Enemigos de Roma (Escipión Emiliano 3) En el centro
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En el centro

—¡Allí! —gritó de pronto Metelo, señalando hacia su derecha, donde se precipitaba una gigantesca nube de polvo que no caminaba, sino que galopaba desbocada.

Paulo no dijo nada.

No era necesario.

Tras haber aniquilado el flanco izquierdo macedonio, llegaba por fin al auxilio en aquel sector de la batalla su flanco derecho. Ya podía ver a la caballería y a las cohortes de los aliados, arrasando en su loco avance todo cuanto pisaban. Confiaba que en aquella horda amiga cabalgara su hijo en primera fila. No podía imaginarlo de otro modo.

Todo había salido del modo esperado.

—Aterradoramente hermoso —repitió Paulo al ver tamaño espectáculo, aunque esta vez con un significado bien distinto al dicho hacía un rato.

La caballería, junto con las cohortes latinas e itálicas, golpeó la falange por detrás y por su costado izquierdo con una brutalidad incontrolable. Ahora sí, ya solo era cuestión de tiempo. Los falangitas estaban condenados a muerte.

—Y he aquí nuestra superioridad manipular. La falange no puede girar. Acabad con ella. Que Macedonia no se levante nunca más —sentenció Paulo.

Y así fue.

La falange, descompuesta y rodeada por todas partes, fue machacada y exterminada durante toda la tarde sin compasión alguna. También la famosa agema, los peltastas de élite de Perseo, únicos que ofrecieron una resistencia elogiable.

Algunos falangitas desarmados pudieron escapar y llegar hasta el mar, metiéndose a nado en las aguas al creer que la flota romana varada en las costas tendría más bondad, pero al llegar junto a las naves se toparon con que se les remataba con saña desde arriba.

Vueltos de nuevo a la playa, se encontraron con los elefantes, conducidos hasta allí para pisotearlos y aplastarlos.

Las órdenes eran no hacer prisioneros.

El enemigo debía ser arrasado.

Los muertos se contaban por miles.

Solo la noche puso fin a la matanza.

Macedonia era ya un simple recuerdo mientras su rey Perseo huía con lo que quedaba de su caballería hacia el interior del reino. Paulo, en los días que se sucedieron, daría con él y con toda su corte.