Capítulo treinta y tres #2
—No tenía ninguna razón para no hacerlo —contestó Della con suavidad—. No podía saber cuánto iba a cambiar su vida. La pobrecita no pensaba más allá del próximo helado que se comería en el Sea Lounge.
Maddy suspiró y coincidió con el argumento de su amiga.
—Apenas ha tenido tiempo de acostumbrarse a vivir en casa de Guy —continuó Della— y ahora debe lidiar con esto. Debe estar abrumada.
—Creo que hay algo más —sugirió Maddy mientras estudiaba el rostro pensativo y sonrosado de su hija debajo de la gorra y la cautela con la que escuchaba lo que Luke le decía—. Iris no es así… de retraída… con nadie.
—¿Guy te dijo algo? —preguntó Della.
—Cree que está asustada. —Recordó las palabras que le había dicho él la noche anterior después de llegar con otro ramo de flores y de preguntarle cómo había ido el encuentro con Luke.
Maddy había admitido que Iris había estado callada; todavía estaba enfadada por su intromisión durante el desayuno y quería que él se hiciera cargo de haber contribuido a su malestar.
Guy no se había dado por aludido.
—Toda esta situación la está alterando mucho. No me sorprende para nada que haya resultado difícil —había dictaminado.
—Ya se le pasará. —Maddy se había apresurado a tranquilizarlo, a ambos en realidad—. Los niños se adaptan con facilidad. Al parecer mi primer viaje a Inglaterra me alteró mucho…
—Iré a verla —la había interrumpido él sin querer escuchar el resto—. Seguro que le encantará que le lea un cuento.
Había tardado tanto que Maddy había subido a ver qué pasaba. Los había encontrado a los dos dormidos en la cama de Iris y había tenido ganas de llorar al ver lo contenta que parecía su hija apoyada en el brazo de Guy.
—¿Hablaste con Iris? —quiso saber Della ahora y la trajo de vuelta al presente.
—Lo intenté, pero se retrae. Es como si le diera miedo abrir la boca.
—¿Y habla con Guy?
—No estoy segura —respondió Maddy mientras volvía a recordar la escena de los dos dormidos, como si fuera una herida y no pudiera evitar tocarla—. Para serte franca, no me animo a preguntar.
Jamás lo hizo.
“No tiene sentido”, le explicó a Edie en una carta que escribió a lo largo del mes y que nunca envió.
Se convirtió en una especie de diario íntimo, una forma de conservar la cordura cuando estaba sola en la casa de Guy, encerrada en su habitación mientras lo oía a él en la suya, desesperada por hablar con alguien.
“Solo me haría sentir más culpable de lo que ya me siento por poner a Iris en esta situación.
Además, creo que Guy siente alivio por el hecho de que Iris no se haya encariñado enseguida con su padre; no sé si lo habría podido soportar si hubiera sido así.
Y, por supuesto, ha puesto condiciones para dejarnos ir cuando acabe el plazo de este limbo ridículo.
Una de ellas es que Iris también tiene que querer hacerlo.
Estoy segura de que confía en que Iris lo apoye.
”Sin embargo, ¿cómo podemos preguntarle siquiera qué desea hacer?
Es apenas una niña, demasiado pequeña para participar en semejante decisión.
Traté de convencer a Guy de que no debemos involucrarla, pero no entiende razones.
Todavía se niega a hablar conmigo del tema.
Me trae flores cada vez que vuelve a casa y le compra libros nuevos a Iris para demostrarnos lo felices que podemos ser” .
Otro día, escribió: “Iris ha empezado a mostrarse más reservada con Guy también” . La mano se le pegaba al papel húmedo. “Creo que le da tanta pena como a mí hacerlo sufrir .
”Tal vez por eso obliga al pobre Luke a esforzarse tanto” .
“Pero él se esfuerza — continuó escribiendo otra noche—. Me encantaría que lo vieras con ella, Edie. Todo el tiempo se le ocurren cosas divertidas para hacer: ir a pescar a la playa, hacer pícnics, jugar tenis en el Club Gymkhana, volver al acantonamiento para tomar más clases de equitación… Y, si bien tenemos nuestra lista rotativa de acompañantes que se van turnando, de verdad se empieza a notar que nos estamos convirtiendo en una familia. Mamá nos acompaña la mayor parte del tiempo y me parte el alma porque veo cómo teme que llegue el momento de nuestra partida (está casi tan callada como Iris, pero ha vuelto a su habitual mecanismo de defensa: se guarda todo y se niega a admitir que haya algún problema, incluso entre papá y ella, aunque todos nos damos cuenta de que siguen sin dirigirse la palabra); a veces siento que está a punto de decirme algo, pero jamás lo hace. Quiero asegurarle que vamos a venir de visita, que todavía albergo la esperanza de conseguir que vuelva a subirse a un barco (es cierto; de hecho, estoy decidida a lograrlo; hace años que lo intentó por última vez y ahora no está tan sola como en ese momento), pero no quiero angustiarla aún más”.
