Capítulo veintiocho #3
No fue hasta que se inclinó para darle un beso, resignada a que no dijera nada, cuando Iris se quitó el pulgar de la boca y, adormilada, volvió a hablar de él.
—¿Dónde fue mami?
—No lo sé —admitió Maddy y le apartó el cabello de la frente, aliviada, más que aliviada, de que hubiera preguntado.
—¿Volveré a verlo?
—¿Te gustaría?
—No lo sé.
Maddy hizo todo lo posible por no estremecerse.
—Estoy segura de que a él le gustaría verte.
Iris se giró hacia un lado y se acurrucó.
—Es más guapo que en la foto.
—Sí —convino Maddy—, es muy guapo.
—Pero no muy feliz —agregó Iris y cerró los ojos.
—No —susurró Maddy.
“Los niños nunca mienten”.
—Buenas noches, mami.
—Buenas noches. —La besó de nuevo.
Se detuvo para bajar el mosquitero y atenuar la luz, y se marchó para regresar a su habitación y a la de Guy, decidida a comunicarle que saldría a buscar a Luke y a no permitir que la evitara de nuevo.
Guy estaba sentado en la cama de ella mirando hacia la puerta, esperándola.
Se había quitado la chaqueta y el cuello y llevaba desabrochado el botón superior de la camisa.
Ahora que ya no tenía que aparentar ante Iris, tenía un aspecto derrotado.
Sus mejillas demacradas se veían grises a la luz de la lámpara.
Sus hombros caían pesados como plomo. Maddy se detuvo con la mano apoyada en el marco de la puerta y su impaciencia se desvaneció al verlo en ese estado.
—No quiero hablar de esto ahora —atajó Guy antes de que ella pudiera abrir la boca—. ¿Podemos dormir primero, por favor?
—No creo que pueda dormir —contestó Maddy.
—Te prepararé un somnífero. Necesitas descansar. Los dos lo necesitamos.
—Guy —empezó con la mayor suavidad posible—, necesito ver a...
—Maddy —la interrumpió antes de que pudiera decir “Luke”—, esta noche no. Te lo ruego. —Levantó sus ojos cansados hacia ella—. No voy a renunciar a nosotros. Eres mi esposa. Iris es mi hija...
—Guy...
—Estoy demasiado agotado para pelear y si lo intento voy a perder, así que, por favor, no me obligues a hacerlo ahora.
—No quiero pelear.
—Me refería a pelear por ti. —Su voz se quebró al pronunciar las palabras.
Ella abrió la boca pero no supo qué decir. De repente, tenía un nudo en la garganta.
—Por favor —insistió Guy—. ¿Podemos... esperar?
Maddy vaciló.
—Por favor —repitió él.
Lo miró un momento más. Guy le devolvió mirada suplicante. Verlo así le causaba dolor físico. Él le había pedido tan poco durante el breve matrimonio que una noche de descanso parecía lo mínimo que podía hacer por él.
Guy insistió en mezclarle unos gránulos para dormir antes de retirarse a su habitación. Maddy los arrojó al lavabo. Pero se bañó, se puso el camisón, se metió en la cama, se cubrió con la sábana y bajó el mosquitero. Incluso cerró los ojos.
Guy no fue a darle un beso de buenas noches.
Tampoco le preguntó si podía hacerlo. No estaba segura de si él había tomado algo para dormir, pero pronto oyó el ritmo pausado y constante del sueño profundo proveniente de la otra habitación.
Esperó, con la sábana apretada entre las manos, hasta convencerse de que no iba a despertarse y, con el corazón latiéndole con tanta fuerza que temía que todos en la casa pudieran oírlo, se levantó, se quitó el camisón y se puso un vestido holgado.
Recogió sus zapatos y se marchó en silencio de la habitación.
Pasó por delante de la puerta de Iris y se asomó para cerciorarse de que dormía profundamente con su pequeño pecho moviéndose al compás de la respiración y su manta favorita a su lado, y bajó las escaleras para salir al aire caliente del jardín delantero, donde las hojas susurraban en la brisa.
No sabía por qué parte de la ciudad empezaría.
No tomó el coche que Guy le había regalado; le pareció mal hacerlo.
En su lugar, se apresuró por el sendero de entrada —el crujido de sus pasos era el único sonido aparte del de las cigarras y los insectos nocturnos— en dirección a la carretera desierta.
Continuó andando hasta el pie de la colina, donde todo era más animado y luminoso, lleno de vecinos que aún no habían concluido sus largas horas de actividad diaria, comían y bebían fuera de sus casas, tendían la ropa, barrían los escalones de entrada con sus saris, alimentaban a sus vacas atadas...
Dejó todo eso atrás y se encaminó a la parada del tranvía y a la fila de rickshaws que esperaban, pero no supo dónde se dirigía hasta que le pidió a uno de los wallahs que la llevara a la casa de Peter.
No estaban en la casa de Peter.
Ni en el Taj; ni en las mesas junto al mar del Sea Lounge, ni en el bar casi vacío, ni en el restaurante todavía más desierto. Luke tampoco había reservado una habitación.
—¿Está seguro? —le preguntó al recepcionista.
—Claro, memsahib —respondió el hombre sofocando un bostezo.
Maddy agradeció, con el ceño fruncido, y se marchó. Afuera, en la imponente entrada del hotel, ignoró los coches de lujo y carruajes relucientes, pidió al maletero que le llamara otro rickshaw y se subió. No se preocuparía, todavía no. No cuando aún tenía tantos lugares donde buscar.
Fue a Watson’s y chequeó el bar y los restaurantes, sin importarle en lo más mínimo las miradas que su respiración entrecortada por el calor y el esfuerzo provocaban en el personal y los pocos clientes nocturnos (“que miren”, pensó), pero Luke tampoco estaba allí.
Lo mismo ocurrió en los distintos restaurantes de la ciudad, que ya comenzaban a cerrar, y en el Club Náutico (ay, cómo le dolía volver allí).
Cuando terminó de buscar en todos los rincones y recovecos del Club Gymkhana —la sala de billar, el bar de arriba, el bar de abajo, hasta los campos de juego rodeados de palmeras—, ya no pudo contener más el pánico.
Se quedó de pie en la entrada arbolada del club, con los puños sudados cerrados con fuerza y los dientes apretados por el miedo y la frustración. ¿Dónde estaba? ¿ Dónde?
No lo sabía. Y solo se le ocurría un lugar más donde intentar. Esta vez caminó rápido, ajena al riesgo al que se exponía al andar sola a esa hora tardía, absorta por completo en repetirse a sí misma que no debía tener esperanzas ni expectativas. “No tiene sentido. ¿Por qué va a estar allí?”.
“No va a estar”. En serio, no va a estar”.
De tanto repetirlo terminó creyéndoselo.