Enemigos de Roma (Escipión Emiliano 3) Hora prima53
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Hora prima53

Cayo y los suyos, al menos dos mil individuos, colapsaron como abejas alteradas el ascenso al Capitolio por el clivus Capitolinus.

Algunos votantes madrugadores pululaban ya por la zona, junto con los curatores de las tribus y demás aparataje de una gran asamblea ciudadana que, de nuevo, como aquella del día de la matanza, iba a celebrarse en la colina del dios supremo en lugar de en el comitium.

Cayo fue el primero en llegar a la plaza, topándose con un muro de partidarios senatoriales con cara de muy malas pulgas.

—Yo me encargo de hacer sitio —dijo Matón expeditivo.

—No entréis en provocaciones —demandó Cayo, y optó él mismo por una solución más alejada y discreta—. Al pórtico —dijo, y tomó el camino a las traseras del templo de Júpiter, donde esperaría acontecimientos y el avance de la votación.

Detrás de él fueron Flaco y Septimuleyo, y no menos de trescientos de los suyos enseñando los dientes a los que habían llegado antes que ellos y ocupado las mejores posiciones.