“No obstante — prosiguió unos días más tarde— debo decir que parece bastante más relajada cuando está Luke, quien no le ha dado alternativa, por supuesto (le habla todo el tiempo, le sonríe, le pide su opinión sobre lo que deberíamos hacer al día siguiente).
Parece que la estrategia de Luke ha dado resultado.
”¡Y lo mismo ha ocurrido con Iris, Edie!
No quería tentar a la suerte al escribir sobre el tema antes de tiempo, pero de verdad, en serio, absoluta y unilateralmente creo que ya se puede decir que la está conquistando a fuerza de puro esmero y determinación.
Al principio ni me di cuenta de que ocurría, pero Iris ha vuelto a reír con frecuencia, en especial cuando Luke se ríe.
La mayoría de las veces se olvida de morderse el labio cuando le sonríe.
No tengo palabras para describir la felicidad que me da que haya dejado de hacerlo.
Siempre ha sonreído tanto. Y ha empezado a charlar con él, a charlar de verdad.
Da la impresión de que por fin Luke ha logrado derribar sus defensas y que ella ya no se contiene más.
Sobre todo quiere saber sobre su pérdida de memoria: cómo se sentía, por qué estuvo tanto tiempo en el hospital, si los médicos y las enfermeras lo trataban bien.
Hoy le preguntó si se ponía triste. ‘Sí, a veces, sí’, le respondió Luke, ‘porque os extrañaba mucho a ti y a tu mamá’.
Y ella se puso triste también… hasta que él le dijo que no estuviera triste, que era su deber asegurarse de que eso no pasara.
‘Porque eres mi papá’, declaró ella. ‘Porque soy tu papá’, replicó él. ‘Es mi único trabajo en este momento’.
”¡Ay, Edie! ¿Será posible que lo ame más que nunca? Como no puedes contestar, lo haré por ti.
”Creo que sí. No, no lo creo: lo sé con toda certeza”.
Su amor por Luke volvió a acrecentarse esa misma tarde del vigésimo noveno día de los treinta días de Guy. Acababa de terminar su última clase en la escuela y habían bajado a la playa, por petición de Iris, con Richard para pescar la cena de esa noche.
Maddy no participó en la pesca y su padre tampoco.
Se sentaron bajo las palmeras y dejaron que Luke e Iris pescaran mientras conversaban en voz baja y observaban a Luke, que se arremangó los pantalones y dijo a Iris que se quitara esas botas ridículas antes de acompañarla a la orilla.
Maddy había intentado, otra vez, persuadir a su padre para que le contara lo que ocurría entre él y su madre, pero ahora soltó un breve suspiro, porque (una vez más) Richard se mostraba tan reservado como Alice.
—Ya tienes bastante sin preocuparte por nosotros.
—Y sin embargo me preocupo —explicó ella.
Richard sonrió y le acarició la mano.
—No lo hagas.
—¿Vale la pena, papá? —preguntó—. Sea lo que sea, ¿realmente tiene sentido seguir sufriendo así?
La sonrisa de su padre se entristeció.
—Tal vez no.
Maddy esperó que dijera algo más pero no lo hizo.
Con cierta reticencia aceptó el hecho de que no servía de nada presionarlo y desvió su atención hacia la orilla.
El sol brillaba con fuerza y cubría el mar y la arena con un manto dorado.
Luke apoyó una rodilla y, mientras el mar le bañaba el pie, preparó la caña bajo la mirada de Iris.
En el cielo, un pájaro se zambulló en el agua y atrapó un pez.
Iris ni lo miró. Parecía absorta en la maniobra de Luke para enganchar el anzuelo.
Como si no pensara en lo que estaba haciendo se acercó, con sus rizos oscuros que se desordenaban con el movimiento, y apoyó una manita en su hombro.
Maddy tardó un segundo en asimilar el gesto de su hija. Contuvo la respiración por temor a que se tratara de una alucinación.
—Mira eso —susurró Richard—. Iris acaba de devolver la vida a Luke y ni siquiera lo sabe.
Luke no reaccionó. Logró seguir con lo que estaba haciendo como si no hubiera sucedido nada fuera de lo normal.
Maddy oyó su voz que hablaba a Iris, pero no pudo escuchar lo que decía.
Vio a Iris asentir con la cabeza, sin retirar la mano del hombro de su padre.
No la movió ni un ápice. Luego soltó una carcajada y lo salpicó con el pie. Lo salpicó.
Luke se rio y Maddy sintió que el corazón le estallaba de alegría, más aún cuando Iris volvió a soltar una risa. Luke se puso de pie, le entregó la caña y la ayudó a lanzar la línea.
Luego se giró, miró por encima del hombro a Maddy y a Richard y sonrió: una sonrisa de felicidad total y completa.
Una sonrisa que Maddy jamás olvidaría.
Una sonrisa que decía: “Todo va a salir bien” .
Ella misma lo creyó.
En ese instante, al verlos juntos, con el sol de la India reflejado en sus rizos oscuros, tuvo una fe absoluta en el futuro que les aguardaba.
Pero entonces llegó esa noche.
La noche en la que todo se desmoronó.