Encontrándome (Serie Salty Key Inn nº 1) CAPÍTULO CUARENTA Y UNO
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CAPÍTULO CUARENTA Y UNO

REGAN

Austin ayudó a Regan a salir del coche y la cogió del codo.

—Buena noche para escuchar música en la playa.

Regan sonrió.

—Se oye desde aquí y suena bien.

Caminaron entre la multitud reunida en el Pink Dolphin y se dirigieron a la terraza más cercana a la playa. A Regan le gustaba estar con Austin. Ya le parecía un amigo estupendo.

Regan se volvió al oír que alguien gritaba:

—¡Eh, Austin!

Austin la agarró del brazo y tiró de ella.

—Chip y Darcy están aquí.

Regan miró a Darcy, que parecía disgustada al verlos acercarse a su mesa.

—¡Eh, tío! No sabía que estabas en la ciudad. Coge una silla y quédate con nosotros. Tenemos sitios estupendos —le dijo Chip a Austin.

Mientras Chip y Regan se sentaban, una figura se acercó a la mesa.

—Eh, Austin, ¿conoces a Brian Harwood? Está trabajando mucho en el Salty Key Inn con estas chicas.

Austin y Brian se estrecharon la mano y luego se sentaron juntos.

Mientras una camarera tomaba nota, Regan intercambió miradas con su hermana. Estaba tan incómoda con aquel encuentro fortuito como Darcy. Por suerte, los chicos estaban enfrascados en su conversación y no se dieron cuenta.

Regan miró hacia la playa. La tenue iluminación de las terrazas atravesaba las sombras y dejaba al descubierto la arena blanca junto a las plataformas.

Más allá, la luz de la luna acariciaba las crestas de las olas con reflejos dorados y confería a la escena un aspecto surrealista.

Algunas personas bailaban en la arena, en la oscuridad; sus cuerpos no eran más que masas negras que se movían al ritmo de la música.

Chip se levantó de un salto.

—¡Vamos, Darcy! ¡A bailar!

Llevó a Darcy a la arena y dejó a Regan a solas con las miradas recelosas que se lanzaban Austin y Brian.

—¿Quieres bailar? —le preguntó Austin.

Ella negó con la cabeza.

—Quizás más tarde.

Sin embargo, sabía que si Brian se lo hubiera pedido, habría dicho que sí, y se odiaba por el mero hecho de pensarlo.

Austin se excusó para ir a hablar con un amigo que lo llamaba.

A solas con Brian, Regan bebió su cerveza en silencio.

—Me sorprendió encontrarte aquí —dijo Brian, rompiendo el silencio incómodo—. Pensé que no estabas interesada en salir conmigo ni con nadie. ¿O soy solo yo con quien no quieres quedar?

Regan tragó saliva. Allí, guapo como siempre con su polo y unos pantalones cortos que realzaban su figura esbelta, estaba para comérselo.

—He estado demasiado ocupada para pensar en tener vida social.

—Hmmm —dijo él, clavándole la mirada e intentando leer los sentimientos que ella trataba de ocultar—. Para que lo sepas, no soy ningún mujeriego. Creía que sabías juzgar mejor a las personas.

Regan no supo qué decir. Sabía que lo había tratado mal.

Cuando Austin volvió a la mesa, miró a Regan, luego a Brian, y de nuevo a Regan.

—¡Eh! ¿Todo bien?

Regan suspiró.

—Si no te importa, no me encuentro bien. Creo que solo estoy agotada, pero preferiría irme a casa.

—De acuerdo.

La decepción de Austin era evidente, pero ayudó a Regan a levantarse.

—Sé lo mucho que has trabajado para pintar esos muebles.

Cuando Regan se volvió para marcharse, vio que Brian negaba con la cabeza.