

Y no puedo quedarme sola. No si Jasper decide volver a la mesa.

—¡No-no-no! —grito desesperada—. ¡Jasper puede aparecer en cualquier momento!

Entrecierra los ojos, confundido, pero aun así intenta consolarme. Es buen tío. No como el resto de los amigos de Robbie.

—Solo voy a quitarle ese pene de la mano, Julie, te lo prometo.

Empieza a alejarse, así que le aprieto la mano con más fuerza.

—¡Por favor, Tony! —gimoteo—. ¡No me hagas esto!

Y vuelvo a gimotear.

—Está tan guapo esta noche. Y huele increíble…

—¿De qué estás hablando? —pregunta Tony, más confundido que nunca.

Debería haber prestado atención. Debería haber notado su cara de confusión. Y entonces debería haberme callado.

Pero ¿me he callado? Qué va.

—…y estoy demasiado colocada para controlarme —confieso—. No quiero acabar besándolo.

—¿Por qué ibas a besarlo?

—No sé, por lo visto es algo que hago ahora.

—¿ Algo que haces ahora ? —repite, mirándome como si le estuviera dando un ictus.

Asiento.

Parpadea.

—¿Besar a Jasper? —pregunta.

Vuelvo a asentir.

—¿ Ese Jasper? —Tony señala al tío alto, de pelo oscuro y camisa de vestir cara que está a solo unos metros.

Mierda. Está volviendo.

—¡Por favor, no se lo digas a nadie! —Le suelto el brazo para juntar las manos como si estuviera rezando.

—¡Ja! Ni hablar. Ya estoy metido hasta el cuello en mi propia mierda, no pienso decir nada que cabre aún más a los novios.

Solo que Tony se está tirando a la hermana de Robbie.

Esto es algo completamente diferente.

—No se enfadarían. Estarían encantados de que por fin nos llevemos bien o algo así.

Solo que llevarse bien y enrollarse de vez en cuando son dos cosas muy diferentes.

—Puede ser —dice—. Pero esto se va a pique más rápido que el Titanic. Y tarde o temprano la cosa va a explotar. Seguramente antes de lo que crees, porque Cordelia me ha dicho que Suzi quiere besarlo esta noche.

— ¡Nooo ! —vuelvo a gimotear—. ¿Por qué?

Tony se encoge de hombros.

—Es tan guapa… ¡Se merece algo mejor!

Abre la boca para seguir hablando justo cuando Cordelia se sube a una mesa, pierde el equilibrio al instante y se estampa llevándose por delante todos los vasos y la botella de vodka.

Guerrera número siete: fuera de combate.

Tony corre hacia ella y ni siquiera me da tiempo a gritar otro «¡No, Tony!» porque Jasper acaba de pararse justo a mi lado.

Apenas nos cruzamos la mirada y, antes de que pueda decir nada, ya estoy de pie, corriendo otra vez.

El único lugar donde encuentro paz es este extraño jardín tropical, con luces de neón entrelazadas con enredaderas en las paredes, probablemente no es lo mejor para alguien tan colocada como yo, y los colores me hacen sentir como si estuviera dentro del bosque de Avatar .

Y me voy a colocar todavía más porque, por lo visto, esta es la zona de fumadores y aquí nadie fuma cigarrillos normales.

Hay un corro de unas veinte personas fumando marihuana, y la verdad, si estar sola hasta que se me pase el colocón requiere fumar de forma pasiva, pues que así sea.

Pero esta marihuana debe de ser muy fuerte porque estoy casi segura de que estoy empezando a alucinar.

Porque ahí está él otra vez.

Alto. Guapísimo. Serio. Con una botella de agua precintada en la mano.

¡Oh, Dios! ¿Me estaba buscando?

Me levanto de golpe, lista para salir corriendo.

Antes de que pueda moverme, oigo su voz, firme, áspera y ligeramente irritada.

—Deja de huir de mí, Julie.

Me quedo paralizada. Y con la misma rapidez con la que me levanté, me desplomo de nuevo en el banco, agotada después de esta noche.

Quizá si digo suficientes barbaridades, Jasper se apiade de mí y me lleve directamente a urgencias.

Morfina. Dios, lo que daría por un poco de morfina para poder dormir dos días seguidos.

Levanta la botella hasta ponerla delante de mis ojos, pero le aparto la mano de un manotazo.

—No necesito que cuides de mí.

—No estoy cuidando de ti. Solo estoy aquí por si acabas muerta después de beber un té alucinógeno sospechoso que conseguiste de una bruja que encontraste en un anuncio de Facebook.

Abro los ojos de par en par.

¿Lo sabe?

—Tampoco necesito que estés aquí por si muero.

—Puedo llamar a Connor para que se quede en mi lugar, si quieres.

—No te atreverías.

Jasper entrecierra los ojos, desafiándome en silencio a que siga presionando.

Lo haría. Si lo molestara lo suficiente, seguro que lo haría.

Así que me quedo callada. Callada, deprimida, derrotada. Y él, por lo visto, lo interpreta como una invitación para sentarse a mi lado.

