Encontrándome (Serie Salty Key Inn nº 1) CAPÍTULO CUARENTA Y CINCO
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CAPÍTULO CUARENTA Y CINCO

REGAN

Regan observaba mientras uno de los hombres de Brian le mostraba a Michael cómo manejar la rasqueta de mango largo que le habían dado. Había que limpiar los suelos de hormigón de las habitaciones, eliminando todos los restos de moqueta y acolchado.

—No hay problema —dijo Michael—. Esto será fácil.

—Recuerda, no queremos astillar el hormigón —advirtió el hombre—. Empieza aquí y luego paso a ver cómo vas.

Le hizo un gesto a Regan y salió de la habitación.

—Bien, Michael, ya sabes dónde encontrarme al final del pasillo. Nos vemos luego.

Regan se despidió con un gesto y se marchó.

De camino a la sala de pintura, pensó en cuánto había cambiado Michael. Había sido un niño tan dulce. Ahora se había convertido en un sabelotodo contestón. Pero entonces recordó lo difíciles que habían sido sus propios años de adolescencia y decidió que era lo típico a esa edad.

Regan estaba absorta pintando cuando apareció Meaghan.

—¡Hola, cariño! ¿Vienes a mirar o a echar una mano?

—Ayudo un rato. Quería hablar con alguien. Lauren, que era mi mejor amiga, acaba de dejarme tirada.

Regan abrazó a Meaghan.

—Lo siento, cariño. Recuerdo días así.

—¿En serio? Yo pensaba que eras la más popular de tu clase.

Regan negó con la cabeza.

—Qué va. Coge un pincel y te cuento todo sobre tu tía, que era la boba de la clase.

A Regan le hizo gracia ver lo rápido que Meaghan encontró un pincel y se puso a pintar.

—¿Qué te pasó? —preguntó Meaghan.

Mientras Regan contaba parte de su historia, sintió que algo del viejo dolor se desvanecía.

Venir a Florida estaba siendo maravilloso para ella a nivel emocional.

El tío Gavin había querido que cada una de ellas aprendiera lecciones de vida, y ella estaba aprendiendo mucho, no solo sobre sí misma sino también sobre sus hermanas.

Era curioso cómo una podía pertenecer a la misma familia y ni siquiera conocerlas.

No tenía ni idea de que Sheena no había querido casarse tan pronto, ni de que Darcy siempre se había sentido abandonada cuando Sheena se marchó.

Más tarde, Regan fue por el pasillo a ver si Michael estaba listo para un descanso. A medida que pasaba por cada habitación, se preocupaba más y más. Nadie había tocado ninguna. Entró en la habitación donde Michael había empezado a trabajar y se detuvo en seco, sorprendida.

Michael estaba sentado en el suelo, jugando con el móvil.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó ella.

Michael alzó la vista con expresión de sorpresa.

—¿Por qué no has hecho las otras habitaciones? —preguntó Regan.

—Terminé esta habitación y estaba esperando a que me dijeras qué hacer después —respondió con una sonrisita burlona.

Regan perdió los estribos.

—Sabías perfectamente que tenías que seguir con la siguiente habitación, Michael. Me aseguré de que lo entendieras.

—¿Ah, sí? Pues mamá me mintió. Se suponía que esto eran vacaciones.

—Ya veo —dijo Regan, con las manos en las caderas—. A mí no me mintió cuando me dijo que necesitabas entender lo duro que trabaja todo el mundo para que tengas lo que necesitas, lo que quieres. Ahora, ponte a trabajar en la siguiente habitación.

—¡Jo! Tampoco es para ponerse así —murmuró Michael.

Regan se alejó antes de que aquello se convirtiera en una batalla verbal que ninguno de los dos podría ganar. Pero se juró que nunca tendría hijos. Los bebés adorables acababan convirtiéndose en adolescentes.