No puede.

Y desde luego no debería.

¿Por qué está haciendo esto siquiera?

—Así que se lo contaste a Tony —dice Jasper. No es una pregunta. Es una afirmación.

No . Mi mente grita. Niégalo todo.

—¡Fue un accidente! —gimoteo—. No quería contárselo, lo juro. Pero el té me obligó a hacerlo.

Se gira completamente hacia mí, una ceja fruncida, la otra levantada.

—¿El té?

—No puedo controlar lo que sale de mi boca ahora mismo —explico, demostrando mi punto a la perfección, ya que sin duda habría ocultado esa parte de otro modo.

Ambas cejas se fruncen ahora, hasta que de repente abre los ojos.

—¿Por eso has estado huyendo de mí?

No .

—Sí.

—¿Hablas en serio?

¿Parezco estar bromeando?

De repente, su rostro se ilumina. Y Jasper siempre ha sido un hombre controlado. Estoico, impenetrable, que solo te deja saber lo que siente cuando él quiere.

Pero ¿ahora mismo? No puede ocultar toda la emoción que florece en su interior.

El cabrón va a usar esto para sacarme información. ¿Verdad?

Ni siquiera ha abierto la boca y ya estoy aterrada de lo que saldrá de ella. Porque viniendo del Culón , seguro que no es nada bueno.

Jasper se recuesta contra la pared, carraspea con dramatismo y, con la expresión más engreída que le he visto en la vida, por fin pregunta:

—¿Cuántos orgasmos tuviste en la playa, Julie?

Mierda.

—Tres —empiezo. Abre la boca para protestar, así que añado—: Y luego uno muy largo al final.

—¿Y alguna vez habías imaginado hacer algo así conmigo antes?

Se me abren los ojos como platos.

Me muerdo el labio inferior, intentando con todas mis fuerzas no responder.

Pero por supuesto ni Jasper ni el té lo van a permitir, así que antes de darme cuenta, estoy diciendo:

—Cuando estabas cortando leña con un hacha en ese viaje a Vermont.

Gimo, intentando hacer que la información vuelva a mi cerebro a base de pura fuerza de voluntad. Si no esa, al menos la siguiente... ¡Pero no! La siguiente también se escapa.

—Cuando te vi leyendo a James Joyce con gafas puestas.

Me tapo la cara con la mano, intentando frenar mi boca, pero las palabras salen igualmente.

—Una vez que acabé en el asiento del copiloto mientras conducías y giraste el volante solo con la palma de la mano, así... —imito el movimiento en el aire—. Además, tuve un sueño sobre un trío contigo y Michael B. Jordan.

Jasper suelta una carcajada de pura satisfacción.

—Esto es increíble —dice. Y juro que nunca lo he visto tan emocionado, ni siquiera cuando estaba dentro de mí hace dos noches—. ¿Siquiera me odias, Jules?

—Mi mente sí. ¿Mi cuerpo? No tanto.

—Bueno, ¿a tu cuerpo le gustó ese sueño?

No. Mi mente dice que no, pero mi cabeza asiente.

—¿Te despertaste toda mojada después de ese sueño?

—Empapada.

Maldita sea. Todo mi cuerpo está empezando a mojarse de nuevo solo con recordarlo.

Y solo con escuchar su voz baja y decidida mientras me hace estas preguntas.

—¿Y te tocaste después de eso, Julie? Nunca . ¿Te tocaste pensando en mí?

Ni siquiera intento hablar. Solo asiento de nuevo.

Jasper se acerca más, y siento su aliento en mi pelo, veo el calor que arde en sus ojos…

Carbón. Carbón al rojo vivo.

Dios, es tan sexy.

—¿Y cómo fue ese sueño tuyo? —murmura, con la voz rozándome el oído. Un pulso me recorre hacia abajo, entre las piernas, y se irradia por todo mi cuerpo.

—Mucho mejor que la vida real —suelto.

Jasper parece tan sorprendido como yo.

Abro los ojos de par en par, el corazón me salta de alivio.

—¿Se fue? —pregunta, dejando caer los hombros con decepción.

—¿Y si estaba diciendo la verdad, Jasper?

Pero este hombre está tan pagado de sí mismo que ni siquiera considera la posibilidad. Así que decide ponerme a prueba, interrogándome como si fuera una testigo mentirosa en un tribunal.

—¿Cuántas veces te corriste? ¿Cuatro?

—¡Ni en sueños me haría correr tu polla diminuta! —le suelto.

Me encanta que mi capacidad para mentir, y para insultarlo, haya vuelto. Pero estoy absolutamente furiosa por la sonrisita triunfante que esboza ante mi respuesta.

—Maldición. Tenía tantas más preguntas… —refunfuña.

—Bueno, si hubieras preguntado algo importante en lugar de solo querer saber qué me excita, quizá habrías disfrutado más —suelto, mientras el calor me sube por el pecho.

¿Por qué demonios me estaba preguntando eso?

¿Y por qué hace que mis… mis regiones inferiores sientan tantas cosas perturbadoras?